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Mi Perfil
Graciela Bandi
Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina
Soy docente, me gusta leer y escribir aunque no tengo el tiempo necesario ya que trabajo durante muchas horas por día. De todas formas, cuando puedo hacer un alto, escribo. Todos los años realizo proyectos de escritura con mis alumnos de primaria, en el 2004 fueron leyendas, en el 2005 cuentos de terror, en el 2006 cuentos de duendes, hadas, brujas... y este año,2007, está dedicado a la poesía.
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Últimos comentarios de este Blog

01/12/11 | 16:20: Alejandro Juárez silva dice:
Me gusta muchisimo su texto, la saludo desde méxico. Doy clases de teatro, espero no le moleste utilzar su texto en una obra teatral. La felicito y gracias de antemano, espero podamos ser amigos y compartir escritos, que me facinan. Buen día.
23/06/11 | 18:02: lucas dice:
me gusta esto esta muy bueno
01/08/08 | 11:43: Paul W. Richard dice:
ME ENCANTO ESTE TEXTO BREVE TAN LLENO DE RECUERDOS QUE ANIDAN EN TU MENTE Y SE DESPIERTAN CON ESE SUAVE AROMA. PABLO
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Mirando atrás, por Flores





Eran las siete de la tarde de un viernes agitado. Faltaba poco para el día de la madre, como siempre las veredas colmadas de gente que miraba vidrieras buscando el regalo perfecto, lindo y barato. Pero también se veía en los negocios de artículos del hogar muchísimos hombres con sus hijos eligiendo, no tantas planchas ni batidoras como otros años sino, teléfonos celulares, dvd, cámaras digitales...algo más acorde a estas madres modernas, que no dedican tanto tiempo a la cocina sino a sus múltiples actividades profesionales fuera de casa.
Habíamos quedado con mi amiga de toda la vida encontrarnos para tomar un café en Flores, nuestro querido barrio y al cual no recorría desde hacía años, desde que me fuese a vivir al exterior, por trabajo. La cita fue en una confitería de una esquina especial. Nos sentamos a una mesa en la vereda, ya que las dos fumamos y como me explicara Leticia, ahora está prohibido hacerlo en lugares cerrados. Pedimos dos cortados, encendimos cigarrillos y comenzamos a charlar. Teníamos tantas cosas que contarnos, fue increíble, no nos alcanzaban las palabras, los gestos. Parecía como que no hubiese pasado el tiempo, que todavía seguíamos siendo aquellas adolescentes, que íbamos a la misma escuela privada, que estudiábamos para maestras, que teníamos idénticos ideales y utopías...
Con el frenesí de la conversación ni registrábamos el ir y venir de la gente entre las mesas, ni de las demás personas que estaban a nuestro alrededor. En eso, sonó su celular, era su pareja que la llamaba desde un local cercano, le reclamaba su presencia. Me pidió que la disculpara, que se retiraría unos minutos para atenderlo y volvería, me rogó que la esperara.
Así fue como me quedé sola, en medio del barrio que me vio nacer. Recordaba como lo había dejado, A pesar del tiempo transcurrido, la Iglesia, su plaza, las galerías comerciales seguían siendo las mismas. El barrio no había cambiado demasiado, salvo que, ahora, debajo de la Avenida Rivadavia están construyendo el subterráneo y que algunos negocios cambiaron de ramo. Pero su espíritu comercial, ruidoso y mundano está intacto.
Durante unos instantes la vereda quedó vacía, entonces, pude ver a las personas que estaban sentadas en las otras mesas. Y lo vi, un hombre de mi edad, muy elegante, buen físico, con cabellos negros y piel blanca, tomando una cerveza bien fría. Solo. Seguramente sintió mi mirada porque giró su cabeza y miró por unos segundos distraídamente. Mi corazón dio un vuelco, me pareció percibir aquellos ojos negros de aquél muchachito que fuese mi amor en los sesenta y tantos. En aquél entonces, yo cursaba quinto año y él era vendedor en una casa de ropa para hombres. Recuerdo haber pasado mil veces por ese local sólo para verlo. Después, en ocasión de ir a bailar nuestros destinos se cruzaron. Fuimos amigovios, como dicen los chicos de ahora, durante algunos meses, luego él se fue a vivir a Estados Unidos con sus hermanos. Nuestras vidas tomaron rumbos diferentes, pero nunca lo olvidé, forma parte de mis recuerdos de Flores. Volví a mirarlo, pensé en levantarme, caminar el corto trecho que nos separaba, preguntarle su nombre, recordarle el mío. Decirle que me alegraba volver a verlo. Dudé un instante, y... volvió Leticia que sin sentarse pagó los cafés, me invitó a seguirla, quería presentarme a su nueva pareja y a unos amigos.
Me levanté, y al alejarnos del lugar, a nuestras espaldas, escuché la voz de una mujer que lo llamaba por su nombre. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Entonces, ¡era él! Deseaba darme vuelta, correr a abrazarlo, pero vi mi vida entera correr como una película y debí elegir entre quedarme mirando atrás o seguir mi camino. Tomé fuertemente el brazo de mi amiga Leticia, como para darme valor y seguí caminando, mientras le contaba de mi separación, de mis hijos y mi recién llegado nieto...









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