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Mi Perfil
pablospinella
Pablo Spinella
Buenos Aires - Argentina
Nací en la ciudad de Avellaneda, el 16 de Septiembre de 1972.
Enfermo ya de tantas discusiones con mi perfil tan alejado de cualquier molde esteriotipado, siempre me muestro dispuesto a negárselo a los demás los días en que mi mundo se rebela.
De animo cambiante pero siempre dispuesto a ayudar al otro, con un altruismo latente y una sonrisa comprensiva, latinoamericano de sangre, argentino de nacimiento.
No soy escritor, no soy poeta, ni obrero, ni aristócrata, tampoco revolucionario. O tal vez un poco de todo.Porque escribo poesías, cuentos, pinto y acompaño en cada una de las marchas del 24 de marzo. Tambien planté un Jacarandá en memoria de los desaparecidos.
Andariego y sin rumbo definido, mis brazos tienen prohibido caerse y mi pecho negado al abatimiento, suele suceder en mi interior una lucha constante de saberme quien soy, entre una decente elegancia reflejada en mi mente y una indecencia absoluta en mi apariencia externa, capaces de desconcertar a cualquier novato explorador de almas.
De naturaleza melancólica, esquivo de los afectos, aunque necesitado, afloro a la superficie con esa actitud inmutable que despliego frente al temor, valerosa cobardía de quedarme de pie ante el escalofriante devenir de la realidad.
Mi vida está reflejada en mis manos, en mi mirada simple, celeste como el cielo. Si, celeste, porque para mi lo blanco del ojo, es celeste.
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Últimos comentarios de este Blog

18/09/12 | 03:51: María dice:
magovoni@gmail.com buscame por mail en facebook
18/01/12 | 23:35: Laura dice:
Hola Pablo! Soy Laura. Tengo 19 años y acabo de terminar de leer tu libro, que acertadamente me prestó un amigo. No sé si decir que me siento identificada con vos o con Lucas. Por mi edad podés saber que no vivía en tiempos de dictadura y ningún familiar mio desapareció, aunque sí se vivió la época con mucha violencia ya que tanto mi madre como mi tía, militaban. Por aquellas cosas de la vida estuve obsesionada con el tema desde que tenía 8 años( ya de chiquita mi mamá me compró un libro llamado " La dictadura contada para niños") y por esas cosas de la vida estudié en el secundario María Claudia Falcone. Siento esa culpa, esa necesidad inexplicable de haber estado ahi. Esas ganas de poder haber ayudado, aún sabiendo que faltaban casi 20 años para que naciera. Creo que lo que siente Lucas no puede describir mejor lo que siento yo. Gracias por eso! Y por mantener fresca la memoria de los que lucharon para cambiar la realidad. Yo creo que lo lograron, al menos un poquito :)
25/10/11 | 21:21: Antipablo dice:
Pablo Spinella, estafador de la calaña de Pablo Shocklender, enfermo, sorete, ojala salga todo a la luz y la izquierda se limpie de soretes infiltrados como vos...
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Pequeños Silencios



Pequeños Silencios
FRAGMENTOS DEL LIBRO QUE LLEVA ESE TITULO, AUTOR PABLO SPINELLA

Este es parte del primer capítulo del libro que lleva este título.
Pablo Spinella

"El silencio habla, eso es innegable. Pero ¿qué nos dice el mutismo? Las interpretaciones más variadas y complejas pueden surgir en torno a los motivos clínicos, psíquicos y hasta filosóficos del origen del silencio en una persona. Pero esa hombre es la única dueña de los significados, es quien determina cual es el valor simbólico de la palabra enclaustrada, dormida o quizá muerta.
Lo más inquietante, es, probablemente, el silencio en los niños. Esa intriga que provoca no saber que les está pasando y por qué lloran o nos miran seriamente. Recuerdo aquel niño, no importa el parentesco conmigo, sí quizá que era una nena, que cuando se enojaba mucho porque la retaban o algo que le decían o tenía que hacer le desagradaba, lo único que hacía era mirar fijamente a la persona que hacía las veces de interlocutor; madre, padre, hermano, amiguito del colegio; y ella, muy ensimismada en su cosa sólo se limitaba a mirar fijamente a los ojos y guardar silencio. Cuánto estaría diciendo con esa mirada en lugar de utilizar la palabra. Es lo que eligió, pensaría este tipo me propone tal o cual cosa que a mi me disgusta y encime pretende que le dirija la palabra.
Cuando uno es un bebe llora, grita, se ríe, por supuesto porque tiene hambre, quiere ir en brazos de su mamá o se hizo caca y el pañal le molesta. Es muy raro que un bebito esté mucho tiempo en silencio.
A medida que uno va creciendo, empieza a conocer palabras, habla ese “idioma” particular de los nenes de un año y pico, casi dos, hasta que finalmente, de tanto escuchar a los mayores, aprende a pedir las cosas, manifestar su enojo o contestar con un seguro “no” cuando verdaderamente se encaprichó y no va a abrir la boca para comer la papilla que se madre le preparó.
Será por eso, quizá, por escuchar tanto a las personas mayores de edad es que muchos decidimos vivir mayormente en silencio.
Lo cierto es que mi niñez se desarrolló en un mundo de silencios, en mi actuar, por la falta de palabra hablada, por parte de quienes me rodeaban, es decir mis padres, mi familia toda, por el silencio que producen las palabras vacías.
Recuerdo que apenas hablaba lo necesario en el jardín de infantes, el jardincito maternal del barrio, donde todas las madres se conocían y donde las maestras eran hijas de las abuelas de esas madres, que en más de una oportunidad citaron a mis padres a una reunión preocupados por mi silencio en clase y mi actitud solitaria en los momentos de juego.
Me estoy remontando a cuando tenía apenas tres, o quizá cuatro años. Ya por ese entonces los silencios lo decían todo. Sólo me limitaba a contestar las preguntas de la “señorita” en la clase. Recuerdo, no sin un poco de tristeza, cuando estábamos aprendiendo los colores. Utilizábamos dibujos pegados en cartulina de distintos oficios, medico, futbolista, policía, bombero. Este último fue el del conflicto para mí, ya que tenía que señalar aquel que tuviera el color rojo, y por un daltonismo que detectaran cuando fui creciendo, tenía dificultades para reconocer los colores. Me acuerdo que cuando fue mi turno, enmudecí. Mi labio inferior empezó a temblar, a hacer “puchero” y enseguida la maestra me alzó en brazos y me acercó hasta el bombero, con su traje rojo, bajando del camión y con una sonrisa, casi me guiñó el ojo, no puedo precisarlo ahora, me decía que estaba todo bien, parecía que el sí me comprendía...."
"....A los cuatro años de edad, vivía en las barrancas de Quilmes, un barrio tranquilo, cercano al Río de la Plata, el mismo lugar donde nací y viví hasta los diez años aproximadamente.
Era una casa que guardaba mucha historia en su frente de ladrillo a la vista, con una puerta de dos hojas, de pesado hierro negro y postigos de vidrio estilo “vitreau”, con el número doscientos veinticuatro en un óvalo blanco de chapa que estaba sobre el marco. A medio metro a la derecha una ventana que albergaba en un pequeño balcón francés algunas macetas con plantas que soportaban el sol de la mañana, que daba una especie de sala de estar, lo que hoy llamarían “living”.
En esa sala, solían juntarse los mayores a tomar el café después de la cena, mientras sonaba el tocadiscos RCA y yo jugaba con mis primos en el patio interno de la casa.
No nos dejaban participar de las conversaciones, y si lo hacíamos a escondidas, no entendíamos nada, nos aburría y volvíamos al patio o a la terraza a jugar.
Lo importante para mí era ver a mis padres, mis tíos, abuelos, todos juntos, de charla e charla, pasando por el campeonato de fútbol hasta la nueva revuelta política o mirando fotos y riendo de los recuerdos que ellas traían. El clima familiar me gustaba, me hacía sentir pleno. Era como que si el resto de los integrantes de la familia estaba bien, entonces yo también..."

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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
09/10/07 | 06:19: Marta Iglesias SUAREZ dice:
INVITACION DANIEL GALASSO 1er. Premio Letras de tango Escribirte.com.ar HOY MARTES 9 DE OCTUBRE 21,30 HS. DANIEL GALASSO EN LA ESQUINA DE PUGLIESE BOEDO 909 BUENOS AIRES ARGENTINA OBELISCO HERMANO MIO
adn_tango@yahoo.com.ar
 
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