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Misa de cuerpo Presente | Malo Regular Bueno Muy bueno Excelente Excelente - 4 votos

Misa de Cuerpo Presente

 

Caminaba sin esquina, pensando en el improbable hecho de una segunda vida, cual si fuera mi circunstancia actual solo un pasito más de una serie encadenada de vidas aun sin sentido; caminaba limpio de recuerdos, sin ilusión fijada en meta o logro mas allá del solo caminar solo.

Como explicar interesados en mis palabras insalubres infectadas y de desperdicio formadas, que ya no tenia motivos, solo el dar un paso tras otro, sin esperanzarme en la inconsistencia de otros seres, ni el camino posiblemente nublado en mi camino.

Vagaba cual religiosa alma penitente, buscándolo en mi mente el porque mi estado que hasta ahora lo noto tan evidente; evidente si, pues cuando estuve en la decisiva jugada que debía ser movimiento de ajedrez, le jugué el todo al albur de las cartas sin sentido y con razón de perder.

Perdía ya la razón, cuando le eche valor al asunto, seguía caminando y pensaba ya, en superación, en que ahora ya no estaba triste ni deprimido mucho menos cansado, ahora me encontraba desnudo, de ilusiones nada, pero si de ánimos irrevocables y sin lógica mas que caminar cantando.

Me cantaba, solo para mi, la canción de mi vida, y la cantaba después para todas las almas nobles de los americanos, como decía un viejo de antaño; mi deseo constante, que ahora le imaginen a este andante, cantando las letras que ahora escuchan de mi insana vida irrelevante, que cuenten la cantidad finita, en que camine cantando por mi esperanza ilusión e inspiración perdida.

Cuando note que de nada servía que por mas que creía no era feliz, me detuve en el canto, deje de escuchar la música que segundos antes me acompañaba, me detuve y me pregunte por que canta el que no sabe para que camina y mucho menos, por que si lo que hace no lo satisface lo sigue haciendo roboticamente, me asuste y empecé por desespérame y buscar una respuesta en las premoniciones o coincidencias.

Suplicaba, con suplicas de niño, con lloriqueos de borracho por no saber que hacer  para volver a ver el camino de mi ser, musitaba y alargaba las silabas finales de las frases, daba la impresión lastimosa de la lastima, lo se, me sentía culpable, por eso frente ala catedral de arrepentidos, muro de lamentaciones y mentadas, note el redoble de campanas con sus dos tiempos tristes, “misa de cuerpo presente”, aseguró un tipo mal encarado que vendía dulcecillos, “este pobre ni quien le llore”,  volvió a informarle al viento; me acerque al templo y lo único que se me ocurrió para que el perdonador único tendiera la disculpa a mis ofensas, mostrándome solo para que me viera humilde, hinqué mi rodilla derecha para mostrar una leve reverencia, el cadáver ignoro su identidad, no importa ya, pocos le lloran mejor dicho solo al frente una muchachita triste derramó lagrimas por este mal querido, para culminar mi actuación de arrepentido, deje caer llanto por mis mejillas, limpie el agua actuada y salí del momentáneo acto de fe fingida.

Llegue andando tras el muerto hasta un “campo santo”, si se le suele llamar así a estos lugares, fines insaciables devoradores de cuerpos putrefactos como este que me carga. Regresaba cual segunda ocasión era esta en un lugar como este, el viento me producía lo que ya me produjo en esa ocasión, primerizo me sentía cual alejada había sido mi visita de hoy a la anterior; cuanto quería estar en una de esas casas de cuerpos muertos, cuanto deseaba cual ilusión esperanzadora que regresaba a mi mente desde el momento en que perdí todo sentimiento, deseaba estar aquí, ¡morir es el modo!, ¿cómo? la dificultad, creé la única forma para mi debilidad de cumplir mis pasiones, “a manos de otro”.

 

 

 

 

 


Caminaba haciendo rozar sus muslos, roces lentos pero largos pasos, camino junto al extraño pero ahora bien diseñado hueco de carroña, paso sin percibir que una de sus piernas izo una jugada maestra a punto de caer al fin de los viajes míos, caminó trazando esos ochos sin fila, ¿seria quizá otra señal?, no, hasta eso es patético, dejar que la vida guié tus pasos, que las señales y símbolos se consideren en ti parte del camino.

En algún otro momento estaré como ahora, de cara al cielo en posición de vagabundo, frente al cielo que según mi madre me juzgara los actos y guiara mi alma al infierno o de ser posible con frágil movimiento me aceptara en el cielo; como puedes pensar en ser precavido, como aceptas que frente a ti en un pozo en esas cavernas sin forma tu presencia  amueblara con lujosa y despreciada inexistencia la estadía mortuoria y de  tus huesos eterna.

Aun girando en torno del destino no se puede creer en que esto se convierta en aquello, las miradas se pasaban dando explicaciones lógicas del por que y como de lo que creía mi estado de invisibilidad aparente, si la mente viaja a otro estado no en cuanto  a grado sino refiriéndome a lugar, entonces ¿sigo presente?, ahora que cuando la mente se va, el estado no importa, que cuando la mente se va  ya no esta en ese lugar físico del cuerpo, ahora yo ya no estoy, pude verme parado frente al agujero, frente a la vida que me espera, las miradas a un se posan en mi, y se van aun con la pregunta en los labios pero que jamás por ignorancia provocada a raíz de la persuasión del miedo, esa que reprime y utiliza, por esa ignorancia que mutila ideales libertinos, por eso nunca saldría de sus bocas la pregunta que se plantean.

Regreso del viaje mental y mi cuerpo esta en culequillas, salgo del estado (ahora si gradualmente), vuelvo totalmente y me pregunto la cuestión que los últimos días llevan buscando los que se dicen mis amigos, que aunque los comprendo no sabría explicarlo, por que ellos no entenderían como escucharme, dirá mi viejo maestro de las letras.

Creyendo que no podría hacerlo, por fin di un salto  al pozo, me sumergí en una maldita humedad pero para mi capricho acogedora; por fin después de mil vueltas tome asiento sobre una piedra grande vaciada con la que taparían el pozo al llegar su habitante. Los que pasaron me ignoraban, tal vez prefirieron no verme; mientras vacilaba entre salir  o permanecer escuche la historia de una imagen, de una virgen que residía en un agujero de un árbol enrejado para que esta simbología permaneciera para servir a los deseos de quien afligido perdido u olvidado se le acercara a exigir cumplimiento. Escuche la historia la razone y finalice por permanecer ahí sentado.

Otra vez en posición de vagabundo, renovó la lastima  y decidí salir, al asomar la parte suprema de mi ser, donde reside el modulo de las ideas, note ahí a ras de suelo, que en un árbol cercano no mas de tres tumbas a la derecha, dos del árbol de donde se esfumo la virgen, entre montoncitos de piedras mal apiladas una mano asoma su consistencia material, ¿humana?, no tal vez sea que me señala algo, ¡a! que rabia, las premoniciones otra vez, sin la menor idea ni la capacidad de dejar de consentirme la proeza, fui hasta el monto armado de protección rocosa, derrumbé el pequeño trabajo de premunir el objeto, bajo todo ese polvoriento guardián caía sola y sórdida la imagen cruda de un ser “supremo”,  de ser mas enajenado habría pedido perdón al dios por hacer el descubrimiento sin inquietarme al ver esta simbología que se creía robada tirada en basura, estuve a punto de colocarla en su jaula, pero mejor decidí hacer lo que muchos sabios realizan, la lleve al pozo, le di una cueva donde resguardarse, me sentí envidioso, le enviaba grandemente, de jaula a cueva no es cambio importante pero cuenta.

¡Reconozco esa voz!, si no podría ser otra mas que la sugerida en mi mente, una voz de hace como diez años, impositiva como siempre, paso mientras me sumergía a dejar la imagen, al oírle busque el anonimato tras hundirme en la preparación para cripta, después de un silencio que irónicamente me pareció sepulcral, salí del pozo antes de quedarme en el de manera permanente  por mi voluntad asida en este; junte eso que llaman valor y en segundas acciones en menos de diez minutos me resbale hacia a fuera arrastrando mi abdomen ala tierra que me quería en el pozo, pues las piedritas me regresaba derrumbándose para permanecer en el. Después de la lucha por salir, sacudí mis ropas raspadas y no escuche más ruido alguno.

 

 

 

 


Caminaba pensando en las finitas noches que como esta compartiría en lugar como este, que contemplo el eco sin esperanzas de los que fueron mis grandes alaridos y gritos de combate, con la muerte enfrente, de mortaja y en desuso mi futuro y sin destino creíble mas que un fin presentado de manera evidente.

Sin voz que no moleste, sin sangre limpia, sin fe aunque fuere mentida, sin nadie que lo impida que me ruegue que me pida, no confió en el juego que yo propuse, descontados mis mejores miembros, golpeados aturdidos e infectados, quemados tumorizados, efectos nítidos del por que mi estado.

Fue entonces cuando haciendo ancla cual ultimo peso, me aferre deteniendo mis carnes, encomendé a mis defensas evitar el golpe, a mi cuerpo detener al enemigo, mas cual contarios eran terminaron por unirse, fueron cada vez mas al reproducirse, la idea ya se fogueaba fatalitaria, no había mas camino en el andar, todo estaba decidido el juego perdía y este me consumía. 

 

 

 


¡Cuerpo respóndeme!, no le permitas me termine me fulmine; caminaba ya sin esperanza ni aliento como el tonto que escribe este cuento, me preguntaba y me respondía, yo tuve la culpa lo acepto, pero perdón pido al dios supremo, decía esto para ganar tiempo, para evitar el final de mi encuentro, buscaba la absolución, una respuesta favorable en las puertas de mi voz.

Ya perdido sin respuesta alguna, regrese al pozo de mis deseos, de donde salen los suspiros de los seres avecindados en cuartos de tres  metros boca abajo, en mi nueva casa no estoy lejos de ser lo que siempre fui, nada y nadie, como siempre, como en cama, en hospitales, escuelas, bares y parques, en la iglesia que lloré, y ahora invoco por ser en la única reverencia que tuve enfrente cuando las campanas doblaron a misa de mi cuerpo presente.



Subido por Fernando Castell
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