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Cielos e infiernos
Ricardo Cardone
Buenos Aires - Argentina
Enfermo ya de tantas discusiones con su perfil tan alejado de cualquier molde específico, siempre se muestra dispuesto a negárselo a los demás los días en que éste se rebela. De hombros que tienen prohibido caerse y pecho negado al abatimiento, suele suceder en su interior una lucha de clases entre una decente elegancia reflejada en su mente y una indecencia absoluta en su vestir, capaces de desconcertar a cualquier novato explorador de almas gemelas. Sumergido en una mezcla de aristócrata de barrio y último eslabón de la cadena evolutiva, aflora a la superficie con esa actitud inmutable que despliega frente al temor, valerosa cobardía de quedarse de pie ante el escalofriante devenir de la realidad. Su vida está reflejada en sus manos y en lo azul de su mirada. Si, azul. Lo blanco del ojo, para él, es azul.
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Últimos comentarios de este Blog

05/01/11 | 15:59: mariana dice:
Me gusta la descripción me lo imagino y aún más el final.
02/09/09 | 11:30: Marilen Zweifel dice:
\"VACÍOS\":hermoso poema Ricardo . Espero que sigas publicando . Marilen-sahumerio de vainilla-
25/08/09 | 21:07: Sol dice:
¡En qué paño muere abierta la otra herida!
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Cielos e infiernos


Tomá un tiempo, el que quieras, desmenuzalo como si fuera arena entre los dedos, desterralo, rociá el aire con el polvo, sentenciá al viento a que lo lleve lejos, bien lejos. Tomá un tiempo cualquiera y, de a poco, casi sin darte cuenta, te habrás librado de su pasado.


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Paralelismos



Admito que las fiestas no gustan. No por el hecho de sorprenderse en una Navidad o algún silencio en una víspera. Adivino que no gustan aquellas imágenes que llevan a algún recuerdo inmediato, a la reciente soledad de una tarde que culmina con el agobiante silencio de la noche que no se presenta como otras tantas. Se detiene en la ausencia, en el silencio de cartas, de correos, de frases recurrentes, de un vacío inmóvil. No es fácil detenerse en esa noche, en un día como tantos otros, solamente porque se llame Navidad en un tiempo en que la ausencia sólida se ve a cierta hora, aunque haga de ese tiempo una constante, un signo infinito. Los recuerdos, esas hojas de otoño que se resisten a quedar inmóviles, se descuelgan sin temor al vacío. Sabrán de algún modo u otro que ya han comenzado a sostenerse por sí solos, a nombrarse y reconocerse en alguna mueca invisible o en una sonrisa olvidada. Sabrán quizás que aquellos son los elegidos que no han sido condenados a la cruz del olvido. Hablarán de una crucifixión pretérita, algún calvario que se hace necesario, una pesada piedra que oculte un cuerpo, unas manos aún móviles, unos ojos cerrados y que sueñan. Hablarán de una espera, de un obrar de los días y los meses. Imaginarán como un silencio apócrifo una resurrección sublevada, un camino a recorrer detrás de aquella piedra que lo oculta. Imaginarán la mentira de la muerte, la necesidad del aire. Habrán desistido varias veces de su esencia. En alguna noche de vigilia aspirarán a renunciar al sueño eterno, la frase bíblica, el olvido. Pero ignoran lo irrefutable, la vasta realidad, su destino escrito en las cifras del universo. Ignoran lo cíclico, la curva de un horizonte recto, la línea que todo lo une con sólo seguir el rumbo del poniente. Ignoran su sentencia hasta que en algunos días como estos se encuentran a sí mismos. Se reconocen nuevos, vírgenes, inmaculados y despiertan sobresaltados por el terror a sufrir el tiempo. Se levantan invencibles, movidos por el viento como aquellas hojas de otoño que se resisten a la quietud de la tierra. Se levantan con la luz de la memoria, con el gesto de una forma de mirarse, una piernas sublevadas, un silencio pronunciado, una voz que evita el aire. Se descubren resistentes, desafiando la piedra que ya nada obstruye. La descorren como si necesitara evitarse y se abren al cielo y al aire de un bosque futuro para ellos. Se retuercen y se postulan necesarios. Ya lo saben. Alguien los nombró elegidos, alguien obró en ellos como si fueran parte de una vida. Alguien hizo que fueran únicos e inequívocos. Ahora buscarán el horizonte. Encontrarán el camino correcto, la situación impar. Repetirán acciones repetidas. Traerán voces conocidas en bocas olvidadas. Nos hablarán como si recién se presentaran. Nos mostrarán risas que no supimos ver, ojos que se cerraron casi sin darnos cuenta, manos que nos llevaron de la mano, hombros que se sumaron a otros hombros, débiles corazones que resultaron fuertes. Las infinitas horas se han esmerado en ocultarlos, pero han dejado rastros de un pasado insurgente. Todos los pasados confluyen en algún recuerdo, una hoja escrita a trazos, un libro que los trae, un silencio que lo nombra. El tiempo ha creado el resto. Las hojas amarillas, esos recuerdos que se despegan de la tierra, han desafiado al otoño. Ahora es diciembre, ahora es Navidad, quizás sean hojas de un pesebre o una alfombra de tres reyes del oriente. Quizás sean únicamente recuerdos que el tiempo se negó a desvestir. Lo cierto es que se presentan sin llamarlos, se recuerdan necesarios y completos. No creo que la voluntad del tiempo haya obrado en ocultarlos hasta estos días. Después de todo es Navidad y la soledad hace que sean necesarios. También el tiempo obrará sobre esta Navidad y cosechará este recuerdo que recuerda en una Navidad futura. Los seres humanos estamos sentenciados a la memoria. No creo que otra Navidad haga de mí un recuerdo excluyente. En todo caso estaremos construyendo un recuerdo de una Navidad futura y nos habremos desprendido de ese árbol de otoño. El viento, en definitiva, hará el resto.

Ricardo Cardone

Calificación:  Malo Regular Bueno Muy bueno Excelente Excelente - 11 votos  - Ingresá tu voto

Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
05/12/08 | 21:51: Ricardo dice:
Tenés toda la razón Mari Carmen, hay que vivr las fiestas con muchísima fe y esperanza, aunque sean molestas. Que pases estas fiestas con muchísima felicidad.
ricardocardone@gmail.com
 
05/12/08 | 14:02: Mari Carmen(Quiero volar a un sitio soñado) dice:
Ricardo, comparto, si, llegan con algo raro, recuerdos, una vaga nostalgia por otras Navidades...quizá las que marcaron el tiempo de hoy, aún así, pienso vale la pena vivirlas con esperanza, con esa cuenta de esperanza que va acompañarnos en los días venideros, hasta la próxima Navidad...Y que Dios te bendiga en cada día de tú vida, gracias por compartir. Un abrazo, Mari Carmen
mcmenndezg@hotmail.com
 
05/12/08 | 13:04: Ricardo dice:
Es verdad, casi nunca gustan, Gaviota, la memoria es el calvario del sensato. Muchas gracias por los comentarios.
ricardocardone@gmail.com
 
05/12/08 | 06:22: gaviota dice:
"admito que las fiestas no gustan.." mmmm y yo,confieso que no me gustan pero nada nada...De todos modos, me interesó el título, me dio curiosidad el autor que ya conquistó mi lectura con "Tres o cuatro maldiciones" y me volvió a interesar el texto incursionando en su contenido - confieso que tuve que leerlo tres veces pues desde el trabajo se hace difícil concentrarse debidamente - y más que buenísimo o sublime, yo lo calificaría como un texto "sin pelos en la lengua" pero con una dosis relajante que acaricia la mente y el espíritu...y sí, no hay cruz que se cargue como la memoria... piq piq
lameladriana@gmail.com
 
02/06/08 | 13:05: Pablo(paulrichard) dice:
BUENISIMO RICARDO! ESPERAMOS QUE REGRESES EN ALGÚN MOMENTO! UN ABRAZO.
pablishheredia@hotmail.com
 
22/05/08 | 15:20: YAELA dice:
Sólo una palabra:sublime(y no me alcanza para describir lo que me ha emocionado este relato). Me encantó Ricardo, avanti!
yaelabril@yahoo.com.ar
 
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