Home | Blogs | Foros | Registrate | Consultas | Viernes 24 de noviembre de 2017
Usuario   Clave     Olvidé mi clave
     
Ir a la página de inicioIr a los Blogs
Mi Perfil
simon esain
chascomus - argentina
Escribo poesia y prosa breve.
Poemarios editados: Indignaciòn de Noviembre, Mayo de 1989 o El Humo, Musa Interventora, El Momento de Ahogarse.
Poemarios inéditos: U.S.Me (paraíso del acobardado) Totem (la mirada de Ulysses); BP Tangos; BP No Tangos.
Poemarios en preparación: En Nombre de mi Mamá, mi Papá, el Perro y el Gato, Muchas Gracias; BP Baladas; BP Stood Up; BP Poemas.
Prosa inédita: Las Malvinas y Otros Sueños, Enero y Otros Meses I, Enero y Otros Meses II, Enero y Otros Meses III; Setiembre y Otros Meses I, Setiembre y Otros Meses II, Setiembre Naif; BP Prosa Breve I; El Problema de Bembi; Toque a la Mano de Bronce; BP Prosa Breve II; Confesiones Falsas de un Campesino.
Durante 10 años edité desde Chascomús La Silla Tibia, medio artesanal de difusiòn literaria
Miembro fundador del Movimiento de Artistas y Artesanos de Chascomús (MAYA), a cargo de su taller literario
Miembro fundador de la Delegaciòn Chascomús de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos
Representante oficial de DEUCO, defensa de usuarios y consumidores en Chascomús
Archivo de entradas | Mostrar datosDesplegar
Ocultar datos Agosto 2007
U.S.Me (paraíso del acobardado)
Tótem (o La Mirada de Ulysses) poemario 1999-2006
Mostrar datos Julio 2007
Diseño web

Últimos comentarios de este Blog

29/07/10 | 15:22: alicia dice:
hay muchas cosas que
06/12/07 | 18:08: yllen dice:
Has logrado un clima muy fuerte y con excelente descripción de lugar y de sentimientos. ¡Ecxelente!
26/08/07 | 20:25: Fernando G. Toledo dice:
Estimado Simón: me gustaría hacer contacto con usted. Si puede, escríbame a la dirección de correo que dejo anotada. Saludos.
Vínculos
Entre Babylon y Zion Entre Babylon y Zion
Reflexiones rasta

Andrés Javier Rolando presenta una visión diferente: "Entre Babylon y Zion", las primeras reflexi... Ampliar

Comprar$ 25.00

Escuchá Radio De Tango

simonesain.blogspot.com





Escribí un comentarioEscribí tu comentario Enviá este artículoEnvialo a un amigo Votá este artículoVotá este texto CompartirCompartir Texto al 100% Aumentar texto

Señor, señor



Toda aquella cabecera del campo estaba cubierta de girasol a pleno y no había gran cosa que mirar por ese lado. Los corderos ya estaban crecidos y hasta las vaquillonas habían terminado de parir. Su madre, un poco en broma, un poco en serio, le había encargado unas perdices coloradas para guisarselás al padre, y buscaba ubicar el pastizal que ellas prefieren.
Se arrimó al alambrado que cortaba en dos la loma, sembrada de su lado, y ató las riendas con un buen nudo que había memorizado de su padre. Al caballo no le quedaría otra que esperarlo, aunque descabezara el freno.
Pasó entre dos hilos hacia la continuación de la loma, poblada de cardo petiso y pasto semillado, seco. Apenas se movía el aire, así que no importaba si no iba viento arriba, como era lo aconsejado. Tras de la loma estaba la laguna de la abuela, la de la niñez, todos sus rumores y oscuridades aun bajo el sol.
Fue cruzando sin suerte, la escopeta lista sobre el antebrazo. Apareció el primer declive y sus matorrales con flores amarillas, allá al fondo. Duraznillos dispersos, mientras tanto. Unas gaviotas remolonas. Hacia su izquierda el claro en los juncales que fuera lugar de juegos infantiles.
A la orilla del agua había alguien. De lejos no lo identificó.
Había un hombre agachado sobre el bote de chapa pintada de celeste, el “Don Juan” que había quedado disponible de cuando nutriaba el tío Héctor. Caminó más rápido. Se trataba de un extraño. Sabía de gente que por las noches hacía gritar los teros a la ida y a la vuelta; que a veces dejaba animales muertos sin quererlo, o sólo el cuero sobre un alambrado, cuando lo querían, para que el paisano no perdiera todo, en son de burla.
También el hombre lo vio venir, tal vez porque el sol en el caño se lo avisó. Su padre lo mantenía lustroso y envaselinado.
Le levantó una mano enseguida, saludando. Él no era muy alto para sus trece años y el otro supo que se trataba de un chico; tampoco había tenido tiempo para intentar otra cosa.
Cuando estuvo cerca vio que andaba en pata, los pantalones arremangados, desgreñado y barbudo bajo un sombrero deforme.
No se veían perros acompañandoló.
- ¡Hola! – dijo el intruso, sin variar lo inofensivo de sus movimientos, agachado sobre la popa del botecito celeste, desenredando unos piolines – Pica la mañanita ¿no? Me estoy apurando porque dentro de un rato no habrá quien lo aguante -
Exageraba. A propósito. El muchachito se detuvo a siete metros y levantó el caño. El hombre hizo como que no le preocupaba.
- ¿Quién es usté? ¿Qué está haciendo acá? – nunca se había escuchado semejante tono saliendo de su boca ante un adulto.
- Ando revisando unas trampitas que dejé los otros días y preparando unos cueritos – dijo, agachado el hombre, como si fuera por eso que le habían preguntado.
- ¿Quién es usté? ¿Qué hace acá? -
- Vengo del pueblo. Tengo permiso, pibe -
Esa palabra despectiva que usaban los puebleros le revolvió el estómago.
- ¿Permiso? ¿De quién? – preguntó, cabeceando hacia atrás, es decir, levantando el mentón, como si también él debiera saberlo.
- Del patrón, pibe. De quién va a ser… - usó otra palabra que le daba bronca.
- ¿De qué patrón me habla? ¿Del suyo? – era de las palabras que lo disgustaban sin razón, nada más que por la forma en que su oído le decía que sonaban. El hombre era un mentiroso rematado pero además, porque creía sencillo engañarlo y porque lo había tomado por el hijo de un puestero. Todavía estaba hablandolé de costado, sin darle el frente, haciendosé el muy ocupado, como si el arma siguiera sin intervenir entre ellos.
Amartilló la escopeta del ¨16 y levantó la boca del caño hacia la cabeza con sombrero. Pero no podía pensar en cómo seguiría aquello, que iba tan rápido. El intruso se movió. Dejó caer el matete de piolines y ganchitos. Se volvió hacia él, ceñudo; se enderezó un tanto y bajó los brazos.
Era un tipo flaco y sucio, un muerto de hambre peligroso. Tenía el pucho apagado colgando entre la barba y un gesto desagradable en la boca. Todavía estaba a tiempo de reaccionar.
- Pero qué pasa, hermanito – dijo, con alarma – Pará, hermanito… Con ese aparato no se jode. Se te puede escapar un tiro -
Lo despreció Ahora lo trataba de pariente. Le miró la faja y vio un cabo de hueso, de los de comer. No tenía encima el de cuerear. Si la diestra del hombre amagaba a su cintura le tiraría al ombligo; sería tan fácil como bajar una liebre a la pasada.
- Esto se dispara si yo quiero… - dijo, haciendo moverse arriba abajo la boca del arma – Y no somos hermanos. El campo de al lado es de mis padres y éstos son los de mis tíos, y a ese bote lo hizo el tío Héctor, hace mucho, para usarlo él… Y acá… y acá… - la bronca le hacía tropezar la garganta – Acá no hay ningún patrón que dé permisos… -
El hombre cayó de rodillas y levantó las palmas de las manos hacia el cielo, mejor dicho hacia el resplandor que le caía del cielo y delineaba los detalles de su ropa, su cuerpo y su cabeza. Pero no estaba asustado; seguía un impulso:
- ¡Escucháme, hermanito! Sólo estaba nutriando pa’ ganarme unos cueros… Hace mucho que vengo y nunca me llevé lo que no era mío… -
- ¡A mí no me diga hermanito! – exclamó el muchacho, sintiendo que lo apuraba la rabia y también otro poco la omnipotencia que pasaba a su pecho desde sus brazos y a sus brazos desde el peso del arma – Así que con cazarlas ¿las nutrias ya son suyas? ¡Pero mire qué fácil! – razonó a borbotones.
El hombre se alarmó y pensó que algo iba a suceder enseguida. Estiró más los dedos hacia arriba:
- ¡Perdón, señor! ¡Perdón, señor! – exclamó, tal vez respondiendo a un recuerdo lejano. Abrió los ojos y la boca, llena de dientes manchados, desparejos. El pucho se le cayó del labio.
La palabra emergida hizo buen efecto en el chico contrariado. Nunca se hubiera dado cuenta, pero su rostro se explayó. Se sintió disfrutar en ese momento del miedo del otro. Así eran los puebleros de tornadizos.
- ¡Vamos! Dése vuelta – se le ocurrió - y camine hacia las casas, aquellas casas detrás de la laguna. Son la estancia de mi abuela –


Uno de sus tíos estaba siguiendo los avisos de los teros y de algunas vacas y vio llegar la extraña comitiva, que cruzó ceremoniosamente la tranquera del molino negro y costeó la fila de álamos. No esperó a que llegaran y los vieran las mujeres en la casa. Tomó el caballo atado a la sombra de los paraísos, frente al galpón, retó a los tres o cuatro perros que amagaron seguirlo, y de un galope los alcanzó.
Al comprender lo que estaba pasando, se tranquilizó.
- ¡Epa! – sofrenó y saludó con la cabeza descubierta, único signo de que había salido apurado, el pañuelito de siempre al cuello - ¿Qué pasa, hombre? -
El chico se dio por aludido.
- Encontré a este tipo nutriendo, usando el bote del tío. Me quiso hacer creer que tenía permiso del patrón -
El tío pensó mientras su bigote rubio brillaba al sol:
- Bueno. Hiciste bien. Pero mejor bajá la escopeta – y le señaló que desmontara el gatillo, por lo menos.
- Mire, don – dijo el tío al intruso cabizbajo, con tranquilidad – Dentro de un rato agarro la camioneta y me voy al pueblo, así que vaya a buscar sus cosas y vuelvasé a las casas que lo acerco hasta Maipú. De ahí habrá venido ¿no? Y traigasé los cueros también, que no hay problema. Esta laguna no está encargada pero tampoco damos permiso a nadie ¿entendió? –
El hombre dijo: Sí, señor, se agachó como para pasar bajo la línea de tiro del arma a sus espaldas, y salió al tranco largo por donde habían venido, por donde los teros alborotadores paseaban arreglandosé las plumas, esperandoló para gritar de nuevo. Al tranco largo salió, apenas conteniendo las ganas de correr, respirar a gusto y putear a aquel pendejo atrevido.
- No le diste tiempo ni a ponerse las alpargatas – rió el tío, buscandolé gracia al suceso.
- Es un mentiroso de mierda… - dijo el muchachito, usando todavía de su bronca anterior, apoyada el arma sobre el antebrazo. Necesitaba justificarse.
- ¿Vos andás a pie? – Le preguntó el tío, sonriendo con toda su cara y sus bigotes sin recortar – No deberías haber montado el gatillo. Mirá si se te escapa un tiro y lo matás – el sobrino cabeceó que no, que a él no le pasaría eso – Tendríamos que hacer flor de pozo y enterrarlo sin que nadie se enterara, echarle cal viva, buscar sus cachivaches y quemarlos sin que nadie se diera cuenta. ¿Entendés? No es tan sencillo. No vale la pena. Acordate lo que le pasó al negro ‘Fino’. Después la policía investiga, más no sea que para sacarte plata –
No había reconvención en su mirada, aunque sentía que estaba haciendolé ver que algunas maneras de comportarse no pueden sostenerse en el tiempo.
Se miraron.
Un leve brillo iba y venía, buscando coincidir para reconocerse. El muchacho no pensaba pasar cerca de la laguna al regresar; iría por las lomas para ver si todavía daba con el encargue materno.
- Me voy a casa a buscar el caballo – dijo. La pierna derecha le temblaba un poco y no podía pararla. En cualquier momento podía empezar a temblarle la otra pierna.
Veía la espalda miserable del intruso mientras lo traía encañonado, en silencio, y las plantas sucias de sus pies buscando pisar la menta lagunera y luego eligiendo una rastrillada de ovejas por donde caminar entre los ‘abrepuño’.
Quería estar solo. Supo que pensaría mucho en lo sucedido y en lo que había sentido por dentro. Supo que se lo callaría, más o menos como hacía siempre, pero ahora más.
- Muy bien – dijo el tío – Después te veo. Te debo la gauchada – Tiró de las riendas y su tobiano retacón dio la vuelta sobre el anca y empezó el galope.
Los perros no se perderían de salir a recibirlo, enredados, celandosé entre ellos.
El hombre estaba muy serio como para hacerles caso.
El muchachito cruzaba el campo por la loma, la escopeta todavía en sus manos, y no podía evitar que los dientes le castañetearan como si un frío insoportable se le hubiera metido en el cuerpo.

Calificación:  Malo Regular Bueno Muy bueno Excelente Excelente - 2 votos  - Ingresá tu voto

Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
06/12/07 | 18:08: yllen dice:
Has logrado un clima muy fuerte y con excelente descripción de lugar y de sentimientos. ¡Ecxelente!
nellyfid@yahoo.com.ar
 
Últimas entradas del mes


Radio La Quebrada Radio de Tango Indexarte Escribirte OccidentesEscuchanos
Noticias | Efemérides | Novedades | Ventas | Biografias | Textos | Audio | Recomendados | Entrevistas | Informes | Agenda | Concursos | Editoriales | Lugares | Actividades | Blogs | Foros | TiendaFundación | Letras de Tango I | Letras de Tango II | Contacto | Boletín
© 2006-2017- www.escribirte.com | Todos los derechos reservados   | Diseño Web | Canales RSSRSS