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Un humilde homenaje a Andrei Tarkovski | Malo Regular Bueno Muy bueno Excelente Excelente - 4 votos

Los niños comprenden muy bien mis films.
No he encontrado un solo critico serio que llegue a la estatura de esos
Niños.
El espectador ideal para mi mira un film como un viajero mira el paisaje
Por el que atraviesa en tren”
Andrei Tarkovski.






Desde mi adolescencia hasta mis días de madurez siempre he sentido una sensación por demás incesante respecto al cine y la poesía, desde aquellos filmes de Buñuel, hasta muchas obras de Bergman, pasando por Fellini y Kurosawa.
De Luis Buñel recuerdo en particular un film tan psicológico como poético en donde los celos, la enfermedad tan marginal de los seres y la moral tan desatenta proclaman con una manera directa un identikit sobre esos parámetros, el film en cuestión se llama: ÉL, Y estaba filmado íntegramente en la etapa mexicana del director.
Pero si hay un director capaz de llevar toda la poesía, la música a los extremos más susceptibles de la sensibilidad no tengo ninguna duda que se trata de Andrei Tarkosvki, todos sus pantallazos nos dejan de ser una pintura que se mece sobre el celuloide y nos produce un viaje poético sin regresiones.
Nunca he sido critico de cine, ni mucho menos he tenido la audacia de enfrentarme por medio de la escritura a enfocar esos matices, pero si el cine se sitúa en un lugar de privilegio frente a la Poesía, me atrevo a conjurar sus acciones.
Así es como al ingresar al mundo mágico, poético, musical y hasta pintoresco de Andrei me lleva a descifrar un mundo olvidado por los seres, un mundo en donde desde la escenografía, desde el paisaje. Desde el mensaje mismo el film se convierte con total incandescencia en una plenitud poética que nadie debe dejar pasar por alto.
Un cine constituido de imágenes con actores cotidianos que llegan al fondo de la neblina humana para desarrollar en su medio un espíritu que abarca la inmensa claridad que se propone.
Todos sus films son extractos de su vida, en donde una madre, ex esposa y actriz ronda sobre ese Espejo, su film mas oscuro y a la vez mas personal.
En su ultimo film, el cual no deja de sorprender la calidad fotográfica, lo que en Tarkosvki es habitual, logra una potente equivalencia de los sentidos que fortifica con densidad cautivante la nostalgia reinante y dramatica de todo el largometraje.
De acuerdo al ya mencionado: El espejo, sigue la tendencia habitual entre su madre que ronda en simbolismos en casi todas sus obras, los poemas de su padre que fluyen desde el ritual de una cámara lentamente y de esa manera habitual logra sorprender por su fotografía y su poética, un film biográfico basado en secuelas de guerra, de la misma manera que su otra obra: La infancia de Ivan.
“El sacrificio” en cambio es la historia del ser que busca la llave de ese laberinto enfermo por esas cuestiones ecológicas, por un mundo des-urbanizado en naturaleza, un mundo donde el engaño lo redime y lo asusta, un mundo que le come las palpitaciones de amor con certera violencia.
Los dialogos frente al cartero, que evoca en su nostalgico cuadro una visión profunda de la vida.
La descomposición de un mundo donde la energía nuclear aterra y el hombre media sus estados frente a las interrogaciones de un hijo, sentados frente a un árbol, lo cual no deja de ser una pintura lograda con una calidad expresiva digna de una pinacoteca.
Esa relación humana llevada a circunstancias donde nos olvidamos estar sentados frente a una pantalla y penetramos en ese mundo Tarkovskiano dejando que los elementos se enlacen desarrollando nuestras vivencias particulares en esos limites donde actúa la poesía como único medio frente a una sociedad aturdida.

En “Solaris” basado en la impresionante obra de Stanilav Lem, Tarkovski recoge del libro la substancia pero con firme determinación lo lleva a planos personales en donde los interrogantes no cesan de fluir sobre perceptivas tan propias como la vida, la vejez y la muerte, la muerte de la mano del profesor que termina en el suicidio descompuesto por las vivencias que le vuelven.
Toda la película recorre fuera de la ciencia-ficción que enmarca el libro, un ritual marcado permanentemente de enigmas, comprensiones, misterios y meditaciones que se comprimen en cierta alusión litúrgica.
Tarkovski no deja de pintar en su cine ese óleo matizado en preguntas propias, preguntas frecuentes, donde el ser busca empeñosamente su misión, su razón existencial.
Es en ello donde se aproxima a la cumbre de la post-modernidad, dándonos como resultado un cine novedoso, donde el resultado del mismo se elabora sobre bases sociales de tiempo, espacio, misticismo, bases sobre las cuales la poesía ronda deliberadamente logrando un matiz donde el cine nos da permiso para ser un miembro mas.
Un cine que así como el surrealismo, salvando las diferencias, expone la pureza misma de la infancia y nos hace decir nuestra primera palabra con el sentimiento más puro acomodándose entre lo onírico y el ser.
Esa transformación de cine, ese sueño adormecido que la memoria no deja bullir, pero luego el alma traspasa, nos hacen viajar a direcciones centradas en donde los seres han olvidado por medio de superproducciones y efectos especiales la misión real tanto del cine como del teatro.
Sometido a su ambiente, su Rusia, con paisajes propios el cineasta evoca con una calidad poco habitual un enfoque de colores apagados que realzan la calidad.
El mismo lo afirma en una de sus entrevistas:
-Son los colores los que distraen.
Así logra ese claroscuro intenso que fortifica la poética en la base central de todas sus obras.
Siempre sentí que los elementos básicos de un film están sumidos con lograr esa permanencia del espectador, ese llegar a fondo a los asuntos del corazón y sentirse adiestrado en ese mismo ángulo de pantalla donde nuestra vida se identifica.
Allí es con seguridad que llega la nostalgia, la alusión a la muerte en boca de un niño que le pregunta a su padre los valores de la vida, los misterios de la muerte.
En su calidad de Poeta como su padre el director no deja de sensibilizar cada elemento, desde un campo, un charco, un árbol en invierno y llevarlo con un ritmo atemporal en cada recorrido de su cámara.
Es entonces cuando uno se pregunta, si el cine no debe ser la representatividad de lo irrepresentable, es decir un cine como elemento puro de la vida espiritual donde el ser encuentra su Yo, un Yo que habita continuamente en cada largometraje de este admirado ser,
Fuera de los contextos puramente comerciales, Tarkovski juega con esos entornos y cada historia encierra un ser que sufre, un poeta que mira pasar la vida precipitada, un amor que no es correspondido y se vuelve dócil desde los sentimientos de un océano, tal es el caso de Solaris.
Quienes vean sus obras comprobaran que son poemas retratados con imágenes justas que se concilian con los diálogos.
Recordemos por ejemplo “El sacrificio” su ultimo film, ganador de varios premios, este fue él ultimo film de Andrei que termino desde su agonía, desde su cama y en su legado nos deja una constancia de esto al advertir en el final del mismo casi simbologicamente la dedicatoria a su hijo.
Sabemos que la densidad que supone el cine ruso se expresa aquí con esa lentitud de cámara que busca en su fotografía todos los elementos naturales que en tiempo y el espacio suelen dar.
Bergman admiraba esas cualidades y las ha puesto en manifiesto en sus confesiones hacia este cineasta.
Sus film dan una perspectiva tan sutil, que desde que uno acomoda su mirada en la pantalla no se cesa de encontrar un rito desafiante una presentida esfera espiritual que contagia.
Se trata simplemente de asumir elementos visuales, cuadros, variaciones de Bach, que apunten finalmente a la riqueza del el espíritu. Él nos alimenta de un mundo real en donde el cine esta dirigido por la vida, no separa distancias, entre un loco y un niño entre un anciano y una madre.
Es el sacrificio, el árbol. La vida, la muerte que juegan un recorrido alcanzando su propósito.
Es verdad que los movimientos son pausados, pero es en esa pausa, en ese limite de tiempo es donde juega el parámetro: tiempo-espiritu, es allí donde nos lleva de la mano a dominios que siempre navegaron en nosotros y la vida se empeña en ocultarlos.
Siento que por adoración a la poesía, quienes participamos en las letras nos sentimos identificados con esos movimientos. Con esos espejos íntimos que este director nos concedió.
Desde la Infancia de Ivan, su primer largometraje, pasando por: El espejo, Nostalgias, Solaris, Stalker, Andrei Rublev. El sacrificio y hasta su primer largometraje en colaboración: La aplanadora y el violín, Tarkovski nos recuerda ese vinculo ligado a su personalidad, a sus vivencias, a esa casa incendiada de su juventud, en definitiva logra apuntar a un cine basado en el comportamiento humano rompiendo las tradiciones del costumbrismo y la conformidad del otro cine dirigido solo al entretenimiento.
Su ultima película lo expone en forma clara, ya encauzado en su mal, con poco tiempo para seguir latiendo debido a un cáncer terminal que lo asedia, es esa película es en donde nos deja un legado al cine que jamas ningún director logro dejar, ese sacrificio convertido en celuloide donde se siente a viva voz, cuadro a cuadro el mundo de un hombre ante preguntas místicas, ante antesalas de un espacio donde un reloj apura y la vida no cesa de ofrendar su corazón y su melancolía a los reinos del sentimiento.



Subido por Osvaldo Lázaro
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