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Luis Ignacio Hernandez
martinez - argentina
Nació la literatura en el preciso instante en que alguien necesitó expresar en palabras aquello que no podía ocultar en el fondo de su alma.
Quizá por eso escribo.
O no.
Quizá lo hago...
Porque...
No sé...
Quizá...
Porque...
Necesito expresar en palabras aquello que no puedo ocultar en el fondo de mi alma.
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Últimos comentarios de este Blog

03/07/11 | 01:13: stellamaris (detrasdelespejo) dice:
Hola, me has dejado estupefacta,no porque no sepa que las cosa muchas veces suceden así, que un médico no es Dios, yo tambien me pregunte algunas veces porque esta distraido? en fin, es una historia dura, cruel, como la vida misma y muy bien relatada. Te mando un beso vecino
28/08/10 | 00:40: stella Maris (detrasdelespejo) dice:
interesante, muy interesante me atrapó de tal manera que, cinco minutos antes yo ya estaba cayendo al vacío, Ja! un saludito vecino
19/06/10 | 17:40: claudia romi dice:
ese texto no es un texto informal esta mal pesimo xq el texto infformal es x ejemplo habla pata asi ps
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Entre un montón de papeles hay una hoja olvidada. Est&aacu... Ampliar

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emma





Desde allí, la vista del río era diferente. Ni espectacular, ni maravillosa, ni capaz de quitar el habla, ni ninguna de esas frases que suelen colocarse a continuación de un desde allí la vista del río era…
No.
Solía podría decirse que…
Desde allí la vista del río era diferente.
Emma ( así con esa doble m que le daba un ligero toque británico que distaba mucho de poseer ) tanteó con su pie derecho la rigidez estructural de la anoréxica cornisa.
Le pareció correcta para sus fines y, sin mirar hacia el jardín, que en barranca terminaba al costado de las vías del tren de la costa, dejó la protección del dormitorio principal.
Colocando su espalda y su cola bien apoyadas sobre la fachada del edificio comenzó a caminar, lentamente y paso a paso, hacia la ventana del cuarto de Paquito.
Decidió obedecer aquel, ahora consejo lejano en el tiempo de Waldemar.
La cosa para andar bien en mi trabajo, vea mi señora, es no mirar hacia abajo. ¿ Entiende señora ? Usted hace su tarea y se saca de la cabeza lo otro. Le repito, señora, nunca los ojos para abajo, nunca. Siempre para arriba, bien para arriba, por que sino el mareo la puede tumbar.
Vértigo se llamaba. No mareo.
Y podía ser muy peligroso.
En el velorio pudieron dejar el cajón abierto porque su Waldemar tenía el rostro sin heridas.
Nadie supo jamás que eso era lo único sano.
¿ Quién podría hacerlo ?
Se encontraba tan sola.
Tan desprotegida y vacía.
Era un extraño sentimiento, difícil de explicar. Tan difícil de explicar como de soportarlo.
Un día eran ella y su hombre y, al siguiente, el objeto del forzado consuelo de unos extraños
para los cuales pronto pasaría a ser la viuda de un mal recuerdo.
Era así, y no de otra manera, como se sentía.
Le pareció que se balanceaba demasiado.
Nervios, sin duda eran los nervios.
Y un poco de susto también.
Pensó que quizá el susto fuera mucho más grande de lo que se sentía capaz de reconocer.
Trató de distraerse mirando en dirección a una chata arenera que, por el canal costanero, navegaba sin apuro rumbo al Puerto de Olivos.
Por la dudas tanteó la pared.
No encontró ningún posible sitio del cual agarrarse.
Casi lo mismo que le sucedía con la viudez.
Recordó esos tres últimos y largos años en que no había encontrado, siquiera, ni un perro que le ladrara.
Alguien, no importa quien, que le llamara de forma cariñosa, que le dijera (o mintiera quizá ) de lo linda que estaba, que le elogiara su comida ( aunque fueran unas tristes milanesas ) y que la abrazara en esas noches de invierno en que las chapas del rancho dolían de lo frías que estaban.
Emma, el partido terminó para nosotras – su prima no era muy optimista.
Varios domingos, desnuda frente al espejo, trataba de justificarse al darse cuenta de que, pese a sus cuarenta años, sus pechos seguían erguidos y para su panza y colas no parecía haber pasado el tiempo.
No lograba entender la causa de que nadie en la calle le lanzara ni la más económica de las miradas.
Loca, llevamos la marca. Los tipos lo saben. Esta ya mató a uno, a mí ni que se le ocurra. Por eso no se nos acercan – Rosario, su vecina, jugando en la llanura de la filosofía barata.
Pobre Rosario.
Su Nelson había muerto quemado.
Ni cajón ni velorio.
Recordó que el pobre entraba en un florero de los grandes cuando se lo trajeron.
Pero, al fin y al cabo, a Rosario podían perdonársele los comentario.
Gracias a ella estaba ahí.
¿ Sabés de que casa te hablo Emma ? De una de esas que están en la barranca, en Acassuso. Perú y el Río. ¿ Nunca la viste en la tele ? Hacen propagandas y partes de novelas ahí. Cada tanto andan con las cámaras y las luces, dale que te dale. ¿ No te acordás que la otra vez te conté que me lo ví al Echarri de cuerpito presente y que casi me caigo redonda al suelo porque me saludó ? Necesitan una cocinera y si hay alguien que se las pueda rebuscar con las cacerolas, esa sos vos. Aparte, no buscan algo muy especial, con que puedas hacer unos cuantos huevos duros sin quemar el agua o servir un pedazo de queso sin la cáscara alcanza.
Una paloma, de forma repentina, cruzó frente a su nariz.
Casi se cae, pero logró hacer equilibrio.
Una pocas gotas, cayendo sobre sus ojos, le avisaron que transpiraba.
De la misma forma en que lo hacía Don Julián, aquella tarde de Enero en que la había contratado.
Seguía siendo una incógnita su patrón con la extraña pinta que le daban esa gorra azul ( que jamás se quitaba ), el abundante pelo blanco asomando por debajo, que culminaba en unas gruesas patillas sobre el curtido rostro y la pipa ( que él decía estar hecha de hueso de ballena ) llenando de humo la fina nariz subrayada por un gordo bigote, también canoso, que le había recordado a una antigua publicidad de sardinas en lata.
Parco.
Muy parco y un poco amargo.
Triste tal vez.
Su tarea será sencilla, Sra Emma. Preparará mi almuerzo y el de Paquito. La hora de entrada será a las nueve y la de salida, previa lavada de vajilla y cocina, será a las dieciséis.
A partir de allí, todo había sido el llegar a la hora convenida, encontrar el listado de compras escrito sobre un block que permanecía pegado, por medio de un imán, al lateral de una heladera que ocupaba media cocina, cocinar y, luego, servirle la mesa a Don Julián.
Atender a Paquito constituía la última tarea antes de la esponja, el detergente y el trapo.
Una ráfaga despeinó sin previo aviso a sus cabellos haciendo caer un mechón sobre su ojo derecho.
No se animó a correrlo de allí para evitar cualquier movimiento brusco.
La cornisa era demasiado angosta, tanto como la escalera y el pasillo que llevaban a la habitación del niño.
En un principio le había parecido algo interesante el hecho de cuidar, o por lo menos darle de comer, a un niño.
Es más, lo había considerado como una buena descarga para el asfixiado instinto maternal de un cuerpo que no conocía de embarazos.
La sorpresa del primer día aún le duraba.
Paquito no dejaba nunca esa habitación que permanecía en silencio durante todas las horas en las que trabajaba allí.
Ella sola tenía que llegarse hasta la puerta del niño y pasar la comida por una rendija practicada ex profeso en la parte interior.
Rápidamente había logrado convertirse en una especie de cuidador de circo, o zoológico, de esos que nunca están en contacto con las fieras.
Este no es un animal pensó mientras llegaba hasta el borde lateral de la ventana del niño.
La meta estaba cerca.
Pudo recordar las veces que había intentado ver a Paquito.
Tirándose al piso, boca abajo y probando a mirar por la rendija inferior sin llegar a adivinar ni la sombra del niño o ver la parte inferior de sus pies.
También había probado desde el jardín, pero el niño parecía no asomarse nunca a la ventana.
Lamentablemente le había faltado el coraje suficiente para preguntarle a Don Julian, del que no sabía si era el padre o el abuelo ya que parecía no ser muy viejo para lo primero y no muy joven para lo segundo.
Nada.
Y la duda era grande.
Por eso estaba allí.
¿ Tendría alguna deformación ?
¿ Sería en verdad un niño ?
Una pareja de siameses cruzaron por su mente.
Quizás era eso.
Se dio vuelta, con mucho cuidado, sobre la cornisa quedando enfrentada al ventanal.
La habitación era demasiado humilde.
No había un solo juguete.
Una mesa y un sillón de mimbre y madera, de esas que suelen venderse en el Puerto de Frutos del Tigre, y una alfombra de dudosa calidad cubriendo el piso.
El niño no estaba.
Sintió que había sido engañada.
Acercó la nariz al vidrio.
La figura surgió del único costado oculto de la habitación.
Elevó su brazo derecho y colocó la mano en señal de saludo.
Parecía darle una inesperada bienvenida.
Cuando tomó conciencia de la delgada estampa, la barba descuidada y el pelo largo coronado de espinas abrió su boca en señal de asombro y, sin darse cuenta, dio un paso hacia atrás.
Nunca mire para abajo Doña – le llegaron casi como un lejano eco las palabras de su Waldemar.
Mientras caía en dirección al jardín el tiempo le pareció algo intangible y comprendió, justo antes de tocar con su espalda el borde de un filoso cantero, que no tardaría en reencontrarse con su hombre y que estaría por toda la eternidad agradecida a Paquito y a Don Julian por semejante obsequio.




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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
28/04/08 | 11:41: GRaciela(JAQUE MATE EN LA COMARCA) dice:
Ignacio. Poco tiempo ando teniendo para visitar a mis copains de vuelo, pero vuelvo a visitar a aquellos que me dicen lo que quiero oír. Releo tu "Emma", y sinceramente me parece estupenda. El desarrollo es excelente, la trama impecable con ese final tan impredecible como alentador, desde lo que puede saber a tristeza o dolor, y sin embargo aquí, todo lo contrario.- Félicitations! A ver cuándo se lee algo más de lo tuyo y espero también tu visita por mi comarca. Cálido abrazo, Gracieal
graciela_errekart@yahoo.com.ar
 
22/04/08 | 13:32: Graciela (JAQUE MATE EN LA COMARCA) dice:
Luis:¡qué bueno es "deambular" por la página, cuando este devenir nos da permiso, y entrar "sólo por el nombre"..como en un juego. Este me gusta..éste no..y así uno llega, por ej. a Summertime y después lo abre y después. voilà! que sorpresa. Excelente excelente tu narrativa. Tiene crescendo, tensión, cuerpo, el vocabulario justo, preciso, esa "urbanidad" que se huele en las palabras. Leí tres o cuatro de tus textos para ver si la cosa era o no como me parecía.. y sí, me pareció que sí, me parece. Sigo leyéndote y disfrutando y te espero en "mi Comarca" para pasearnos por nuestros universos literarios. Creo que es la única manera válida de conocernos, "circular" entre los que estamos queriendo ser alquimistas en estas épocas sin magias. Tus textos buenos para guionar. Siempre les digo a "mis compañeros de vuelo" : no se queden con un solo texto o con el primero, lean al otro un poquito más , tal vez, todos podamos sorprendernos! Te estaré espernado entonces. Saludo cálido Graciela
graciela_errekart@yahoo.com.ar
 
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