Home | Blogs | Foros | Registrate | Consultas | Martes 19 de septiembre de 2017
Usuario   Clave     Olvidé mi clave
     
Ir a la página de inicioIr a los Blogs
Mi Perfil
ana irene morales
villa adelina - argentina
Ana Irene Morales : nací en Buenos Aires el 26 de noviembre de 1955. Soy bioquímica,farmaceútica pero trabajo como docente en la escuela media.Me gusta escribir y lo hago cada vez que mis ocupaciones y mis esquivas musas me lo permiten. Tengo un par de cuentos premiados y publicados. Quiero compartir con la comunidad de Escribirte mi amor por la palabra
Archivo de entradas | Mostrar datosDesplegar
Ocultar datos Febrero 2010
Tu nombre es el silencio
Homero Simpsons y Eduardo Galeano veranean en Piriápolis ( relato de mis vacaciones)
Mostrar datos Diciembre 2007
Mostrar datos Noviembre 2007
Diseño web

Últimos comentarios de este Blog

29/09/11 | 10:51: CONSULTAR- NET dice:
Buen día. Le informamos que la Sra Margarita Arzayús escritora –productora de Trenton NJ USA invita a usted y sus relaciones a analizar su propuesta para participar hasta el 15 de octubre en la Publicación de Relatos breves y Poemas ( libres) de Autores de Iberoamérica con una de las mas prestigiosas editoras de California USA .con llegada internacional y venta con cobro puntuales de derechos con reserva de su propiedad intelectual y disposición de su obra. En su blog encontrará toda su información www.arzayusescritos.blogspot.com. Atte. CONSULTAR- NET Servicio de Orientación, Contactos y Gestiones. Internacionales.
16/01/11 | 17:25: MONINA dice:
Hola, te felicito por tus bellas poesías, todas me re encantaron, me encantaría contar con vos en mi grupo de amigos, es por eso que te invito, puedes promocionarte exponiendo tus poesías, te elegí además por ser de Argentina,Bs.As, me encanta valorar a nuestros poetas argentinos por eso si querés formar parte de mi grupo de amigos: “PUNTO DE ENCUENTRO AMIGOS DE BS.AS”, si gustás conocernos,o si alguien de tus conocidos o amigos quieren mandarnos poesías sobre "El Verano", "Las vacaciones", "La playa", "El mar", "La Amistad", "Los Amigos", "El amor", "Estar enamorada" o que tengan que ver con estos temas y quieran además tener nuevos amigos, tener una linda amistad duradera, fiel e incondicional, si apostás a la Amistad y aceptás comprometerte con ella, te invito a que caminemos juntos, nosotros te ofrecemos toda nuestra amistad, estar en las buenas como en las malas, ser una buena compañía a través de mensajes, Chat o en encuentros de grupo en salidas varias, nuestro lema es: “Unirnos por la Amistad” Creemos que es un pequeño y humilde aporte para “La Paz en el Mundo”, dale aceptás? Te estaremos esperando con toda la buena onda y amistad por siempre y yo con los brazos abiertos para darte la bienvenida! Coord.Gral.: MONINA Para Suscribirse: puntodeencuentroamigosdebsas-subscribe@gruposyahoo.com.ar puntodeencuentroamigosdebsas@yahoo.com.ar
13/02/10 | 01:06: stella Maris (detrasdelespejo) dice:
hOLA!Pocas lineas, escasas palabras, pero todo el sentimiento; hermoso poema, un saludo
Vínculos
el escriba
Manual de Psicología Junguiana Manual de Psicología Junguiana


Este libro – el primer manual de la temática editado en la Argentina – es una ... Ampliar

Comprar$ 49.00

abecediario





Escribí un comentarioEscribí tu comentario Enviá este artículoEnvialo a un amigo Votá este artículoVotá este texto CompartirCompartir Texto al 100% Aumentar texto

la boina de bayly -cuento, por ana morales



La boina de Bayly

Tengo en mi poder la boina de Jaime Bayly. El periodista peruano solo lo sabrá si, acaso, lee este relato . Se trata de una finísima gorra de pana azul marino, que, dicho sea de paso, me queda muy bien. Si no se la regresé fue porque no hubiera podido explicarle las extrañas circunstancias en que llegó a mis manos.
Para mi desgracia, me registraron civilmente como Juan Baratto. Dispuesto a elegir un nombre más acorde con mi prestigio de estilista, decidí consultar con una profesional. Concertamos una cita en la confitería que está en la avenida del Libertador, frente a la Catedral de San Isidro, a las cinco de la tarde. A las cinco y veinte la numeróloga aún no había llegado.
Estaba por pedir mi segundo café cuando Jaime Bayly, guapísimo, con la boina en cuestión cayendo ladeada sobre su frente, entró en la confitería con una pareja de jovencitos. Se sentaron a la mesa que estaba junto a la mía y pidieron licuados de fruta. El periodista se sacó la boina y la dejó en una silla. Yo no tenía el libro que acostumbro llevar en mi mochila , me dediqué entonces, a mirar la calle a través del ventanal. Fingí estar interesadísimo en la neogótica arquitectura de la Catedral. Pude así escuchar, sin pasar por cholulo entrometido, las apreciaciones del periodista sobre el cine francés que, si bien interesantes, no vienen, ahora, al caso. Estaba el escritor cambiando con los jóvenes impresiones sobre Truffaut cuando una imprevista escena en la calle, desvió mi atención hacia la plaza Mitre, frente a la Catedral.
Un grupo de chiquitos semidesnudos, descalzos y con sus cuerpos cubiertos de barro, surgió como un remolino desde el nivel bajo de la plaza. Venían del río, los delataban sus improvisadas cañas de pescar. Todo el sol que le quedaba a aquella tarde de noviembre se convocó en los cuerpitos enlodados cubriéndolos con unos extraordinarios reflejos dorados. La imagen me recordó una pintura de Sorolla . Los chicos cruzaron corriendo la avenida del Libertador sin esperar el semáforo (en este tramo la avenida es mano única hacia el norte pero el tránsito es, de todas formas, bastante intenso). Llegaron hasta la fuente de la plazoleta Acassuso que está, precisamente, junto a la confitería. Como yo estaba sentado en una esquina del local, con solo girar mi cabeza noventa grados pude seguir la acción desde el otro ventanal, el que da hacia el norte. Los embarrados chiquilines arrojaron en la vereda las cañas y subieron a los saltos la pequeña escalinata circular de la fuente. Se zambulleron felices en el agua fresca que surgía a borbotones. Salían del agua y volvían a entrar riendo a carcajadas, repitiendo una y otra vez el circuito de la escalinata.
Un “Amélie” con apropiado acento (adoro la sensualidad de la lengua francesa), volvió mi atención hacia Bayly. En ese preciso momento la numeróloga entraba al local. Me vio desde la puerta de entrada y la saludé con la mano. Su nombre era Íride. La había conocido días atrás en mi salón. Le hice color. Se encaprichó con un negro azabache espantoso que endurecía, más aún, sus facciones maduras pero que, según ella, resaltaba el verde de sus pequeños ojos. No comulgo con aquello de que “el cliente siempre tiene razón” pero, debo admitirlo, no me animé a contradecirla. El cabello largo, la palidez del rostro y el maquillaje exagerado no armonizaban con el clásico trajecito celeste que llevaba puesto aquella tarde. Era algo así como una mezcla de Morticia Adams y Margaret Thatcher después de un largo viaje en el sesenta . Al llegar a mi mesa se quedó unos segundos parada, casi petrificada . Pensé que había reconocido a Jaime pero era hacia afuera, adonde miraba. Volví la cabeza y vi a uno de los chiquitos de la fuente, empapado, apoyando su naricita y sus manos contra el vidrio. La numeróloga sonrió e inclinó levemente la cabeza saludándolo.
- ¿Lo conoce?- le pregunté
-¿quién no?- respondió mientras se sentaba y acomodaba un enorme bolso floreado en otra silla.
Sacó un cuaderno y una birome. Me pidió nombre y apellido y la fecha de mi nacimiento.
-Tu número del destino es el cinco - me dijo sin levantar los ojos del papel después de hacer unos cálculos que le llevaron sólo unos minutos - pero el destino puede cambiarse, al modificar nuestras actitudes- agregó solemne.
Noté que Bayly observó a la mujer por un instante. Tal vez le interesara el tema de la numerología o quizás llamó su atención esa onda bruja postmoderna . Me pareció que estaba a punto de dirigirle la palabra, a la pitonisa, cuando intempestivamente, el nene de la ventana irrumpió en la confitería. Parecía un pequeño ciclón corriendo entre las mesas . Reía y emitía unos chillidos propios de algún animalito salvaje. Fue tan rápida la intrusión que el mesero no pudo evitarla . Íride tomó con mucha naturalidad el hecho de que el nene llegara a nuestra mesa y tomara mi taza de café vacía y un salerito. El periodista se veía divertido con lo que seguramente calificó como travesura pero su sonrisa se borró cuando el pillo tomó su boina de la silla y salió corriendo del local. El joven que compartía su mesa se levantó para recuperar la prenda pero Bayly lo contuvo restándole importancia a la pérdida.
Cuando volvió la calma, la numeróloga notó que también había desaparecido su bolso floreado. Sin inmutarse, se levantó y fue tras el chico con paso firme pero sereno. Por un momento no supe qué hacer . No tenía intención de correr tras el mocoso pero una tan obligada como falsa “caballerosidad” me impulsó a tomar mi mochila y salir de la confitería tras la mujer. Tenía puestas mis botas texanas y me era imposible correr sin el riesgo de un esguince. El chico había desaparecido pero llegué a ver que la numeróloga caminaba decidida por la plaza hacia el Tren de la costa. Era increíble la velocidad que podían alcanzar esas pequeñas y delgadas piernas cuesta abajo . Cuando llegué al reloj floral que está al principio de la barranca, “la extraña dama” ya había llegado a Lasalle, la calle que separa la plaza Mitre de la estación . Al alcanzar ese punto me detuve unos segundos para sacudir el polvo de ladrillo que mis botas habían recogido en el camino. Continué luego hacia el sur, costeando la vía. La menuda y veloz mujer me aventajaba en más de una cuadra. Continué caminando, ya agitado, por la senda aeróbica esquivando ciclistas y algún que otro sudado y musculoso corredor amateur (envidio el exceso de energía de algunas personas). No había señales del ladroncito pero la mujer caminaba con seguridad hacia un destino cierto. La perdí de vista después que cruzara las vías, en Saénz Peña, rumbo a la ribera. Yo conocía el lugar porque en varias ocasiones lo había recorrido buscando antigüedades. Pero en aquellas oportunidades había ido en auto . El recorrido a pie, me mostraba un paisaje distinto, casi onírico, podría decir. Cuando terminó la zona de anticuarios pasé por unas casitas de madera construidas sobre pilotes, representaban el último asentamiento urbano . Recién allí pude ver como Íride seguía con el mismo paso firme con que había partido y a ritmo constante, su marcha hacia la costa . Su figura menuda se destacaba en aquel paisaje semidesolado de los terrenos de relleno ganados al río. El campo de deportes estaba vacío, a esa hora de la tarde. A esa altura de la interminable caminata, estaba tan agotado como arrepentido de haberla hecho. Mis botas estaban llenas de polvo y mis pies tan doloridos que pensé en buscar un taxi para volver . A lo lejos, en el mirador, pude ver a Íride . A su lado estaba el bendito mocoso. No sé por qué decidí espiarlos asomándome desde atrás de un galpón que, según creo, es un museo de ciencias, o algo así. Pude ver como el nene sacaba un frasco del bolso floreado y se lo alcanzaba a la mujer. Íride volcó parte del contenido del frasco en la taza y acto seguido los dos la miraron con atención durante unos minutos. Después el chico corrió hasta la orilla del río y tiró, en él, la tacita. Íride tomó luego el salerito , volcó la sal en su mano izquierda e inmediatamente , de espaldas al agua, la arrojó, con energía, hacia atrás. Mujer y niño se tomaron, finalmente, de ambas manos y cerraron los ojos como si oraran en silencio.
– Señor,– dijo a mis espaldas una nena que venía corriendo desde las casitas de los pilotes - se le cayó la gorra - agregó alcanzándome la boina robada. La tomé sin entender, estaba tan confundido que ni siquiera recuerdo haberle agradecido el gesto a la chiquita. Cuando volví a mirar hacia el río , Íride y el nene ya no estaban. No los volví a ver.
Tomé un taxi y regresé a la confitería . Hasta ese momento tenía la sincera intención de devolverle la boina a Bayly. Pero al llegar, una imagen tan real como increíble me aturdió a tal punto, que el taxista pensó que iba a darme un infarto. La fuente de la plazoleta Acassuso estaba rodeada por una reja de hierro tan alta y cerrada que impedía, que cualquier ser con más de diez centímetros de diámetro, llegara a ella. El mesero de la confitería me juró y perjuró que hacía, ya, más de una semana que la habían colocado por orden municipal. El hombre recordaba a Bayly pero no al ladroncito. Íride había dejado olvidado en nuestra mesa su cuaderno. Lo tomé, desconcertado , comprobando que estaba vacío. Sólo vi, en la primer hoja, una mancha de café cubierta con un poco de sal . Acerqué el cuaderno a mis ojos y entonces descubrí, bajo la mancha amarronada, escrito con letra clara y firme, un nombre, el que hoy me identifica como el famoso estilista y coiffeur, Serafín del Río .

Ana Morales

Calificación:  Malo Regular Bueno Muy bueno Excelente Excelente - 3 votos  - Ingresá tu voto

Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
05/12/08 | 15:32: yride dice:
me encanto tu historis y sobre todo el nombre del personaje que utilisaste iride por que asi me llamo yo. suerteeee
yrideg@hotmail.com
 
11/03/08 | 03:35: pablo dice:
me encanto lo que has echo con tu relato. el juego de cambiar de piel, es decir, jugar a ponerse en la piel del sexo contrario esta bueno... en algunas ocasiones lo hago, generalmente a la hora de escribir poemas pues me gusta expresar, o al menos lo intento, las maravillas que experimenta una mujer con los detalles mas minimos... un gran abrazo
pablishheredia@hotmail.com
 
22/02/08 | 15:26: Ana Paula Morales dice:
Hola Tocaya, entré a esta página porque yo también escribo y , naturalmente, me llamó la atención tu nombre. Hermoso el cuento, muy natural el lenguaje y final impensado. Lo disfruté mucho, Ana
1.ana.morales@gmail.com
 
03/01/08 | 02:49: Lebami dice:
Muy bueno tu relato, la historia es muy ágil. Me llamó la atención que escribieras desde la piel de un hombre, a veces, hago lo mismo, pero me sigue pareciendo extraño cuando lo hago... cosas de este arte. Dicen que las hay... Las hay? Cariños. Lebami.
enfermeria@amplast.com.ar
 
15/12/07 | 15:37: Stella Maris Rojas(detrasdelespejo) dice:
¡Que suerte que alguien haya notado que en la plaza del reloj y sus alrededores habitan duendes,! que pueden tener la piel color del rio o de las flores de la plaza en primavera y antes cuando no estaba el moderno tren en las estaciones abandonadas( lugar de refugio en mi adolescencia) tambien habia hadas que tenian sus vestidos segun fueran las hojas de los arboles, bueno retomando me encanto tu relato esta muy bien contado no pude parar hasta terminarlo sera que el tema me gusta mucho. Suerte, y muchas felicidades
rojas.stellamaris@yahoo.com
 
Últimas entradas del mes


Radio La Quebrada Radio de Tango Indexarte Escribirte OccidentesEscuchanos
Noticias | Efemérides | Novedades | Ventas | Biografias | Textos | Audio | Recomendados | Entrevistas | Informes | Agenda | Concursos | Editoriales | Lugares | Actividades | Blogs | Foros | TiendaFundación | Letras de Tango I | Letras de Tango II | Contacto | Boletín
© 2006-2017- www.escribirte.com | Todos los derechos reservados   | Diseño Web | Canales RSSRSS