Home | Blogs | Foros | Registrate | Consultas | Martes 25 de septiembre de 2018
Usuario   Clave     Olvidé mi clave
     
Ir a la página de inicioIr a los Blogs
Mi Perfil
Abrapalabra Taller Literario
Lanús - Argentina
Taller de escritura, lectura y análisis crítico y
degustativo de las palabras y las metáforas.

Integrantes: Betty Capella, Roberto Cerello, Fabián Di Lernia, Alejandra Fariña, Silvia Fornaro, Miguel Fraguela, María Centurión y Julián Pagano.

Coordinadora: Andrea Testa


Encuentros: Sábados de 17:30 a 19:30 Hs

Archivo de entradas | Mostrar datosDesplegar
Ocultar datos Septiembre 2012
CASTIGO
Mostrar datos Marzo 2012
Mostrar datos Diciembre 2011
Mostrar datos Noviembre 2011
Mostrar datos Septiembre 2011
Mostrar datos Julio 2011
Mostrar datos Junio 2011
Mostrar datos Mayo 2011
Mostrar datos Abril 2011
Mostrar datos Marzo 2011
Mostrar datos Febrero 2011
Mostrar datos Enero 2011
Mostrar datos Diciembre 2010
Mostrar datos Noviembre 2010
Mostrar datos Septiembre 2010
Mostrar datos Julio 2010
Mostrar datos Junio 2010
Mostrar datos Mayo 2010
Mostrar datos Marzo 2010
Mostrar datos Febrero 2010
Mostrar datos Enero 2010
Mostrar datos Diciembre 2009
Mostrar datos Noviembre 2009
Mostrar datos Octubre 2009
Mostrar datos Septiembre 2009
Mostrar datos Agosto 2009
Mostrar datos Julio 2009
Mostrar datos Junio 2009
Mostrar datos Mayo 2009
Mostrar datos Abril 2009
Mostrar datos Marzo 2009
Mostrar datos Febrero 2009
Mostrar datos Diciembre 2008
Mostrar datos Noviembre 2008
Mostrar datos Octubre 2008
Mostrar datos Septiembre 2008
Mostrar datos Agosto 2008
Mostrar datos Julio 2008
Mostrar datos Junio 2008
Mostrar datos Mayo 2008
Mostrar datos Abril 2008
Mostrar datos Marzo 2008
Mostrar datos Febrero 2008
Mostrar datos Enero 2008
Mostrar datos Diciembre 2007
Mostrar datos Noviembre 2007
Mostrar datos Octubre 2007
Mostrar datos Septiembre 2007
Escuchá Radio De Tango

Últimos comentarios de este Blog

29/01/13 | 21:13: daniel coletta dice:
muy muy bueno y además, conmovedor. Yo desee lo mismo cuando tenía 7
06/01/12 | 23:44: Miguel Fraguela dice:
¡Excelente Fabián! Gran poder de sintesis para describir la distancia entre la esperanza y lo que no se puede alcanzar. Este cuento es una pintura. También a mí me conmovió.
17/12/11 | 09:00: Elena A.Navarro(Falta tiempo para tanto decir) dice:
Muy bueno el relato con un final extraordinario, conmovedor
Vínculos
Bitácora de lluvia Bitácora de lluvia


Novela en la que circula un personaje de novela (el "vendedor de historias" de Tabucchi), en la q... Ampliar

Comprar$ 30.00

Entrá a Radio La Quebrada

ABRAPALABRA


En este blog encontrarás los textos producidos por los
integrantes del taller, ya sean con consignas previamente
dadas o textos libres.
Creemos y sostenemos el "trabajo de escritura" y "el
aprendizaje en grupo".
Escucha y debate son nuestras herramientas para darle
alas a las palabras; para que poesías, cuentos, ensayos,
sean, además de un hecho estético, un acto de comunicación.


Escribí un comentarioEscribí tu comentario Enviá este artículoEnvialo a un amigo Votá este artículoVotá este texto CompartirCompartir Texto al 100% Aumentar texto

la misma historia



La misma historia.


Vivía con la tía. En la quinta.
No sé si era lindo el pueblo o no. Inmensas extensiones de olivares y viñedos.
Potreros dorados de melones, verdes de sandías, rojos de tomates.
¡Y el incesante canto de los pájaros!, espeluznante al caer la tarde, placenteros al comenzar el día.
No sé si era lindo el pueblo o no; yo vivía con la tía.
Me gustaba vagabundear y hablar sola: ¡bueno! Sola ¡no! Hablaba con los árboles.
Cuando la tía, que es la más hermosa de mis tías, se iba a rezar a todos los santos del cielo (y no me llevaba a mí con ella) sabía que me dormía. Además, le tenía miedo al santo negro y a la Mater Dolorosa, con la cara triste y el manto…
¡No! ¡No me gustaba rezar!
Y la tía disimulaba, hacía que no se daba cuenta y me dejaba libre mientras ella oraba: que mirara unas revistas hasta que regresara ¡era un ratito!
Entonces yo, me iba de paseo. Me internaba en el tupido bosque de árboles frutales: aquí, los naranjos, allí los durazneros. Allá, los ciruelos con sus flores blancas. Más allá las higueras con las hojas ásperas y feas. No es fea la higuera, yo… “le tenía miedo” ¡Es qué las historias de la tía!... Decían: que por las siestas las víboras se descolgaban de las ramas en busca de leche…
Cuenta la leyenda, que una mujer, amamantaba a su hijo, recostada en un jergón, a la sombra de una higuera. Se quedó dormida, vencida por el cansancio y el calor.
Despertó sobresaltada por el agudo trino de un pájaro y el horror le cortó la respiración: se quedó inmóvil, presa de la desesperación y de impotencia: el bebé, no estaba sobre su pecho, en su lugar, una víbora bebía de su seno y una vez saciada se alejó reptando y sin hacer daño.

Por estas historias le tenía miedo a la higuera y me negaba a comer las brevas que son tan dulces y tan ricas.
Por las noches, si recordaba esta leyenda, llamaba a la tía para que me acompañara al baño y después… le pedía que me dejara dormir en su cama porque hacía ¡mucho frío!, aunque era pleno enero.
Pero mi paseo no terminaba en el bosque de árboles frutales. Sabía que había un misterio seres ocultos, dueños del lugar que me miraban desde una raíz. Desde una hoja de naranjo desde la flor de la chilquilla.
A veces, les sacaba la lengua y salía corriendo otras veces, me quedaba embelezada viendo como el viento mecía a los árboles hasta dejarlos cabeza con cabeza y yo, quería saber qué se decía cuando estaba tan cerca.
Trataba de treparme a las ramas del naranjo; pero él, se defendía con sus agujas verdes.
A veces, cantaba con el viento y danzaban lento, con los brazos abiertos, con los frutos pesados y el viento los movía como exigiendo ¡ritmo! Al defenderse ellos del injusto castigo, juntaban los brazos y soltaban los frutos que caían llorando y yo los recogía en mi falda blanca, con un poco de miedo; pero las brevas quedaban esparcidas en el suelo de noviembre.
Yo no las tocaba por eso de las víboras.

Ayudaba a la tía en todos los quehaceres de la casa:
Juntaba los huevos y los clasificaba: toda esas piedritas igual a los huevos de las gallinas blancas y estas tablitas, a los huevos de las gallinas negras.
No sabía leer ni escribir; pero la tía me estaba enseñando.
Regaba las plantas, pelaba membrillos y duraznos para los dulces que ella elaboraba como nadie.
Y así, transcurría mi infancia pegada a la falda de la tía, escuchando leyendas: de peces que hablaban, de ángeles bellos que velando el sueño… pero yo pensaba en mi mamá…
Tenía que ir todas las mañanas a buscar la leche a la casa de “Don Humberto Pérez”.
Muy temprano salía bien peinada y con una jarra azul, jaspeada en blanco y marrón.
Esa mañana, pensaba más que nunca en mi mamá y decidí duplicar mi sacrificio: caminaría descalza hasta la casa de don Humberto y regresaría del mismo modo.
Caminaría por la arena caliente sin decir ¡tutuy! Aunque se me quemaran los pies: ¡a ver Diosito si se acordaba de mandar a mi mamá! No iba a decir ¡tutuy!, ni con el pensamiento.
Crucé los dos canales y me senté al borde del camino.
Era un largo arenal, muy ancho o al menos a mí me parecía. El lugar de veredas, alambrados de púas separando los potreros, los sembradíos y, de tanto en tanto, un árbol. Así caminaba yo, bajo el sol joven de noviembre, descalza sobre la arena caliente.
Y con unas ganas de gritar ¡tutuy! Pero no podía, era mi promesa.
La tía decía: que si uno es bueno y se porta bien, Dios lo escucha… y… le concede todo lo que uno le pide.
Aquí, alguien miente: la tía o Dios, porque yo no era mala. Y le venía pidiendo que volviera mi mamá; pero parece que Dios no es tan bueno como dice la tía, le gusta que la gente sufra como sufro yo en este momento, que quiero decir Tutuy porque me estoy quemando; pero no puedo “por que quiero que venga mi mamá”.
En estos pensamientos andaba cuando me sobresaltó una vibración, un ruido que me asustó obligándome a mirar para atrás: las astas del toro casi tocaban mi espalda. Volé por encima del alambrado de púa, llamando a mi mamá.
El toro me miraba furioso con los ojos colorados y la cara fea. Sentí miedo; pero le saqué la lengua (el alambre de púa me daba gran valor).
¡La cara que puso Humberto cuando me vio! Embarrada, con los pies sangrando y las rodillas raspadas… eso sí: la jarra azul, jaspeada en blanco y marrón, colgaba de mi mano.
El tito, me llevó en la carretela, aunque yo estaba enojada con él, porque era muy tonto y no sabía nada (había pescado unos hermosos pececitos verdes y los había metido en un frasco grande con agua limpiecita, en esos… donde la tía guardaba las aceitunas) ¡y el muy tonto del Tito lo había botado al arroyo, diciendo que era gusarapo, no pececitos y no sabía nada el Tito! ¡Era muy tonto!; pero lo voy a perdonar porque sabe que me
duelen los pies y me lleva en la carretela.
La tía rezaba mientras me curaba las rodillas con aceite verde y me envolvía los pies con hojas de achira, para refrescarlos, para que bajara la inflamación.
Me trajo una parva de revistas viejas para que las mirara mientras preparaba el almuerzo y quedé fascinada con la imagen de la revista “Para Ti”.
Una mujer extraña con la cabeza llena de flores y un rostro hermoso o al menos a mí me parecía: “era mi mamá” ¿porque estaría la mamá en la revista? No. No era la mamá, la miré hasta que me dolieron los ojos. La miré con ganas de llorar. La miré ………..hasta que se desprendió de la tapa de la revista sonriendo……… y creo que me dormí.
Una voz gritaba mi nombre “¡Analí! Analí “ Salí del ensueño un poco aturdida.
La tía hacia ruido con las cacerolas y la voz insistía: “Analí” corrí hacia la calle y no encontré a nadie.
Los mismos árboles: la morera. Los fresnos y los altos álamos. Los eucaliptos bostezando menta antes de la siesta. Y la voz más cerca “Analí “.
Estaba parada en el puente bajo el sol de noviembre, con un niño en los brazos y la mirada húmeda. Corrí y me abracé a sus piernas. Ella se agachó y me besó.
Entonces le pregunté si había venido a buscarme. Si podía ir con ella.
Me respondió que no.
Que era mejor que me quedara con la tía.
Que había venido a verme y a que conociera a Federico.
Comenzamos a caminar por ese camino de campo largo y caliente, ancho y callado.
Caminaba al lado de mi mamá. No se me ocurría nada no pensaba “nada”, sólo el murmullo del arroyo y del canal: uno a la izquierda, otro a la derecha en un diálogo monótono; pero armónioso.
Cinco cuadras de campo y la voz de la mamá diciéndome: “mejor volvéte con tu tía, se va a asustar si no te encuentra “¿No me puedo ir con usted? Me voy a portar bien”.
“Hoy no. Tengo que llevar a Federico para que lo conozca su papá.”
Habíamos llegado a los dos canales, por ahí pasaba el micro que iba a la ciudad.
Juntó agua y le mojó la cabeza a Federico. “Mejor andá” y miró para otro lado. Se quedó bajo la sombra del sauce, mientras yo regresaba con la tía, pateando piedras y con una cosa fea en la garganta.
Tuve fiebre y tomé muchos remedios “insolación” dijo el doctor, “pero hay algo más la vamos a observar”.
A las seis de la tarde estaba bien peinada y con el vestido limpio esperaba el ómnibus que venía de la ciudad, todos los días lo esperaba. Voy a volver había dicho su mamá y las mamás no mienten.
Una mañana mientras la tía me peinaba, le pedí permiso para ponerme el vestido nuevo.
“Ponételo; pero cuando quieras pasear no vas a tener nada lindo”.
Rompí la alcancía y metí las monedas en una media vieja y las guardé debajo de mi falda apretadas con el elástico de la bombacha. Le di un beso a la tía y la apreté muy fuerte. Le había dicho al Tito que la tía no iba a querer leche. Que no pasara a buscarla con la carretela.
A las ocho y media regresaba el micro a la ciudad. Saqué boleto: uno… hasta la ciudad.
Terminal gritó el chofer.
¿Adónde estará su mamá?
Los autos me mareaban la gente me empujaba. Quería volverme con la tía, era la hora de darle de comer a las gallinas ¿y adónde estaría la mamá? Seguro que en Buenos Aires. ¿Cuál sería el camino para ir a Buenos Aires? ¿¡Por qué no me llamaré Federico, así mi mamá me lleva a upa!?
El policía me dejó en la comisaría.
Me preguntaron muchas cosas.
Después me trajeron mate cocido y pan galleta.
La tía y el Tito vinieron a buscarme; pero no me retaron, no me dijeron nada.
Y ahora soy yo quién espera un tren para ir a Buenos Aires con un niño en los brazos.
A Elenita la dejé con mi prima Julia. No tiene hijos y la va a cuidar muy bien.
Pero voy a volver.
Yo si, voy a volver





Betty Capella

20/10/2007



Calificación:  Malo Regular Bueno Muy bueno Excelente Excelente - 2 votos  - Ingresá tu voto

Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
10/12/07 | 20:57: þåµ dice:
Seguramente que va a volver... Me dijeron q bety escribia muy bien... se quedaron cortos =)
titi_carp@hotmail.com
 
10/12/07 | 05:07: santiago dice:
Me encantò tu descripciòn ambiental y emotiva de algo tan simple pero tan real como es la naturaleza y los sentimientos llevados juntos de la mano con belleza,se conjugan y llegan al corazòn como a mì...Muy bueno.gracias por esa percepciòn sensorial puesta de manifesto con amor.
eseceveprod@hotmail.com
 
10/12/07 | 04:56: Catalina Bas dice:
HERMOSISIMO EL CUENTO...muchas veces, las historia de madres e hijas son coincidentes, con la diferencia de que éstas últimas, ante la experiencia vivida, solucionan los problemas de manera distinta. Me gustó la descripción del bosque, con tantos árboles frurales, cantos de pájaros y el viento danzando.FELICITACIONES. (OTOÑO)
catalinagut@yahoo.com.ar
 
Últimas entradas del mes
04/09 | 08:59 CASTIGO
11/09 | 12:58 La luz de una vela
20/09 | 12:19 Ensayo-error
20/09 | 12:18 Cuidalos de lo que les hago
20/09 | 12:18 (sin titulo)
20/09 | 12:17 Perfecto
20/09 | 12:17 (Sin titulo)
18/09 | 21:10 LA LUNA,EL ZORRO Y BUDA
05/09 | 15:52 Insectario Relacional
05/09 | 15:50 Me da igual
05/09 | 13:00 CUANDO CAE LA TARDE
27/09 | 10:51 EL DRUIDA
24/09 | 18:37 Pasados lejanos
24/09 | 11:17 sin anestesia
15/09 | 17:28 Fantasma
21/09 | 10:48 creatividad


Radio La Quebrada Radio de Tango Indexarte Escribirte OccidentesEscuchanos
Noticias | Efemérides | Novedades | Ventas | Biografias | Textos | Audio | Recomendados | Entrevistas | Informes | Agenda | Concursos | Editoriales | Lugares | Actividades | Blogs | Foros | TiendaFundación | Letras de Tango I | Letras de Tango II | Contacto | Boletín
© 2006-2018- www.escribirte.com | Todos los derechos reservados   | Diseño Web | Canales RSSRSS