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TINUS
Florentino Diez
Ingeniero White - REPUBLICA ARGENTINA
Soy eminentemente tanguero.
Jubilado Bancario
Nací el 16 de octubre de 1935
MI ESPOSA: Ángela Ventura
MIS HIJOS: Claudio Aníbal y Andrea Claudia
MIS NIETOS: Leandro Matías, Hernán Maximiliano, Braian Gabriel y Agustín Emiliano.


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Últimos comentarios de este Blog

14/04/15 | 23:06: Chalo Tascheret dice:
tengo 78 años y muchos ha que no tenia todo el texto de este magnifico poema , sabia parte de el , pero tratare de memorizarlo todo y guardarlo en mis muchos lindos recuerdo que guardare en mis memorias ,,,,,, gracias
17/11/14 | 02:01: luis oscar dou dice:
tengo 83 años y, aunque se de que trata el poema, hay una parte de la letra que recuerdo y no la encuentro en esta versión que dice: no silbes Lisandro, no ves que tus silbos parecen aullidos de perros. Recuerdos vagos de mi adolescencia.
23/09/14 | 19:40: Gladys B. Alarcon dice:
Linda poesia. Supe de ella por un grupo de amigas argentinas con quienes compartimos el gusto por los libros, la poesia, la pintura, en fin ARTE. La pagina: La Magia de la Lectura en Facebook. Lo invitamos. Tanguera de escuchar tangos desde que estaba pequenia. Me encanta la musica y lo invito a la pagina Musica de ayer de hoy y de siempre. Ecuatoriana viviendo en USA hace poco. Tambien jubilada, con 2 hijos y 1 hija, 3 nietas, 1 nieto y 2 bisnietas. Saludos.
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Este espacio estará dedicado a notas de cultura general, pero con inclinación a la música nacional, entendiendo como tal el tango y el folklore


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PUERTO WHITE - CRÓNICA DE UNA MASACRE OBRERA



PUERTO WHITE - CRÓNICA DE UNA MASACRE OBRERA
Debemos inventarnos la manera
de rescatar el tiempo.
De volver hacia atrás los siete años
y que se yo, vestirnos de pendejos,
o de sobrevivientes del Proceso.

Nos tiene que dejar este gobierno
volver hasta los veinte y veinticinco,
nos tienen que dejar vivir de nuevo
ese pedazo que pasó en tinieblas.

Ir al Banco de sueños y pedirlos:
Yo busco los de Juan, yo los de Pedro.
Lo mismo quedarían cantidades
(Que no pueden pedir, porque son muertos)

No queremos que nada nos regalen,
hagamos un acuerdo:
Ponemos el capital de la experiencia
y ustedes nos devuelven nuestros sueños.

B.Gagliardi (Rosario,Década de 1980)

Patriotas como Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi, entre otros, sostenían que solamente con una gran transformación socioeconómica para la Argentina, lograría la apertura de lazos comerciales con Europa y el mundo. Y ese intercambio mercantil debería ir acompañado por una política de inmigración sostenida, que poblara nuestras desiertas llanuras, expandiera la agricultura y la ganadería y diera lugar a un mercado interno, capaz de abastecer a la república.
El proceso de inmigración venía tomando impulso desde 1812 y no dejó de crecer hasta 1880.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, se efectuaron promociones de la inmigración, que aseguraban no solo trabajo sino rápido y fácil acceso a la propiedad.
La conquista del desierto, viene a multiplicar el caudal de extranjeros que se radican en el país, atendiendo la ampliación de las áreas agrícolas.
Seguramente, que no se previó, que un caudal semejante de personas, impidió dar cumplimiento total a las aspiraciones prometidas.
Hacia fines de siglo el flujo de inmigrantes fue incrementándose hasta la conflagración mundial de 1914,
Bahía Blanca es un centro poblado de origen moderno y la citada conquista del desierto en 1879 abrió posibilidades de progreso de toda la zona circundante. Cuando en 1884 se tiende el ferrocarril que unía a esta ciudad con Buenos Aires, se construyeron muelles y dependencias en el puerto local, comenzó a tomar la relevancia de sitio estratégico de salida desde el sur y la zona de la pampa húmeda, de productos de su producción y entrada de productos manufacturados.
Justamente ese momento propicio se potencia con la presencia decisiva de los inmigrantes,
Predominaban los italianos y españoles, pero también llegaron franceses, alemanes, británicos, judíos, dinamarqueses, búlgaros, griegos, etc.
Las seguridades prometidas a los extranjeros. Se teorizaron medidas para preparar la recepción de inmigrantes entre ellas una Oficina de Inmigración, que debía atender los pedidos de mano de obra y todo lo relacionado con la llegada, asesoramiento y posterior ubicación.
Se trabaja en censos para adecuar la realidad a la necesidad, que se entregan a los organismos pertinentes de la Nación.
Pero 1891 se cierra la oficina de Inmigración en Bahía Blanca y todo el trabajo realizado resulta archivado y los extranjeros llegan sin destinos prefijados y a jugar su propia suerte. No encontraban ni siquiera quien los recibiera, les buscara un lugar y de no haber sido por el Ejército de Salvación, hubiera carecido hasta donde cobijarse. Algunos se asentaban en la estación ferroviaria
Se decidió construir un hotel de inmigrantes, que tuvo en principio otro destino, el ejército y recién en 1911, pudo alojar a cerca de mil personas.
Un vecino Ricardo Rosas, que loteaba terrenos en lo que actualmente es Villa Rosas, ofreció levantar un hotel en dicho lugar que, una vez terminado, se cayó en la cuenta que por hallarse a varios kilómetros de Bahía Blanca, resultaba inconveniente para su utilización, por lo que se dispuso destinarlo a cuartel militar. Hoy en ese local está funcionado el Hogar del Niño.
Bahía Blanca y su puerto crecían en base a las inversiones y trabajos que realizaban capitales británicos, que trajeron el ferrocarril, los muelles, los elevadores de granos, y con el fruto de nuestros campos se llevaron la sangre de nuestros gringos.
Los rieles se extendían, los muelles se implantaban, las moles de chapas crecían.
Nada bastaba a la voracidad inglesa. Esos hombres que llegaban de una realidad miserable, necesitaban las migajas que cambiaban cada día por los jirones de su salud que menguaba poco a poco. Y por temor a perder ese bocado miserable, para su familia, inclinaban la cabeza, rogaban al cielo por fuerzas y seguían con más furia dándole al martillo.
Hasta cuándo podrían aguantar?
El descontento, murmurado primero, comenzó a elevar el reclamo y en Ingeniero White, empezaron a surgir, casi por generación espontánea, y las ideas reivindicatorias comenzaron tomar relevancias en las agrupaciones anarquistas dentro del movimiento obrero. Insensiblemente se opusieron leyes de Residencias (1902) y de Defensa Social (1910), para “proteger” la salud de la mercadería de exportación.
La salud social se tomaba como una ecuación económica.
Surgen coincidentes con las tropelías de la empresa ferroviaria, en 1901, La Casa de Pueblo, donde funcionaba una escuela y publicaciones como “La Protesta Humana“, un círculo de libre pensadores, y la hoja informativas, “Brazo y Cerebro“, “La Agitación” (1901), “La Rivolta” (1902) en principio y luego en la década del 20 “El Changarín” y “Mar y Tierra”.
En agosto de 1901, 2000 trabajadores ferroviarios que construían el ramal a Coronel Pringles se declararon en huelga por haber incumplido la empresa inglesa, el contrato firmado meses atrás con los obreros, en que se comprometía a no despedir a ningún obrero hasta terminar la construcción de los terraplenes y a la rebaja del precio de la vianda que proporcionaba la empresa.
Los empleados nombraron al abogado Pedro Gori, para defender sus peticiones ante el ferrocarril. Pero la salud de Gori, parecía conspirar, con las posibilidades de viajar a Bahía Blanca.
Ese sábado una delegación se había adelantado a recibirlo en la estación La Vitícola.
Finalmente a las 3:40 ante la expectativa de 500 obreros que lo esperaban, visiblemente desmejorado, bajó en la estación Sud, el mediador, constituido en la única esperanza de los huelguistas. Las negociaciones se realizaron en el Hotel de Londres.
El doctor Gori, concluyó su visita a esta ciudad ofreciendo su palabra en la recién inaugurada “Casa del Pueblo” de Ingeniero White.
Finalmente al mes siguiente ya habían vuelto al trabajo obteniendo la mayor parte de lo solicitado.
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La noche primaveral del sábado 27 de octubre de 2007, fue poblando las sillas en el Museo del Puerto. A poco, hubo que habilitar más lugares y cualquier rinconcito era indicado para instalar un asiento. Incluso más allá, casi detrás de la escena un nutrido grupo de personas se inquietaba, ante el inminente inicio de la puesta. El clima se fue templando con la música motora de la lucha obrera. Incluso se tuvo la precaución de incorporar “frituras” a las grabaciones, para incentivar la motivación de la puesta en escena.
De pronto todo pareció envolverse en un halo misterioso y con la presencia de los actores, la antigua Subprefectura, pareció cobrar vida pasada.
Sacrificados trabajadores, empuñan los picos y las palas, los martillos y los remaches, el hilo y la aguja, las recargadas Puerto White 1bolsas de cereal, soportando la insensibilidad de capataces, pequeños verdugos que por un peso más vendían su alma al diablo extranjero.
Y mientras esos esforzados hombres y mujeres, trabajaban de manera inhumana, en dilatadas e insoportables jornadas, en los palacios de cuello y puños blancos, dentro de prolijos levitones o tal vez algún frac, los políticos comenzaban a rifar a la patria, en nombre de la tecnología, argumentando que no habría progreso sin apertura comercial y usufructuando los cargos, para ser los directos beneficiados, de los acuerdos con los cuervos de Londres.
Se silencian las voces, que protestan, se castigan las rebeldías con rigores castrenses, y en nombre de la patria se sojuzga a aquéllos a los que lo prometimos cobijo y protección, los inmigrantes.
Y así como un acto de guerra, se elimina la denominación de “Puerto Esperanza” y en reconocimiento a los importantes servicios prestados desde la presidencia del ferrocarril, a los intereses británicos, se le asigna, brindis de por medio, el nombre de “Ingeniero White”, por el tendido de las vías férreas hasta el valle de Río Negro.
Mientras tanto, Bahía Blanca, eternamente fenicia, se complace en los progresos económicos, sin reparar minimamente, en lo que estaba ocurriendo con el pueblo, cada vez más oprimido.
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En los muelles donde se construían los elevadores que ampliarían el puerto de Ingeniero White, la empresa despidió a dos obreros remachadores que trabajaban en el Ferrocarril del Sud. El sábado 20 de julio de 1907, los obreros reunidos en asamblea declararon la huelga, exigiendo la reincorporación de esos compañeros, la jornada laboral de 8 horas y un 30% de aumento de salarios.
Pero una cosa fue la asamblea y la efervescencia de ese momento y otra muy distante la concreción el día lunes, cuando todos debían paralizar las obras. En pocos sectores se hizo efectivo el paro.
El lunes por la tarde, los obreros celebraron una nueva asamblea, que determinó la movilización en las instalaciones de la empresa, donde trabajaban 3.000 hombres. El conflicto no parecía salirse de sus carriles de negociación obrero-empresaria.
El martes 23 grupos de obreros comenzaron a recorrer las instalaciones, con consignas llamando a la huelga y a poco de recorrer los talleres, decenas de empleados comenzaron a seguirlos, sumándose al movimiento.
En el desorden los huelguistas arrojaban las herramientas al agua y descargaban su bronca con las máquinas.
La helada mañana invernal contempló a los vigilantes de la empresa, persiguiendo a los manifestantes y pretendiendo disolver la protesta. El momento se tornó intrincado, hubo gritos y consignas, mientras unos gritaban otros corrían. Hubo incidentes en medio del playón luego que los capataces Williams Kelly y Patrics O´Bryan, ingleses ellos, quisieron obligar a golpes aun obrero a permanecer en el trabajo. Según “La Protesta”, Kelly era “un déspota con los obreros acostumbrado a insultarlos de hecho y de palabra, y el segundo, O´Bryan, un rompehuelgas incorregible”.
Estos custodios cargaron las armas y dispararon sobre los manifestantes, lo que produjo un forcejeo donde dos vigilantes terminaron heridos.
Esa fue la excusa que las autoridades de Ingeniero White encontraron para desatar una violentísima represión, parecida más a una cacería de obreros como nunca antes protagonizada en la historia de la ciudad.
A las nueve de la mañana, los obreros salieron con rumbo a la Casa del Pueblo, entonando consignas, con la intención de celebrar otra asamblea.
Tenían la esperanza de poder detener la producción en el puerto, emitir un comunicado para instalar en el debate público la huelga.
En el local se izo la bandera negra en lo alto de la casona. Colmado de obreros el local, se formaron corrillos preliminares, en pequeños grupos reunidos por afinidad de idiomas.
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Las luces velaron la presencia de los actores. Cuando se iluminó el sector, la asamblea estaba en pleno desarrollo. Los obreros confiados en la razón que les asistía, cambiaban puntos de vista, estrategias a desarrollar, acciones a seguir.
El drama se estaba desatando, el oficial de la Subprefectura José Posse, fue el encargado de “mantener el orden, a cualquier precio” según la orden que le impartiera el Teniente de navío a cargo de la Subprefectura, Enrique Astorga.
“Astorga, según recordara ´La Vanguardia´, en esos días, forma parte de la nómina de cobardes que fueran protagonistas del polémico naufragio del buque de guerra ´Rosales´ el 9 de julio de 1892. Aquel barco se hundió, en medio de un temporal frente al cabo Polonio, en las costas del Uruguay cuando los oficiales entre los que se encontraba Astorga, se escaparon abandonando a la deriva a los tripulantes. El caso de la ´Rosales´ fue narrado por Osvaldo Bayer, quien analizó minuciosamente la acusación del fiscal Jorge Holson Lowry, quien pidió la pena de muerte para el Capitán de Fragata Leopoldo Funes, comandante de la ´Rosales´ y penas de varios años de cárcel para el resto de los oficiales. Los acusaba de falso testimonio y de ser partícipes de una maniobra cobarde que dejó librado en medio del mar, en un barco a punto de hundirse, a unos 80 marineros, quienes finalmente murieron todos”.
Con un grupo de 18 hombres caminaron las dos cuadras y unos metros que los separaban de la Casa del Pueblo. Iban armados convenientemente para reprimir a los responsables de los incidentes. Se apostaron frente al local donde se llevaba a cabo la asamblea, en dos hileras, y sin previo aviso recibieron la orden de abrir el fuego. La tropa asombrada no se animó a obedecer la orden, por lo que Posse, alterado, sacó su propia arma y al repetir la orden, fue el primero en disparar. Entonces si la tropa procedió a disparar la primera ráfaga de los fusiles Máuser.
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Como desde el interior, se escuchó, como respuesta un: “¡viva la anarquía!”, se repitieron siete descargas más. El pánico dentro del local era total y el miedo se extendía a las casas vecinas.
Las paredes agujereadas por los impactos de las balas sembraron de sangre el piso de la Casa del Pueblo. Los obreros espantados se parapetaban en los rincones del salón o intentaban huir por los tapiales del fondo. Sin piedad el pelotón ingresó al local para llevar a cabo su desalojo. Entre gritos, continuaban disparando amenos de cinco metros de distancia, a quienes intentaban salir.
Los heridos recibieron los impactos en el torso y las piernas. El palpado de armas que realizaron solo tuvo como resultado cinco cuchillos habituales en los atuendos de época.
A plena luz del día y en pleno centro comercial de Ingeniero White, se estaba produciendo un fusilamiento masivo y sangriento. Incluso resultaron heridas personas que simplemente se encontraban en el lugar ya que las ráfagas eran indiscriminas, como así los golpes de culata aplicados a quienes pasaban circunstancialmente por el lugar. José Falcioni, un joven italiano católico, miembro de la Sociedad La Siempre Verde de White y desvinculado totalmente de cualquier actividad gremial o política, pagaría con su vida aquel encuentro casual con las tropas represoras y sería asesinado dos veces.
Se decreta la huelga, se cierran los negocios en repudio al accionar de las tropas. El temor estaba en cada esquina. El pueblo desolado. Sin embargo ni aun con esta manifestación solidaria del pueblo, los represores recapacitaron. Revalidaron su posición inclaudicable al servicio de la empresa inglesa.
Hubo y es un deber rescatarlo, una actitud asumida por el ayudante de marinería Jorge Loppe, quien se negó disparar sobre los obreros, no participando en ninguna de las descargas que se efectuaron en la Casa del Pueblo, conciente de lo cobarde e irracional de la orden. Un ejemplo no imitado por sus colegas.
Astorga, ante los hechos, comenzó a enviar los informes a su superioridad. La fantástica historia que informó hablaba de huelguistas fuertemente armados y atrincherados, disparando fuego contra los marinos. Describía una rebelión armada al mando de grupos anarquistas, a quiénes les secuestraron armas en gran cantidad. Solicitaba refuerzos porque la seguridad pública estaba en peligro y adjuntaba relatos del titular de Correo y Telégrafos y del Inspector de Ferrocarriles. La versión resultaba tan difícil de digerir que hasta las propias publicaciones oficiales, tildaban el relato de: “impresiones un tanto exageradas, en los primeros envíos de Astorga desde Bahía Blanca”.
Por su parte “La Nueva Provincia”, tan afín a las fábulas navales, publicaba: “De repente suenan tiros y el capataz O´Bryan cae herido de dos balazos, uno mortal en el vientre y otro en un muslo. Junto a él cae el obrero J. Nelly con una tremenda puñalada en la espalda. La gritería era espantosa, los obreros empuñaban cuchillos y revólveres (…) según la versión policial los amotinados hicieron fuego desde las puertas y las ventanas, a cuya agresión ésta contestó con una descarga. En el local (…) se encontraron muchos revólveres y cuchillos en cantidad como para un pequeño arsenal,(…) Informes recogidos en Ingeniero White, aseguran que los 22 hombres de la Subprefectura Sur rodearon la Casa del Pueblo, tenían orden no hacer fuego, sino impedir cualquier tentativa y de cuidar que no salieran los huelguistas, pero que como éstos hicieron algunos disparos, contestaron con una descarga, repitiéndola por tres veces”.
En las pericias posteriores, no se encontró ningún impacto de bala en toda el área de tiro de la Casa del Pueblo. Ningún testigo, incluidos los marinos declaro haber visto armas entre los trabajadores. Tampoco resultó herido ningún efectivo de los marineros.
El hecho de reproducir los hechos alegóricos imaginados por Astorga le daba entidad a la falsa representación violenta e irracional que se le otorgaba a los anarquistas.
Astorga, llegó a solicitar una cantidad inusitada de personal, elucubrando un levantamiento violento contra las dependencias estatales.
Los detenidos fueron, Emilio Vázquez, español de 40 años, casado; Máximo Álvarez, de 20 años, español, soltero; Ricardo Goñi, español, 23 años, soltero; Francisco Buicione, italiano, 26 años, soltero y Benigno Fernández,30 años, español, casado.
Mientras en Ingeniero White, se realizaban manifestaciones para lograr la libertad de los detenidos en los calabozos de la Subprefectura, eran visitados los heridos, en el Hospital Municipal, por otros grupos de obreros. Se supo además que los dos capataces heridos que La Nueva Provincia, daba como muy graves, luego de atenderse se habían retirado, continuando su internación uno de ellos, a su pedido, en el Hospital Inglés de Buenos Aires, más por miedo que por gravedad.
También gremios solidarios, condenando el atropello realizaban colecta en beneficios de los trabajadores, que en una sola jornada logró abundante cosecha.
El diario El Comercio, publica un reportaje a José Falcione, gravemente herido, los indica como ajeno a las luchas proletarias y expresa, que: “Se dirigía su casa, cuando vio un enorme gentío frente a la Casa del Pueblo: Dice que había más de mil personas reunidas allí. Deseando saber que ocurría, aproximóse al local quedando en un grupo cercano a la puerta. Los marineros – agrega Falcioni - estaban formados en mitad de la calle, en dos filas. De pronto sintió unas detonaciones y seguidamente varias descargas. Cayo herido no sabe ni por quién ni como”
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El tema merced a la actitud del diputado socialista Alfredo Palacios, se llegó a debatir, en la Cámara de Diputados, donde a las presentaciones hecha por el diputado, el Ministro del Interior Manuel A. Montes de Oca y el Ministro de Marina Onofre Betbeder, citaron fraguados informes de provocaciones obreras previas y procedimiento inevitables para mantener el orden. De nada valieron los testimonios que se leyeron de médicos y enfermeros como así de testigos presenciales de la represión. Mientras, el militar justificaba una y otra vez el accionar de las fuerzas de represión, el ministro del Interior, filosofaba, - exhibiendo descaradamente sus periplos cuando ocupaba la cartera de Relaciones exteriores- , historiando los grandes movimientos gremiales que a su juicio inevitablemente si no se realizaban pacíficamente, terminaban con víctimas inevitables.
Quedaron testimonios en el libro de sesiones de la Cámara de Diputados de ese nuevo fusilamiento y estos testimonios:”Declaro que cuando me encontraba rodeando el cadáver de Falcioni, ví al comandante Astorga, que, revólver en mano, hacía fuego hacia la muchedumbre. Fui herido por él en el brazo izquierdo”.
Resultaron también heridos Charles Mechi, italiano de 22 años, con herida en la región lumbar; Andrés Francisco Vietti, de la misma nacionalidad y 24 años, herida de bala en la pierna izquierda; Antonio Silva, turco, de 24 años herido de bala en el brazo derecho, Fernando E. Di Giorgio, italiano, de 27 años, herido de arma blanca en el ojo y pómulo derecho. Este detalle según los que fueron asistidos en el Hospital Municipal. Una cantidad importante de heridos se atendieron en sus domicilios. Otra declaración importante se registró y la realizó el Teniente Jáuregui, quien declaró lo siguiente:
“Señor Diputado, Doctor Alfredo Palacios A su pedido no tengo inconveniente en declarar que hoy 28, siendo las 4 p.m. aproximadamente, al oír un tiroteo frente a la subprefectura marítima, vi. que el centinela de costas hacía fuego sobre algunos hombres que al sentirme en peligro me rodearon. Los tiros cayeron a mis pies y al ver yo mi vida amenazada, saqué el revólver e intimé al centinela cesara el fuego. Al reconocerme así lo hizo y pude evitar que se matara a algunos ciudadanos desarmados. Dios guarde a V. Teniente 1º Juan Jáuregui”.
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“La Vanguardia”, en su edición del 24 de julio de 1907, publicaba: “Bahía Blanca, 23 (2 P.M.) Los obreros constructores y remachadores de este pueblo, que se hallan en huelga, reunidos en la Casa del Pueblo, han sido asesinados cobardemente.”
“Corresponsal” – Bahía Blanca 23. Continuando lo comunicado a la tarde, adelanto las siguientes noticias: A la 10 A M de ayer, se encontraba reunido en la Casa del Pueblo de Ingeniero White, un número considerable de huelguistas. La Subprefectura, en conocimiento de la reunión, envió un piquete de marineros armados con Máuser, por encargo, según parece, de proceder sin miramientos, contra los
Al abandonar el local, los asistentes, fueron recibidos a balazos por la marinería huelguistas, que serían unos 800.”.
En publicaciones sucesivas, da cuenta, que luego de las primeras descargas acudieron 40 hombres del Octavo de Infantería destacado en la ciudad y un piquete del Cuartel de Bomberos, rodeando el local obrero y tomando presos a todos los que se encontraban en él.
También informaba que normalizada la situación se enarboló en la Casa del Pueblo una bandera roja con un crespón negro en señal de duelo y protesta por la masacre de obreros perpetrada cobardemente. Y que fue disuelta, con violencia, una manifestación de obreros bahienses, en repudio con los aberrantes crímenes cometidos.
Con el correr de los días fallecieron a causa de las heridas recibidas, Atiliano Pascual y José Falcioni.
Hasta pasado el mediodía, una multitud integrada por familiares y trabajadores velaron el cadáver de Atiliano Pascual. Luego partieron constituyendo un verdadero cortejo fúnebre popular. Los diarios populares hablaron de 5.000 personas desafiando el estado de sitio, llevando en andas el cajón sobre el que llovían los discursos. Valientes mujeres rodeadas de sus hijos, acompañaban a los obreros dolidos por el golpe recibido. A las cuatro de la tarde, se cerró el cajón, se entonó “La Marsellesa”, entre aplausos, gritos y llantos.
En al noche del sábado 27, fallecía José Falcioni, después de tres días de agonía

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El grupo teatral ambientó el velorio, sin golpes bajos, pero con la crudeza que debió contener en su momento. Y mientras en un doble y bien pergeñado juego escénico Astorga y su mujer se divertían y festejaban el esplendor y el reconocimiento otorgado por los patrones, el cuerpo de Puerto White 3Falcioni, recibía la despedida de los suyos, de la masa obrera de la que fue inocente mártir y del pueblo todo.
La actitud, soberbia, irónica y hasta burlona del Astorga provocó, la ira del cortejo que acompañaba a Falcioni a su última morada.
Y se levantaron voces de reprobación, entre los huelguistas que participaban.
Como respuesta Astorga mandó, nuevamente disparar sobre la gente, y él mismo descargó su arma sobre el ataúd, que quedó baleado, maltrecho y abandonado en la esquina de Guillermo Torres y Cárrega, frente a la Subprefectura. .…………………………………………………………………
En octubre de 1993 – relata Federico Randazzo en su libro “Las grietas del relato histórico” – en el Museo del Puerto de Ingeniero White, que funciona en lo que fueron las oficinas de Astorga, José Emiliano Falcioni, sobrino del obrero asesinado, relató detalle de los avatares que debió soportar la familia, en una charla publicada por la licenciada María Jorgelina Caviglia: “A mi tío lo hicieron pasar por anarquista y le negaron la pensión a la viuda. Mi tío no era anarquista. Mi hermano tiene todavía la Biblia que Mr. Holder le había regalado con una dedicatoria. Esto fue en julio, en octubre nació Giuseppina, mi prima. Mi tía planchaba cuellos palomita para ganarse la vida. Mis abuelos, amargados, se volvieron a Italia. Mi tía también…”
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Como consecuencia de los hechos, algunos de los huelguistas quedaron prisioneros, en represalia y a manera de disuasión para futuros hechos obedeciendo las sugerencias del ferrocarril de abortar de raíz, no solo esta huelga sino las que pudieran pergeñarse en el futuro.
Que hacer? Los miedos, la incertidumbre, pero también el descontento y la solidaridad de no abandonar a los detenidos, fue motivo de un encendido debate, que los artistas corporizaron en uno de los cuadros presentados.
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Las ideas anarquistas lesionadas por los hechos recientes, minaron la unión de pensamientos e iniciativas de los huelguistas. No demasiado convincentes, pugnaban por convencer a los compañeros para manifestar frente a la Subprefectura para exigir le liberación de los detenidos. Tarea no fácil. Los más pedían resultados, dramáticos resultados, como saber “porque iban a morir”; que los promotores de la acción no estaban en condiciones de asegurar. Manifestaban miedo, que los anarquistas no pudieron disimular que compartían.
Y a través de la suma de temores se logró una férrea convicción para liberar a los compañeros. Temblando de coraje, manifestaron frente a la Prefectura, hasta que vieron aparecer a sus compañeros liberados. Los abrazos, las palabras de aliento que intercambiaron, parecían querer fortalecer la enjundia de los días pasados.
Pero así como desde el sector estatal pareció aflojar la presión, el movimiento se había atomizado sin lograr ninguna de las peticiones que fueron el estandarte y el escudo de la lucha, las protestas tomaron un impasse.
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La constructora Walter suspende los trabajos declarando no poder aceptar las demandas de los trabajadores y es así que 2700 obreros quedan sin trabajo. Se inicia la migración de trabajadores, algunos hacia el campo para continuar con tareas rurales, otros a distintos puntos del país, donde tenían familiares o paisanos que pudieran darle albergue o facilitarle el ingreso a algún trabajo.
Los menos, tratan de volver a sus países de origen debido a los costos de la aventura.
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La escena de la despedida resulta conmovedora, como en general lo fue toda la puesta. Se fortalecen unos a otros como asistiendo recíprocamente a muertes civiles colectivas. Prometen no cortar los lazos amistosos que la solidaridad ha transformado en uniones sanguíneas. Y alegóricamente fue a simular que: Sacrificados trabajadores, empuñan los picos y las palas, los martillos y los remaches, el hilo y la aguja, las recargadas bolsas de cereal, soportando la insensibilidad de capataces, pequeños verdugos que por un peso más vendían su alma al diablo extranjero.
Y mientras esos esforzados hombres y mujeres, trabajaban de manera inhumana, en dilatadas e insoportables jornadas, en los palacios de cuello y puños blancos, los Coleman, los Moore, como arquetipos disfrazados con el corte irreprochable de un esmoquin o de un frac – diría muchos años después Agustín Magaldi -realizan viajes de placer como para aliviar sus atormentadas almas.
El último cuadro se cerró con un emocionante recorrido con carteles recordando las grandes luchas obreras desde el inicio del siglo XX hasta nuestros días.
El cierre fue un cerrado, estentóreo y continuado aplauso, que premió la labor Mabel Travaglini, Natalia Sapienza, Jorgelina Fernández, Celeste Moore, Alberto Rodríguez, Hugo Ledesma, Tomás Scabuzzo, David Malaspina y Javier Klein con una magnífica, dinámica y atrayente sucesión de cuadros, a cargo de Julio Teves. El aplauso se renovó ante la presencia requerida por Alberto Rodríguez del director del grupo Nuevodrama. La música – excelente – la manejaron Carlos Pohle, Sebastián Andrés y Nicolás Fernández Vicente.
Los que estuvieron a cargo de crear Puerto White colectivamente, formando el Teatro Alianza, fueron Coral y Dardo Aguirre, Ana Casteing, Ernesto Malisia, Mónica Morán, Néstor Rivero, Hugo Singh Chuhan, Jorge Surkin, Julio Alberto Teves, Juan Carlos Torresi, Juan Carlos Valiente y Olga Vallasciani.

Los trabajadores que vivieron la pueblada de 1907, fueron entre otros cuyos nombres no trascendieron: Fernando Giorgi, Carlos Macchi, Andrés Bici, José Falcioni, Andrés Belauzarán, Antonio Silva, Héctor Pompey, Andrés Franciscovich, Atiliano Pascual, Licinio Romano, José Arboira, Emilio Vázquez, Maximiliano Álvarez, José Oldeira, José Elisei, Ricardo Goñi, Francisco Bulcioni, José Ubini, Benigno Fernández y Adán Giménez.
Olvido? ¡Nunca!
Entonces los ataúdes se sellaban con una larga estañadura, par evitar que las emanaciones del cadáver se propagasen más allá del cajón. Era un trabajo peculiar que se encargaba a los hojalateros, habitualmente dedicados a parchar cuentones y ollas o las maltrechas chapas de los techos de las casas. Así ocurrió ante el fallecimiento del capitán de navío Enrique Astorga, que estuviera cargo de la Subprefectura Marítima del Puerto de Ingeniero White, entre 1899 y 1914.
Era el mismo asesino que ordenó el fusilamiento de obreros en la Casa del Pueblo en 1907 y que días después, ordenó disparar contra el cortejo y el féretro donde se trasladaba a una de sus víctimas, José Falcioni y algunas de las balas acertaron al cadáver.
Habían pasado muchos años y cuando llegó el momento de sellar el ataúd, se convocó al hojalatero. Pidió a los asistentes que se retiraran para realizar su tarea y una vez a solas con el cajón,- vinieron a su mente los hechos del fusilamiento de obreros del que él había participado - accionó el soplete sobre el rostro de Astorga, mientras repetía:”esto por Pascual”, “esto por Falcioni”, continuó recordando los nombres de las víctimas de ese asesino en la pueblada de 1907. Selló efectivamente el cajón y luego recibió su paga y se fue.
Mucho tiempo después lo contó a sus nietos y fue este joven quien luego de la puesta de la obra Puerto White 1907, esperó en las escalinatas del teatro Municipal a los actores, para referirles lo que su abuelo de había relatado.
Y uno de los actores la contó treinta años después, en La Cocina del Museo del Puerto
En el patio de este edificio, que fuera creado en 1907 como Resguardo de la Aduana del Ferrocarril del Sud y que ocupa el Museo desde 1987, alberga al museo, donde sucede la escena, en la que aparece Astorga de bigotes, todavía con el rostro intacto.

Federico Randazzo, en las páginas finales de su libro “Las grietas del relato histórico”, dedica un párrafo a la puesta en escena de “Puerto White, historia de una pueblada” “Esta primera matanza obrera quedó grabada en la memoria colectiva de los habitantes del puerto. Al comenzar la década del 70 fue rescata por el Grupo Teatro Alianza, que realizó una profunda investigación antes de presentar la obra “Puerto White, historia de una pueblada”. Este grupo involucrado con el debate y la estética de la época, estrenó el espectáculo en Villa Nocito, una de las barriadas más emblemáticas de la ciudad. El golpe de estado de 1976 los encontró presentando el espectáculo en Colombia, donde a causa de la enfermedad de uno de los miembros del grupo la compañía finalizó imprevistamente la gira.
La investigadora de la Universidad del Sur, Licenciada María Jorgelina Caviglia y el poeta y profesor de letras Sergio Raimondi, junto con el equipo del Museo del Puerto de Ingeniero White, realizaron en los últimos años otros aportes fundamentales para que este hecho forme parte del relato histórico del Puerto”

Quienes presenciamos identificados con la historia, con el lugar, y con la actuación de nuestros artistas bahienses, nos sentimos conmovidos hasta las lágrimas y quedamos con las manos moradas de aplaudir. Sentir, ver que se reproduce tal fielmente, con tanto énfasis y rigor histórico, un pasado tan horrible, pero que es imprescindible de conocer. Escuchar que con tanto sentimiento se nombra al pueblo de uno:”Guaite”. Fue un momento impagable. El “amigable” despliegue escénico, casi sin solución de continuidad, que fueron hilando el desarrollo de los hechos, el uso de recursos elementales, que no cortaran el clima creado, en fin, volví a revivir los tiempos cuando mi viejo me contaba sobre las luchas obreras y las contradicciones de las ideas anarquistas y el reparo de los inmigrantes por miedo al hambre. (Tino Diez)

Fuentes: El Museo del Puerto de Ingeniero White, Sobre, con panfletos del “Mitín Anarco” y el libro “Las grietas del relato histórico” de Federico Randazzo.

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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
15/10/08 | 19:35: silvina este viala dice:
Hay...mi querido Ing.White, si he recorrido su plazoleta, y he dado vueltas en el lomo de "chiche", el caballo blanco de stacco, carro de sifones de soda tirado por ese fiel caballo que manejaba mi tio, que a su vez fue bombero voluntario de white, yo hace 37 años que lo añoro, y añoro tambien mis raices porque jamas conoci a mi padre biologico, que tambien era de white, pero que si dios quiere con mis casi 38 años, me dios vida para poder estrecharlo en mis brazos y poder conocerlo algun dia, white en mis recuerdos es muy importante para mi, naci en una casa de chapa y madera frente a la municipalidad, en san martin 3457, y buscando encontre esta pagina, los felicito y sigan asi. adelante silvina.
thinsha@hotmail.com
 
21/11/07 | 19:25: ANA MARIA VAZQUEZ dice:
SR TINO: ENCONTRÉ SU BLOG DE CASULIADAD BUSCANDO COSAS DE WHITE. DE VERDAD, NO SOY MUY ADICTA AL TANGO, PERO SOY NACIDA EN WHITE.UN MONTON DE LOS RELATOS QUE UD. HACE ME TRAEN MUCHA EVOCACION mI FAMILIA MATERNA FUE UNO DE LOS PRIMEROS POBLADORES DE LA LOCALIDAD LUCIANI Y ESTOY EMPARENTADA CON LOS ANGELOZZI (TULIO) QUE FUE COMO UN TIO PARA MI Y TENGO PRIMOS HERMANOS COMO LOS GENOVALI, CALLE ARANZOLO QUE SUPO SER MUY POPULAR EN EL CLUB COMERRCIAL Y TODOS LOS LUCIANI QUE HAN ESTADO EN LA PRESIDENCIA DEL MISMO CLUB. lE AGRADEZCO ESTOS RECUERDOS Y EVOCACIONES QUE AL LEERLO SE NOS PIANTA UN LAGRIMON......POR RAZONES DE TRABAJO HACE MUCHOS AÑOS QUE VIVO EN TANDIL PERO PARTE DE MI FAMILIA RESIDE EN PUNTA ALTA. mUY AGRADECIDA POR TODO Y ME GUSTARIA HACERME DEL LIBRO DE AMPELIO LIBERLI ¿DONDE SE CONSIGUE? ATENTAMENTE dRA. aNA mRIA vAZQUEZ LUCIANI
ana_m_vazquez@hotmail.com
 
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