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Mi Perfil
natan julbori
martínez - argentina
Me llamo Natán Julbori y curiosamente nací en el garage de un departamento, cito en la calle San Lorenzo de la ciudad de Martínez, pcia de Buenos Aires.
Desde niño la literatura me marcó: yo, leyendo podía volar con mi fantasía, al mundo que el escritor había creado.
Pronto descubrí que uno puede a travéz de los libros aprender, pero también puede evadirse de los problemas que lo asedian en la vida real. Y a mí no me faltaban motivos, ya que a los 12 años detectaron que era diabético.
Cuando yo entraba en las oscuras historias de Stephen King, me sentía una persona sana y sin limitaciones. Me asomaba a un mundo donde podía observar los terrores de los personajes, sin involucrarme por queno eran los míos, por lo tanto sabía que cuando cerrara el libro la pesadilla había acabado.
Hable de esto con mi ayudante terapeútico, quién me inició en el hábito de escribir mis propias historias.
Entonces descubrí que en mis cuentos yo podía hacer todo lo que en la vida real me era imposible, o yo sentía que en aquel momento me era imposible.
Así comencé a escribir y hoy a los 42 años es mi pasión.
No sé si escribo bién o mal, sólo sé que me gusta jugar a ser quien no soy.
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Entrevista con el psicólogo
SANTÁ GELNÁ DEL OCAÍ
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Últimos comentarios de este Blog

06/05/08 | 17:33: ignacio dice:
Doña Claudia: a ver si desempolva el teclado de su computadora ¿donde está? ¿La vendió? y se nos manda uno de esos cuentos suyos que nos suelen dejar al borde del desmayo. Dele, animese. La estamos esperando Doña Desconocida. Un beso muy grande.
03/05/08 | 23:35: Graciela (JAQUE MATE EN LA COMARCA) dice:
Natán, hola! Ando transitando esta blogosfera nuestra..."es lo que hay" en estos tiempos de incomunicación y eligiendo los nombres de los blogs que me parezcan atractivos. Así entro en ellos y descubro relatos como los tuyos. Digo entonces, muy bueno por lo tuyo; hay intensidad,tensión, espera que desespera, y un crescendo muy interesante. Muy buen trabajo Natán. Que sigas adelante con este del devenir de la palabra. Te invito a pasear por mi comarca !! Abrí mi blog hace unos quince días de modo que si querés "pasear" te recomiendo clickear en abril- Hasta pronto en nuestros respectivos "espacios de virtualidad...!" Graciela
17/03/08 | 17:08: luis ignacio hernandez dice:
Muy bueno. Esta historia (decirle cuento es quedarse corto) esta realmente muy buena. Mantiene el suspenso hasta el final y deja al desnudo el triste mundo que nos rodea en el cual se vence a la indiferencia a través de juegos sádicos. Te mando un beso.
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En este blog encontrarás los cuentos que he publicado ultimamente en nuesra revista literaria a la que hemos llamado LOS DESCONOCIDOS.
Para comunicarse con nosotros tienen que hacerlo a diariogarage@yahoo.com.ar


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SANTÁ GELNÁ DEL OCAÍ



SANTÁ GELNÁ DEL OCAÍ
La misteriosa nota, transcripta a continuación, apareció publicada en la edición n° 13 de la revista: Los Desconocidos, impresa en Marzo del 2007.


Desprevenido lector:
Primero quiero dar las gracias a La Revista Los Desconocidos, por permitir expresarme en este espacio. Y en él, he decidido ponerme a contar esta historia, la que ha convertido mi vida en una pesadilla.
Temo que me ocurra algo irreparable y el revelante descubrimiento que he hecho, quede oculto, como lo ha estado hasta la fecha, ya que desde el primer momento en que encontré aquellos antiguos escritos, mi pobre alma de ignorante mortal, se ha sentido amenazada, de la misma manera en que se sentirá amenazada su alma, cuando termine de leer este documento.
Antes que todo voy a comenzar por presentarme, me llamo Hipólito Sánchez, nací en la ciudad de Asunción del Paraguay hace 55 años. Soy hijo de madre guaraní, y padre argentino, el cuál me trajo a su ciudad natal Buenos Aires, luego de la muerte de mi madre cuando yo tenía 16 años. En este grandioso país, que me adoptó como hijo propio terminé mis estudios secundarios y unos años después me recibí como profesor de historia. Mi pasión por la historia era y es hoy absoluta, por lo que mientras me ganaba la vida dando cátedras en colegios secundarios, comencé a estudiar museología, carrera que terminé en tiempo récord con el mejor promedio de mi promoción.
Tuve varios empleos en diferentes museos de la Capital Federal, mientras tanto seguía haciendo cursos de post grado y de idiomas antiguos. Desde hace 22 años me desempeño como curador del museo Isaac Fernández Blanco, este ha sido mi mayor logro y mi mayor orgullo (ya que le he dedicado mi vida) hasta que ocurrió el pavoroso suceso.
Tengo la necesidad de contarle desprevenido lector, todo lo que ocurrió, pero sé que al hacerlo pondré en peligro su integridad física y mental como hoy están en juego las mías y cuando pienso en esto me da culpa, por que si continúa leyendo será que la curiosidad y la necesidad de conocer la verdad es una tentación, a la que todo ser inteligente, no se puede negar. La verdad abre puertas y el acto de descubrir dicha verdad es una tentación a la que ningún adamita se puede resistir, ni siquiera el más divino y puro de todos los hijos del hombre. Pero le advierto por última vez, que si es capaz de llegar al final de este escrito ya nada será en su vida, como era hasta hoy…

Todo comenzó una tarde agobiante de enero, el sol entre el cemento y el asfalto de la ciudad dilapidaban el escaso oxígeno, que se puede respirar en el micro centro. Y fue por esa razón, que a la hora de cierre, cuando el único que quedaba dentro del edificio del museo era yo, dos palomas atontadas se estrellaron contra el ojo de buey, que hay en el baño para caballeros (esta es la única ventana que no pertenece a la construcción original del arquitecto Noel). Y al hacerlo, rompieron el vidrio que cayó sobre el piso como una lluvia de astillas peligrosas y sangre animal. Me quedé de una pieza observando la agonía de las aves que desangraban como si las hubiesen utilizado para un sacrificio ritual. Y en eso estaba cuando se desató el terrible vendaval, que sin aviso penetró por la ventana rota, generando una corriente de aire con una fuerza indescriptible. Entonces comenzó el temporal que estaba pronosticado y por el que habían dado alerta meteorológico.
Estaba desesperado, no podía permitir que la humedad irrumpiera en el edificio, pudiendo poner en peligro, la virtud de las valiosas colecciones y como no había forma de cubrir la ventana rota no tuve más remedio que cerrar la puerta del baño de caballeros (juro que la cerré con llave). Ya más tranquilo entré en mi oficina, (que está ubicada entre los whaters y el salón principal) para recoger unos documentos antes re regresar a mi casa, y entonces comenzó la pesadilla: escuche el golpe sordo de la puerta del baño que acababa de cerrar abriéndose, dando paso a una ráfaga de aire tan caliente como el aliento de un dragón y a continuación escuché en el salón principal un sonido que me heló la sangre: Era el sonido de la madera muy antigua, haciéndose añicos contra el piso. Pude presentir, antes de entrar en el salón, cuál de todas las piezas de imaginería jesuítica de los siglos XVII Y XVIII, se había estropeado, y hubiese preferido pasar el resto de mis días, privado del placer que me provoca el conocer la historia, antes que ver mi imagen preferida destruida, por mi torpeza, en su totalidad.
Era una exótica y bellísima imagen de bulto, del siglo XVII, dorada a la hoja y policromada que representaba a David Y Goliat en una escena muy extraña: el monstruo sostiene en una de sus garras al rey de los judíos, pero no se percibía en ella, una sensación de amenaza. Más aún, paresia que Goliat le estuviese revelando a David su verdad. Y los ojos del hombre estaban fijos a los ojos del gigante, con la mirada atenta de un discípulo hacia su mentor.
No sólo era mi preferida por ser extraña, por ser de tamaño natural, y por su perfección, si no, que lo era por provenir de las ruinas de Santa María de Fe (ubicadas a 240km de Asunción del Paraguay). Había sido tallada por manos indígenas de mi lejana y húmeda patria.
Encontré sus pedazos esparcidos por el piso. Estaba totalmente destruida. Ni el mejor artista podría haberla restaurado.
Me arrodille junto a sus restos, como quien se arrodilla ante la tragedia de un hijo muerto, mientras el llanto se me arremolinaba en la garganta. Hubiera querido gritar de la impotencia, pero no pude, me quede quieto y perplejo. Por un rato que pudo ser un segundo o un siglo, no tuve reacción, solo contemplaba aquella madera que había sido fiel testigo de una historia, de la que yo mismo era parte.
Luego el viento se extinguió repentinamente, la puerta del baño de caballeros se cerró sola, y fue entonces que pude sentir una presencia misteriosa que se alejaba.
Me puse de pié y caminé hasta el baño.
La puerta estaba nuevamente cerrada con llave.
Entonces empecé a temblar, y mientras lo hacía volví a rezar, como hacía más de un lustro que no rezaba la oración a la Inmaculada Concepción de Itá Ibaté, como me había enseñado mi madre.
Volví corriendo al salón principal, y entonces, recién entonces, tomé conciencia de que la imagen era hueca. No podía ser. Estaba soñando. En los años que tengo como profesional jamás me había topado con una imagen que aparentara ser de bulto y fuera hueca.
Pero como la historia me ha enseñado que nada se hace sin un motivo o causa, inmediatamente me puse a revolver los restos de la obra de arte y entonces encontré el tesoro que guardaba el hueco de la talla: era un cilindro de metal (semejante al acero inoxidable, pero que de hecho no lo era debido a su antigüedad) de unos treinta centímetros de alto por un radio de unos siete centímetros aproximadamente. Uno de los extremos terminaba en una pequeña palanca del mismo material.
Mi curiosidad y mi tentación de conocer el secreto que se hallaba en aquel extraño cilindro era tanta, que el corazón me brincaba en el pecho de la misma forma, que lo hizo sólo una vez, hace muchos años ya, cuando mi primer y único amor, se desprendió de sus ropas para vestirse de selva y entregárseme en cuerpo y alma.
Y entonces tiré de la palanca con sumo cuidado y abrí el enigmático cilindro con la misma devoción con que se abre los ojos de la niña amada, para convertirla para siempre en mujer.
Inmediatamente el cilindro crujió y se corrió la tapa dejándome ver que el contenido era un antiguo documento.
Corrí hasta mi oficina y recién saqué los antiguos papeles de su envoltorio, cuando estuve seguro de poderlos apoyar sobre el vidrio que cubría mi escritorio.
No podía creerlo, era una carta fechada en 1674 y firmada por el padre jesuita Juan de la Cruz. El papel era muy frágil y estaba escrito con letra hermosa y arcaica, en tinta antigua y desvaída.
A simple vista distinguí dos idiomas en el informe: latín y guaraní, cosa que para mi desgracia me facilitaba mucho la lectura(digo para mi desgracia por que si hubiese estado escrito en un idioma que yo no conociese, mi ignorancia me hubiese preservado, tal vez, de encaminarme hacia el callejón sin salida ,en el que me hallo) Voy a transcribir textualmente dicha carta, no sin antes recomendarle, desprevenido lector, que aún puede usted arrepentirse de terminar de leer este documento, ya que una vez descubierto el verdadero nombre de quién es obra este evangelio apócrifo, pasará a formar parte de las filas del firmante, como ahora lamentablemente pertenezco yo.
La primera parte que estaba escrita en guaraní decía lo siguiente:
“Santa María de Fe, Abril 3, 1674”
Al desafortunado que lea: Mi gracia es Juan de la Cruz y soy miembro de la Compañía de Jesús. Hace aproximadamente 10 años que dejé mi Castilla natal, para adentrarme en América a predicar la palabra de Dios a todos los salvajes sacrílegos, que Nuestro Señor ha concebido en estas exóticas tierras. He llegado con la dura tarea de evangelizarlos, como lo han hecho muchos de los hermanos de San Ignacio, pero si bien yo tenía que llegar a América del Sur, mi barca se averió en el Caribe y naufragamos. Llegué a la costa casi sin vida, donde me encontraron un grupo de nativos, los cuales cuidaron de mí y me alimentaron. La característica principal de este grupo étnico saltaba a la vista y al oído: muchos de ellos tenían ojos celestes, a pesar de sus cabellos lacio-renegridos y hablaban un idioma que sonaba similar al sajón. Cuando hube mejorado y aprendido medianamente a comunicarme con ellos, comencé la tarea que me había traído a estas tierras, la evangelización. Yo me fui convirtiendo poco a poco en el centro de la tribu y todos me obedecían y me honraban. Les enseñé la palabra de Dios, pero también les enseñé a cultivar, a almacenar granos, a construir sus casas y sus ropas, a tallar imágenes santas en maderas y sobre todo traté de mostrarle la diferencia que había entre ellos y los animales, para que procuraran cubrir sus partes y no tentarse de copular sin antes comprometerse en sagrado matrimonio. Todo estuvo bien hasta el día en que el hombre más anciano de la tribu me mandó a llamar. Él me dijo entonces que la antigua profecía se había cumplido en mí, por que cuenta la leyenda que un hombre blanco que se hacía llamar Príncipe Madoc, había llegado a estas tierras, de mi viejo mundo, varias centurias antes, lo que yo calculé por su medición del tiempo, como en el año 1170 de Nuestro Señor Jesucristo, para proteger la verdad del Dios a quién yo servía. Y me dijo también el anciano, que esa verdad se encontraba descifrada en un evangelio, que en la Biblia con la que yo predicaba, lo había omitido. Y que Madoc, había pedido a sus ancestros que guardasen el evangelio apócrifo como un tesoro, hasta que llegue a estas tierras otro hombre blanco, que pudiera comprender la verdadera tentación de Cristo y entonces me entregó el cilindro (que tú, desafortunado hombre, por querer conocer la verdad, te haz dejado seducir por la tentación, lo estás leyendo aún sin poder dar crédito). Es hora de que te diga también que si sigues leyendo mi testimonio hasta el final, ya nada en tu vida será como era, por que el Evangelio que se me entregó (y que yo luego traje a Sud América, cuando otros hermanos de San Ignacio, volvieron a buscarme) devela la verdad de Jesús. Yo no me atrevo a revelar este misterio a mis superiores. Temo que me tilden de hereje. Por que la Santa Verdad deja claro que los herejes son ellos y todos los que se conforman con la vulgar ignorancia.
A continuación trascribiré textualmente y en su lengua original (latín, para intentar preservar al posible lector) la copia del Evangelio Apócrifo de Santá Gelná del Ocaí, el cuál el príncipe Madoc data del siglo II D.C.:

“Santá Gelná del Ocaí, es el anagrama de mi verdadero nombre y si tú que estás leyendo, logras gracias a la tentación de conocer la VERDAD, descubrir mi nombre de ahora en más pasarás a formar parte de mi séquito de ángeles, consiguiendo así la ETERNIDAD.
El Señor Jesús comenzó su ministerio, haciendo un retiro en el desierto, durante 40 días y 40 noches. Allí fue tentado por Satanás el Ángel Caído. En todo ese tiempo no comió nada y al final sintió hambre, entonces Satán le dijo: Si eres el Hijo de Dios, manda a que esta piedra se convierta en pan. Jesús le contesto: El hombre no sólo vive de pan. Lo llevó luego Satán al lugar más alto y le mostró todas las naciones del mundo y le dijo: Te daré poder sobre todos los pueblos y sus riquezas serán tuyas, por que me las han entregado a mí, y yo se las doy a quien quiero. Si te arrodillas y me adoras, todo será tuyo. Jesús replico: Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás. A continuación Satán llevó a Cristo a Jerusalén y lo puso en la muralla más alta del templo diciéndole: Si tú eres el Hijo de Dios tírate de aquí abajo. Pues dice la escritura: Dios ordenará a sus ángeles que te protejan y también ellos te llevarán en sus manos, para que tú pié no tropiece con ninguna piedra. Jesús le contestó: También dice la escritura: No tentarás al Señor tu Dios.
Al comprobar Satán que había agotado todas las formas de tentación a las que había hecho caer al pueblo judío durante el Éxodo, (por lo que Jehová los había condenado a deambular, cuarenta años en el desierto sin poder encontrar La Tierra Prometida) supo entonces, que Jesús era el Mesías. El que sólo podría ser tentado de conocer su propio y Verdadero origen. Comunicarle esa Verdad era la misión más difícil que tenía que cumplir en su reino (la tierra) El Diablo. Entonces Satán dijo: he utilizado contigo las mismas armas de tentación que utilicé con tu pueblo, y mientras que ellos se han dejado corromper, tú no lo haz hecho, y no te has corrompido por que eres el único Elegido a quién yo debo revelar su Verdad. A lo que Jesús contestó: Yo soy la Verdad y la Vida quién viva en mí alcanzará la Eternidad. Satán dijo entonces: Tú eres la Verdad, pero desconoces tu propia Verdad y yo te he traído hasta aquí para tentarte a conocerla. Jesús dijo: no hay otra Verdad que las que están develadas en las Escrituras. Satán replicó entonces: Sí la hay, por que el Reino del que tú llamas tu Padre es también el mío. Jesús dijo: No permitiré que a mis oídos llegue tu blasfemia. El Diablo dijo entonces: No es blasfemia, es Verdad. Tú no reconoces tu origen Enteramente Divino. Al que tú llamas Padre, a Yahvé, El Dios de los judíos, de aquél que hablan las antiguas escrituras, no es el Dios Verdadero. Jesús dijo: No voy a seguir escuchando tus mentiras. El Diablo dijo: Vas a seguir escuchando por que tú sabes, como yo sé, que es la primera vez en toda la Eternidad, que no estoy embaucando.
Entonces el alma divina de Cristo se iluminó y supo que Satán le era sincero. Jesús preguntó al fin: Dime tú Ángel Caído ¿Cuál es mi verdad? A lo que el Diablo contestó: Yahvé, tu Padre, es sólo el creador del mundo, y por lo tanto una deidad de segundo orden, inferior, similar a mí.
Jesús se encontraba perplejo ante semejante afirmación, pero al mismo tiempo sabía que Satán, no lo estaba engañando.
El Innombrable continuó: Ese, al que tú llamas Padre, no es un Dios para ser adorado, más bien es un Dios para ser evitado, aprendiendo la verdad sobre El Reino Divino y Definitivo del que tú provienes. ¿Y de dónde provengo? Preguntó Jesús cayendo en la única tentación que el Verdadero Mesías podía caer. A lo que Satanás contestó: La Divinidad Suprema queda enteramente fuera de este mundo, pues es espíritu absoluto, sin cualidades ni aspectos materiales, (Como lo soy yo, o lo es Jehová, que hace por medio de La Ley, cobrar el Diezmo). Ese Ser Divino engendró a los Eones, que como Él son entidades espirituales. Originalmente ese Reino Divino habitado por Dios y sus Eones, era cuanto existía. Pero sucedió una catástrofe cósmica en la cuál dos de sus Eones (Yahvé y yo Satán el Ángel Caído) caímos fuera del Reino Divino y nosotros dimos lugar a la creación de otras entidades que cobraron existencia fuera de la Esfera Divina (Los Hombres). Jehová y yo hemos creado este mundo y tú Jesús, vienes a él como Hijo de la Deidad Suprema, a llenar de Espíritu Santo a los hombres. Ellos no podrán entender tus enseñanzas, ellos creerán ver en ti, al Rey político de los judíos. Ellos esperan de ti, que le des por tu intermedio libertad al pueblo de David, de la esclavitud Romana. Y por no entenderte te crucificaran, castigando el cuerpo de hombre en donde habita tu Divinidad Entera. Pero tu Energía Pura volverá a ser acogida por El Espíritu Absoluto, hasta que Él decida tu regreso final a este, nuestro mundo.
Jesús miró a Satán por última vez, derramando sobre su rostro lágrimas verdes y cristalinas como pepitas de esmeraldas de allí nace el mito que el color verde es el color de la esperanza). Y finalmente Jesús afirmó con fortaleza: Amén (que en hebreo significa: Así sea”
“Esto fue en realidad lo que ocurrió doy fe de ello por que soy testigo.
Y si todavía no has conseguido resolver el anagrama que te revelará mi verdadero nombre aún puedes hacerlo, ya vez que la tentación de conocer la verdad pudo hasta con el más divino de todos los seres y si lo consigues lograrás la eternidad pasando a ser parte de mi ejército de ángeles”

Las líneas siguientes estaban escritas en guaraní:

Yo, Juan de la Cruz, he sentido la obligación de dar a conocer esta Sagrada Verdad, para toda la posteridad y que la Divinidad Suprema se apiade de mi pobre alma pecadora que ha develado el verdadero nombre del autor de este evangelio y se apiade también de la tuya, desafortunado hombre que estás leyendo, si es que tú has podido descubrir el nombre encerrado en el anagrama.
Juan de la Cruz

Así termina el antiguo documento. Por supuesto que yo, Hipólito Sánchez he descifrado el anagrama y por ello estoy condenado. Ojalá me ocurra alguna desgracia que me quite la vida, o encuentre valor para el suicidio, pues continuar viviendo con el conocimiento de saber a quién me he entregado, es una tortura que mi pobre ser no puede soportar.
Si usted, desprevenido lector, aún no ha podido descubrir el nombre oculto en el anagrama, para proteger su alma, he pedido a la revista Los Desconocidos que editen la respuesta del mismo con los caracteres invertidos(deben ser leídos de derecha a izquierda).
A pesar de conocer la Divina Verdad, puede salvarse si no cae en la tentación de leer a la inversa, para conocer el nombre del autor del evangelio apócrifo, como he caído yo.
Hipólito Sánchez
RESPUESTA DEL ANAGRAMA: odíaC legnÁ le nátaS



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