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Cielos e infiernos
Ricardo Cardone
Buenos Aires - Argentina
Enfermo ya de tantas discusiones con su perfil tan alejado de cualquier molde específico, siempre se muestra dispuesto a negárselo a los demás los días en que éste se rebela. De hombros que tienen prohibido caerse y pecho negado al abatimiento, suele suceder en su interior una lucha de clases entre una decente elegancia reflejada en su mente y una indecencia absoluta en su vestir, capaces de desconcertar a cualquier novato explorador de almas gemelas. Sumergido en una mezcla de aristócrata de barrio y último eslabón de la cadena evolutiva, aflora a la superficie con esa actitud inmutable que despliega frente al temor, valerosa cobardía de quedarse de pie ante el escalofriante devenir de la realidad. Su vida está reflejada en sus manos y en lo azul de su mirada. Si, azul. Lo blanco del ojo, para él, es azul.
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Últimos comentarios de este Blog

05/01/11 | 15:59: mariana dice:
Me gusta la descripción me lo imagino y aún más el final.
02/09/09 | 11:30: Marilen Zweifel dice:
\"VACÍOS\":hermoso poema Ricardo . Espero que sigas publicando . Marilen-sahumerio de vainilla-
25/08/09 | 21:07: Sol dice:
¡En qué paño muere abierta la otra herida!
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Cielos e infiernos


Tomá un tiempo, el que quieras, desmenuzalo como si fuera arena entre los dedos, desterralo, rociá el aire con el polvo, sentenciá al viento a que lo lleve lejos, bien lejos. Tomá un tiempo cualquiera y, de a poco, casi sin darte cuenta, te habrás librado de su pasado.


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Trazas



Trazas
Se estiran, no tanto como el tiempo, pero se estiran. Se enredan, se ramifican en los cinco continentes, en arena disuelta como tela que se teje, cruzando rutas como ríos definidos en deltas, buscando agua salada, despegándose de un lecho de arcilla en vientre dulce, del fondo ondulado en médanos cóncavos, refractados de a pares, tentando el curso de los dedos hasta donde la palma forma un corazón, bifurcándose al azar por asir, por tener que tomar otra mano que te lleve de la tuya como si estuvieses ciega y necesitaras más dedos, más tacto para poder ver y así olvidarte en ese instante el número dos, la mano ciega que se pierde al soltarte, abierta, extenuada, buscando un bolsillo que no existe, una boca dispuesta, un cuello que se deshile en delgados cabellos y se esconda, descuidado se esconda. ¿No ves que se esconde entre los dedos? No ves cómo se estiran por debajo dibujando líneas multiformes, desolados continentes y el océano que todo lo divide, que humedece la piel como si fueras pero no, no sos océano, sufrís el mar como sufrís el aire, esa distancia entre vos y yo, entre el siempre y el nunca de los párpados, sufrís los ojos, las cejas, las pestañas, aquel vidrio empañado por las branquias del recuerdo, que zigzaguea entre el destino y el abismo, oscuro tiempo inmediato. No ves que se marchitan como rosas amarillas, como la cera de una vela en un día de sol tenue. Se retuercen como el fuego con el frío, se contemplan desconocidas y sin embargo se conocen, se desvisten sin tanto prejuicio, como si subieran a un taxi en San Telmo y se bajaran en la esquina en donde despertabas a trazos de birome cada vez más mordida, buscando espacios para no equivocarte y escribir la palabra justa en tinta azul, no sea cosa que tengas que tachar y volver a las líneas, a mancharte del tiempo, a perder la tapita blanca que siempre se te queda entre los dientes cuando estás pensando, como ahora, en eso que tejíamos al crochet sin agujas en el mismo sillón, en la misma mesa. Se extienden transversales, longitudinales, oblicuas, como si caminaras por Buenos Aires a las tres de la tarde y sin embargo no ves el silencio de los labios, la humedad de las mejillas, los párpados de cemento, las pestañas en los ojos que se estorban, se molestan por llegar primero, se muerden muy de a poco sin esperar del pasado una pared en el frente, un fusil que te salve, un grito de victoria que se aliste a tus pies desnudos, unas líneas que se bifurquen en continentes, se dividan políticamente, declaren independencias, planten banderas blancas en cada territorio tomado, redacten leyes, constituciones, reformas agrarias y que no se olviden en el llano de la aridez de la selva, del olor a tierra húmeda cada vez que los años, esas líneas que se estiran en las manos cuando despertamos por el frío, pretendan tener razón.

Ricardo Cardone

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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
06/09/07 | 11:13: alica dice:
"Yo pisaré las calles nuevamente... y en una hermosa plaza liberada, me detendré a llorar por los ausentes..." Pablo Milanés.
asusanago@yahoo.com.ar
 
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