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EL CERO Y LOS SISTEMAS DE NUMERACIÓN- por José Alvarez López | Votar

EL CERO  Y  LOS SISTEMAS DE NUMERACIÓN

 

Por José Alvarez López

 

Los números que empleamos se llaman “números arábigos” para diferenciarlos de los “número romanos” en los que, al igual que en los números griegos, se empleaban letras del alfabeto combinadas en la forma por todos conocidas.

 

La diferencia, sin embargo, entre los dos modos de notación numérica no sería muy destacada si no hubiera sido porque los números arábigos… incluían el 0.

 

No hay en la notación romana —ni tampoco lo hubo en la griega— un signo para representar la ausencia de una cifra, por la sencilla razón de que los matemáticos clásicos desconocieron la existencia del cero, el cual no fue conocido por los europeos hasta que los árabes de España lo propagaron por el mundo medioeval.

 

Las ventajas del sistema arábigo son fácilmente comprensibles con sólo ponerse a pensar cómo podría efectuarse, con números romanos, una operación de multiplicación, o una ecuación.

 

Con un sencillo ejemplo, multipliquemos en números romanos, ciento treinta y siete por diez:

 

CXXXVII  x  X =  MCCCLXX

 

No se percibe la menor relación entre el número de la izquierda y el de la derecha.

 

Utilizando los números arábigos, la situación cambia por completo, y la operación se realiza sin más que añadir un cero al número que queremos multiplicar:

 

137  x  100 = 1.370

 

Se comprende, entonces, que el uso de los “ábacos” fuera indispensable en el mundo greco-latino para efectuar cualquier clase de cálculo. Las simples reglas de nuestra operación de dividir dos números, eran tan abstrusas que únicamente personas dotadas de particular habilidad eran capaces de aprenderlas.

 

Esta practicidad que permitió a los comerciantes un fácil tratamiento de sus negocios, y a los arquitectos, una simple operación para el cálculo de sus estructuras, fue lo que determinó la difusión mundial de los números arábigos.

 

Sin embargo, subsiste el misterio del origen de los números arábigos. ¿Los inventaron los matemáticos árabes? La crítica histórica siempre se ha inclinado a pensar que los árabes fueron, en realidad, los difusores de un sistema hindú de notaciones numéricas. De la misma manera que propagaron el sistema hindú del juego de ajedrez, y otro inventos traídos desde Oriente, en especial de China, como la brújula y la pólvora. Pues la primera mención de los cañones la tenemos en un texto alejandrino del Siglo VIII.

 

Así pues, para la crítica histórica, el cero dejó de ser una invención árabe y se transformó en un invento hindú. Pero tal idea no es completa, pues el apogeo cultural de la India (escultura, arquitectura, literatura) se halla también en los siglos VIII, IX y X, o sea en coexistencia con la expansión islámica que penetra en el corazón de la India.

 

Posteriormente —a comienzos del siglo XX con la ampliación de la arqueología— se descubrió que el signo para ausencia de una cifra, el mentado cero, era de origen babilónico. Según los estudios de Thureau-Dangin, dos mil años antes de Cristo, ya era conocido nuestro sistema de numeración decimal con el cero y el valor posicional de las cifras.

 

Casi al mismo tiempo, se descubrió que también los Mayas usaban el cero. Aunque ellos, como los vascos de hoy, no contaban de a diez, sino de a veinte. Contaban, evidentemente, también con los dedos de los pies.

 

 No quedan con esto agotados los métodos de contar, pues los mismos babilonios usaban un sistema “sexagesimal”, de lo cual aún quedan vestigios en nuestra geometría del círculo (360 grados), y en nuestros relojes (60 segundos, 60 minutos). Para ser completos, debemos añadir que los etruscos (y posteriormente los ingleses por herencia celta, conservada en Escocia), contaban de a doce. Este sistema se conserva todavía en las medidas de los tornillos, y en los sistemas comerciales, donde la “docena” y la “gruesa” siguen vigentes. Proviene de Etruria y Galia, grandes viajeros y comerciantes.

 

Cerrando esta crónica de los métodos de contar, debemos referirnos al llamado “sistema binario”, o sea al que cuenta con sólo dos cifras (0 – 1) y en el que se basa el funcionamiento de las computadoras, y de nuestras calculadoras de bolsillo. Por tanto, la mayor parte de los cálculos que se realizan en el mundo moderno, se hacen en base al sistema binario.

 

 

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Subido por Alejandra Talahuasi
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ACHALAY - por Orencio Julio Correas (toponimias cordobesas) | Votar

TOPONIMIAS de CÓRDOBA

(República Argentina)

 

POR

MAYOR ORENCIO JULIO CORREAS

 

“ACHALAY y no ACHALA”

 

 

ACHALA - Es la denominación toponímica de nuestras hermosos sierras.

 

El idioma quetchua contiene una palabra que es todo un poema y a la vez un símbolo. Es más, por sí sola concentra las más gratas sensaciones de los cinco sentidos humanos, y aún le sobra significado y prestancia para cantarle loas y hacer con ella la apología de los siete pecados capitales.

 

Ella es: ACHALAY

Y si tenéis duda leed:

 

ACHALAY mis ojos que la miran tanto! (vista)

ACHALAY las notas de sus cantos bellos! (oído)

ACHALAY las flores de fragancias gratas! (olfato)

ACHALAY las frutas de sabores varios! (gusto)

ACHALAY sus caricias que me miman tanto! (tacto)

 

Y siguiendo:

 

ACHALAY los lujos de mi amada tierra.

ACHALAY la envidia que les causa a otras...

....etcétera...

 

 

 ACHALAY no tiene un significado fijo porque puede ser aplicada a los diversos sentimientos humanos que la imaginación puede crear.

 

En el idioma quetchua es la reina de las palabras por su dulzura, su mística y su alcance: exclamar ¡ACHALAY! equivalía para el pueblo quichua todo un conjunto de sentimientos emotivos que ninguna palabra de otro idioma podía suplir o llenar.

 

Posiblemente figuraba en todos los cantos de la liturgia indo.incaica y por eso fue su perdición.

 

Los graves sacerdotes de la Santa Religión Católica, que traían la misión de cristianizar a todos los pueblos de la América conquistada, no podían permitir esta palabra que en todas sus oraciones y rezos tenía la facilidad de aplicarse como un vivo sentimiento religioso de sus originarias creencias en el Dios “Inti” (El Sol), religión del Inca y su casta, o en la Diosa Pacha Mama (La Tierra), religión del pueblo quichua.

 

Dejar la libertad de su aplicación en este sentido importaba que esos conversos revivieran u obstaculizan la gran fe un su Cristo Redentor, ya que en vez de pronunciar el ¡Dios Mío! Para sus rogativas al Señor de la Alturas pronunciaran el ¡Achalay! misteriosos de sus verdaderos sentimientos originales a sus dioses paganos...

 

Es indudable pues, que estos señores sacerdotes captaron este peligro y trataban en toda forma de que el pueblo quetchua fuese poco a poco olvidando su idioma, ya que hubo necesidad de impartir serias disposiciones al respecto como lo manifiesta el reverendo padre Mossi en su primera gramática quetchua, que dice:

 

...”y a pesar de que el S. Concilio de Lima act. 2 Cap 3 tiene mandado a los curas, bajo pena de excomunión y de S. Obediencia que a los indios se les enseñe la doctrina y el catecismo en quichua, sin que sea lícito a nadie variar el rezo o catecismo aprobado por el mismo S. Concilio; el día de hoy este idioma, tan preciso como útil, está del todo desatendido por aquellos mismos quizás que debieron propagarlo a todo trance”.

 

 Está claro, que el reverendo padre Mossi sin referirse a los señores sacerdotes, directamente, por su condición también sacerdotal, los señala como los responsables de que el pueblo quichua olvidara su idioma, pese a lo dispuesto por el S. Concilio y que nunca cumplieron por las razones que cito.

 

Hay que haber captado en la observación tranquila y desapasionada de quien no siente el misterioso atractivo de esta palabra el cambio que se opera en los rostros de las personas que la sienten y la comprenden, cuando se les pregunta por el significado de ACHALAY.

 

Pareciera que en lo íntimo de cada ser fluyera el recuerdo de satisfacciones que se fueron, pero que prestamente vuelven al pronunciar esta palabra, y la contestación es siempre casi la misma: “ACHALAY, señor, es todo lo más grande y hermoso que usted puede sentir o imaginar”, y con esto lo dicen todo, y uno todo lo  comprende.

 

ACHALAY debió figurar entre los cantos y marchas guerreras de los pueblos incaicos actuando como continuo acicate para levantar el espíritu pujante de las valerosas hordas de los ejércitos del Emperador Inca en sus avances de conquista y dominio por todo el territorio de lo que es hoy América del Sud, hasta que llegó el día fatídico del ocaso incaico por la presencia del hispano invasor que arrasó sorpresivamente, en lucha desigual y de exterminio al poderoso imperio.

 

Desde entonces ACHALAY sufrió las consecuencias de la sorda persecución de sus grandes alcances misteriosos y se convirtió también en exclamación de venganza que fue poco a poco perdiéndose entre los cerros del macizo andino “como lamento de una raza que se extingue”... Pero no murió, porque las tribus legendarias de su estirpe la guardaron silenciosamente en el corazón y la mente de sus hijos, como un legado que jamás a de perderse.

 

Una noche en que había sentado en mi mesa de campaña al casi octogenario amigo circunstancial que menciono en mi anterior publicación, al tratar el nombre de “Unquillo”, y conversando de Córdoba, le llegó el turno a las bellezas de sus sierras, que este viejo conocía por referencias familiares, muy lejanas y me dijo:

 

“Vea señor, no he tenido la suerte de conocer las sierras cordobesas, pero las conozco por mentas que hacían mis abuelos cuando yo era chico, y ellos sabían contar que sus parientes de antes y desde los tiempos en que no habían llegado los españoles o “huincas”, (cristianos), como ellos les decían, sabían ir todos los años en los veranos a pasarlos con las tribus de Quilino, los Camineguas, Comechingones y Sanavirones, de cuyos caciques eran grandes amigos que los recibían muy bien y con quienes se cambiaban valiosos obsequios como pago a las atenciones recibidas. Había que oírlos contar tantas lindezas y las fiestas que se hacían en la sierra de Achalay y no de Achala como la llaman hoy. Es una lástima señor, que una palabra tan linda y que decía tanto, como ACHALAY, los cordobeses la afrentaron dejándola tan fieraza al tuzarle la colita, llamándola Achala que nada dice”.

 

 Estas palabras de este sencillo representante de la raza aborigen de nuestra Patria fue para mí una gran revelación. Recién me di cuenta o conocí el verdadero nombre de nuestras sierras.

 

¿Qué misterioso designio obró entre los Sanavirones y Comechingones, que fueron los señores feudales de nuestras hermosas sierras cordobesas para que no captaran el significado grandioso de ACHALAY, como la denominaban las tribus norteñas? ¿La fonética o la incomprensión?

 

Yo creo que las dos cosas porque ambas razas adoptaron de la palabra ACHALAY, tan solo la exclamación “CHALAY”, como una expresión agradable al olfato, y que hasta hoy nos es dable escuchar dentro de nuestra provincia.

 

Desde entonces fue para mí una gran obsesión el poder corroborar lo que este viejo amigo me había revelado y no perdí oportunidad para consultar a todas las personas entendida de las provincias argentinas norteñas (Santiago del Estero, Tucumán, Catamarca, Salta y Jujuy), y la mayor parte de ellas me dijeron que efectivamente a las Sierras de Córdoba se les denominaba desde tiempo inmemorial las Sierras de ACHALAY, por sus bellezas, su clima y en fin por todos los dones que la naturaleza les había concedido y donde se encontraban todos los veranos muchas tribus norteñas para gozar de sus encantos, a la vez que para traer sal, frutas y yuyos silvestres para el invierno.

 

Lafone Quevedo define la palabra ACHALA en la siguiente forma:

 

“ACHALA” Sierras de Córdoba – al Oeste. Allí estaban las cuevas – Heredia pasó por allí – “Etimología” – Si la voz es quichua puede formarse de “Achay”, hermoso y “lla”, diminutivo de cariño. ACHALAY - ¡Ojalá! ¡Qué lindo fuera! Exclamación desiderativa muy usada y en boca de todos. En Cuzco: ACHALLAY - ACHALLAU, ¡Oh qué bueno! Etcétera... Etimología - <<Acha>>, hermoso y <<lla>> partícula desiderativa o de encarecimiento.  La “y” final parece ser el posesivo “mi”, en la fonología de esta lengua hemos visto que la letra “CH” equivale a una “L”, la que cuendo hiere a una “iy” suena como Ch, aunque uno no quiera. Siendo esto así compárese las voces: “alau”, ventura en guerra; “Aliy”, la victoria. En “alau”, tenemos la “ll” que notamos en ACHALLAU. En la frase Dios – llahuan, adiós (quedad) con Dios, se advierte el valor especial de la partícula “lla” en dicciones de súplica como ésta: ACHALAY : a Dios pluguiera, etcétera”.

 

(Y aquí hago notar al lector la razón de mis apreciaciones sobre ACHALAY, palabra que debía figurar en todos los cantos religiosos y guerreros indo-incaicos).

 

Gramaticalmente a la palabra ACHALAY, el reverendo padre Mossi la escribe ACHALLAY; Grigórieff, ATJAJAY - y Lafone Quevedo, ACHALAY, pero la fonética de todos coincide en: ACHALAY.

 

Con esto comprenderá el lector lo intrincado que resulta para un simple aficionado como yo el aclarar los nombres toponímicos de esta provincia de Córdoba (Argentina), que como en todo el territorio del país han sido mal traducidos y cuando los más eruditos maestros tampoco coinciden en la escritura o traducción de una palabra tan conocida como ésta y que está en boca de todos, como lo dice Lafone Quevedo y he tenido la oportunidad de comprobarlo personalmente en las provincias norteñas argentinas.

 

Por todo lo expuesto y los antecedentes que poseo resulta que nuestras sierras cordobesas, o sea el sistema orográfico del país no es ACHALA sino ACHALAY denominación que le hicieran las tribus norteñas que acudían a ellas en los veranos para gozar de su clima, sus bellezas, sus frutos y de todo cuanto de bello y hermoso ellas contienen; significado amplio que sólo concentra la palabra ACHALAY.

 

Buscarle otro significado, como he tenido la oportunidad de leerlo, aplicando a capricho denominaciones ambiguas y sin sentido común, me parece una ofuscación o negar lo que está a flor de labio:  “ACHALAY”, que dice todo, por “ACHALA”, que no dice nada, ni en quichua ni en ningún dialecto hablado por las tribus que ocupaban nuestra provincia desde la era pre-hispana.

 

El P.E. de la provincia argentina de Córdoba o algún legislador debería presentar un proyecto de ley para cambiar el nombre de ACHALA que indebidamente tienen nuestras sierras, por el de ACHALAY que les corresponde, a fin de que sustituyan todas las denominaciones que existen, por intermedio del catastro de la provincia y que pueda así tomar nota de ello el Instituto Geográfico Militar de la Nación, a los efectos pertinentes de su cartografía.

 

Y también para que las grandes corrientes turísticas actuales que acuden a nuestras hermosas y hospitalarias sierras repitan esa simbólica, misteriosa y mágica exclamación indo-incaica, tal como lo hacían las precursoras caravanas turísticas indígenas desde los tiempos pre-hispánicos...

 

¡ ACHALAY! ¡ ACHALAY! ¡ ACHALAY!

 

Mayor Orencio Julio Correas

 

Diario LOS PRINCIPIOS – Jueves 6 de enero 1949

 

 

 

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LAS RIQUEZAS DE LA ISLA ATLANTIDA por José Alvarez López | Votar

Las Riquezas de la Isla ATLANTIDA

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por  José Alvarez López

 

 

 ¿Quién era Critias?... Un discípulo de Sócrates y a la vez tío de Platón, y fue él precisamente quien le proporcionó el relato atlántico. Cuando terminó la Guerra del Peloponeso provocada por Atenas negándose a la paz propuesta por Esparta (la Gran Guerra minuciosamente descripta por Tucídides) los espartanos de acuerdo a sus leyes se retiraron del ática vencida, y dejaron gobernantes atenienses al frente de ella. Varios de los elegidos habían sido discípulos de Sócrates, entre ellos, Critias.

 

El diálogo platónico del “Critias” da forma final a la historia de Atlántida, (se usa aquí la traducción del griego de Francisco P. de Samaranch). A continuación Critias se explaya en antecedente del árbol genealógico de los reyes atlantes, dice que la isla era inmensamente rica y que su Casa Real era la más rica de todos los tiempos, para proseguir con los siguientes términos en su referencia a la producción minera de la isla:

 

“En primer lugar todos los metales duros y maleables que se pueden extraer de las minas. Primero aquél del que tan sólo conocemos el nombre, pero del que entonces existía además del nombre, la substancia misma: el Oricalco. Era extraído de la tierra en diversos lugares; era, después del oro, el más precioso de los metales que existían en aquel tiempo”.

 

“Análogamente, todo lo que el bosque puede dar en materiales adecuados para el trabajo de carpinteros y ebanistas la isla los proveía con prodigalidad. Asimismo ella nutría con abundancia todos los animales domésticos y salvajes. Incluso la especie misma de los elefantes se hallaba allí ampliamente representada. En efecto, no solamente abundaba el pasto para todas las demás especies, las que viven en los lagos, los pantanos y los ríos, las que pacen en las montañas y en las llanuras, sino que rebosaba alimentos para todas, incluso para el elefante el mayor y más voraz de los animales”.

 

“Por lo demás, todas las esencias aromáticas que aún ahora nutre el suelo en cualquier lugar, raíces, brotes y maderas de los árboles, resinas que destilan de las flores o de los frutos, las producía entonces la tierra y las hacía prosperar. Daba también los frutos cultivados y las semillas que han sido hechas para alimentarnos y de las que nosotros sacamos las harinas, sus diversas variedades las llamamos cereales”.

 

“Ella producía ese fruto leñoso que nos provee a la vez de bebidas, de alimentos y de perfumes; ese fruto escamoso y de difícil conservación hecho para instruirnos y para entretenernos, el que nosotros ofrecemos luego e la comida de la tarde, para disipar la pesadez del estómago y solazar al invitado cansado. Sí, todos esos frutos, la isla que estaba entonces iluminada por el Sol, los daba vigorosos, soberbios, magníficos en cantidades inagotables”.

 

En el primer párrafo de Platón se habla de un metal misterioso que siempre ha seducido la imaginación de los “Atlantófilos”: el Oricalco. Como puede verse por párrafos subsiguientes, no era el cobre ni el bronce ¿Qué podía ser entonces? Etimológicamente, oricalco significa “cobre de las montañas”, pero esto no aclara mucho en cuanto a la naturaleza del misterioso metal que sigue siendo un “monopolio” de Atlántida.

 

La abundancia de elefantes en Atlántida nos obliga a asociar este hecho señalado por Platón con las representaciones de elefantes en bajorrelieves mayas y olmecas de México precolombino. Como es sabido, el elefante no se conoció en América en las épocas citadas y su abundante aparición en los relieves y representaciones plantea un enigma arqueológico aún no resuelto ¿Los elefantes americanos fueron de origen asiático o atlántico?

 

En los pasajes que hemos visto referente a la alimentación nos habla de una isla feraz de clima subtropical, pero Platón se divierte intercalando dos acertijos no resueltos por ningún comentarista hasta ahora: el fruto leñoso que da bebidas, perfumes y alimentos, y el otro escamoso de poca duración, hecho únicamente para solaz y deleite. En la flora conocida por Platón en el Mediterráneo europeo el acertijo no tiene solución. Pero si nos referimos al cocotero, el cacao, la banana y el ananá, resolvemos el acertijo. Pero se nos aparece el problema de cómo Platón conocía tan bien estos frutos exóticos y centroamericanos.

 

  

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UN PINTOR EN SU ATELIER | Votar

UN  PINTOR  EN  SU  ATELIER

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Por Alejandra Correas Vázquez

 

“La pintura debe edificar un mundo”

Joan Miró

 

Akhenatón nos dará siempre sorpresas. Será el poeta revolucionario. El amante apasionado de su bella Nefertiti. El dulcísimo padre de seis nenas. El notable pedagogo que educa a sus mensajeros. El ideólogo que arrastra multitudes... Y también el artista pintor que decora con preciosismo la casa donde él vive con su familia. La cual no es un palacio. En este muchacho faraón, casi sin vida privada, no iba a ser difícil hallar nuevas facetas que nos sorprendan de él.

 

Su atelier de pintura hallábase al final de un largo patio, junto a los dormitorios en su casa particular de la ciudad nueva que él fundó: Akhet-Atón (Horizonte del Círculo Solar). Al lado de donde dormían sus seis niñas, hijas de Nefertiti, o sea junto a la algarabía de la infancia. El era una rey poeta que pintaba y un pintor que amaba la poesía.

 

En aquella encantadora casa, modesta para ser la de un faraón, que construyó para él y su familia sin ostentar lujos, todo estaba preparado para la creatividad. En su atelier, su sitio de estudios, Akhenatón poseía una suerte variada se materiales para artistas plásticos, que allí fueron hallados. Pinceles de fibras de palmeras, y plumas de dibujos hechas con espinas de pescado. Los frescos de esa casa donde representa a sus nenas, fueron hechos por él.

 

Las risas infantiles que lo enmarcaban aún se perciben en los bellísimos frescos de su vivienda, que reproducen escenas familiares y diarias. Algo ajeno al anterior protocolo real egipcio. No deja de encantar, que en aquella residencia notablemente familiar —que contrastaba con los palacios de los otros Faraones— en donde Akhenatón tenía su estudio de pintura, haya sido encontrada una fiebre de color. Obra suya.

 

En el “Salón Verde”, como se llama hoy día a esa sala principal, las pinturas se extienden sobre todas las paredes haciendo caso omiso de los rincones, lo que conforma una sola unidad, dentro de dicho mural. Se destacan allí escenas de la naturaleza donde no existe discontinuidad. Vemos allí el pensamiento “atoniano” (de Atón y los atonistas) expuesto como una unidad. Uno. Un todo.

 

El techo describe el cielo, el suelo un estanque. Es la reconstrucción a escala de la Creación ofrecida al hombre por Atón, como padre-naturaleza. El himno al sol del propio Akhenatón, escrito y firmado por él, se convierte aquí en el salón verde, en la Capilla Sixtina Atoniana, donde el grupo de “íntimos” como él los llamaba, debía tener sus reuniones dejando entrever tertulias amenas. Y quizás reuniones místicas solares donde la decoración preciosista, hacía que el Atón el Círculo, continuara brillando. Una obra maestra del propio dirigente.

 

   Aquel verdadero museo de arte que fue su casa privada, si lujo, donde importó más el buen gusto que la grandiosidad, fue concebida para una vida de hogar y no de corte. Tenía las dimensiones suficientes para una familia. Con un concepto muy actual, casi moderno, pues esta familia llevaba también una amplia vida externa, al sol, en la gran pileta pública, y en el parque de Atón. 

 

  La Sala Verde fue realizada al fresco, y este mural es el que ostenta por su tratamiento un avance conceptual en el terreno pictórico. En él asoma por primera vez un desarrollo plástico desprendido de la línea, donde el volumen y el espacio están dados por juegos colorísticos (como más adelante harían los renacentistas). Allí vemos que Nefertiti se halla recostada sobre un almohadón sosteniendo a la más pequeña. Las niñas se hallan desnudas, pues en todo el período de Atón se cultivó el nudismo. Akhenatón está sentado en una silla frente a su amada y en medio de ambos la hijita mayor abraza a dos de sus hermanitas. La otras dos, más pequeñas, se reparten cariños.  

 

Es una obra tierna, viva y lograda con genio. Ha brotado como una vertiente en una mañana de color. Y la naturaleza creada por el Sol, este Demiurgo Solar atoniano, responde afirmativamente al sentirse allí interpretada. Son ellos como familia que están vivos en el marco de su amor. Son ellos en conjunto recibiendo allí en esa Sala Verde a sus amigos, visitantes, adeptos, compañeros de ruta en esa vida plena. Todo color.

 

La línea al desaparecer ha dejado que el color exprese las imágenes. Tal como fue posteriormente la propuesta “impresionista” del siglo XIX. Las figuras se separan en transiciones cromáticas, proporcionándoles profundidad y volumen e integrándolas al espacio que las circunda. La colorística se ha transformado en un elemento modelador. Porque el Color en sí mismo, está formado por la luz del sol, por los colores del espectro solar. Significando con ello, que los atonianos ordenaban sus ideas en un todo de realizaciones conjuntas.

 

El encanto de tales escenas que aparecen en dicho mural, describe momentos eternizados para el tiempo. Y nosotros los modernos, al comentarlas, somos espectadores de un escenario estilístico intemporal, abierto a través de los siglos con una frescura viviente.  

 

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Subido por Alejandra Correas Vázquez
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VITALISMO Y MECANISCISMO por José Alvarez López | Votar

VITALISMO Y MECANICISMO
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por José Alvarez López

De un modo general, la mayor parte de los biólogos y todos los físicos que se ocupan de Biología, aceptan la presencia de mecanismos antientrópicos en los procesos vitales.

La discrepancia en las opiniones surge al considerar la naturaleza de estos mecanismos y su respectiva incidencia en el proceso. En este sentido es de gran interés la opinión del biólogo J. Monod (Premio Nobel) quien se mantiene en una posición fisiológica mecanicista, y sostiene que la estabilidad genética –la inalterabilidad del gen-surge de la existencia de mecanismos que corrigen las alteraciones que la entropía pudiera introducir en la disposición del código genético.

Monod se basa para esta afirmación en los mecanismos enzimáticos por él descubiertos, y muestran de qué manera los procesos químicos de las células son regulados mediante enzima excitadoras y enzimas inhibidoras producidas por el complejo mecanismo de las cadenas de ADN (la sustancia responsable de la herencia o sea el constituyente de los genes: Ácido desoxribonucléico).

Clasifica los genes en varios tipos y llama OPERONES a la combinación de genes ESTRUCTURADOS (que contienen toda la información) con genes OPERADORES (que permiten o inhiben la trascripción del código genético ad-hoc en el ARN mensajero).

Muy extensa y notable la obra de Monod, consideremos que uno de los casos fundamentales que está referido a su explicación de la ESCHRICHIA COLI que en pocas horas se adapta a alimentarse con lactosa y recomienza la vida del cultivo interrumpido al alimentarse la glucosa.

Subsiste, empero, una dificultad que minimiza los resultados obtenidos por Monod, en cuanto a la explicación general de los mecanismos biológicos responsables de la estabilidad de la herencia. Como observa Goldsby, los mecanismos propuestos por Monod responden al tipo de procesos conocidos de la Bioquímica celular que se caracterizan por su extrema lentitud. Al lado de estos mecanismos lentos ay otros mecanismos - también conocidos por los biólogos- que proceden instantáneamente y que no responden a la mecánica de Monod.

Por ejemplo, el llamado EFECTO PASTEUR o sea la conocida circunstancias de que las levaduras que ha sido privadas de aire modifican su actuación y comienzan a fermentar la glucosa. Una vez establecida la vida en ANAEROBIOSIS se permite el acceso de oxigeno al líquido de cultivo e “instantáneamente” las bacterias pasan a oxidar la glucosa consumiendo el oxigeno del medio. Lo ase así porque este proceso es mucho más económico para el mantenimiento de la vida de las levaduras que el complicado proceso de alimentarse en anaerobiosis a expensas de habilidoso y complicados procesos de fermentación de glucosa.

Los mecanismos de Monod se producen al llamado NIVEL INFORMATIVO o sea en relación al código genético que es igual para todas las células de un mismo organismo. Se trata, pues, de la síntesis de las enzimas. Los metabólicos y consisten simplemente en la inhibición y la activación de las enzimas sin cambiar la estructura de éstas.

La idéntica eficacia de los dos mecanismos muestra con claridad que el CEREBRO de la célula esta situado más allá de ambos mecanismos.

Desde un punto de vista general, toda explicación de los procesos de estabilidad hereditaria en base a dispositivos de autorregulación puramente mecánicos o entrópicos es total mente ilusoria.

En las teorías y las explicaciones de Monod es dable observar un deliberado esfuerzo por no introducir el Segundo Principio en Biología.

Todo esto muestra la importancia de la postura filosófica ah tenido sigue teniendo en el juego de las hipótesis científicas. El esfuerzo de Monod, tan loable desde el punto de vista de la experimentación biológica, corresponde a una posición filosófica que implica una toma de posición anterior al curso de los experimentos y estudios científicos.

Lógicamente quienes se empeñan en considerar los hechos de la vida introduciendo el análisis del Segundo Principio en la Biología deben estar en una posición no estrictamente mecanicista. Y esta actitud implica también una postura filosófica A PRIORI.

Se plantea el problema acerca de cual de al dos posturas filosóficas debe prevalecer. En este sentido Monod tiene mucha razón al afirmarse en sus convicciones mecanicistas por cuanto la historia de la ciencia nos muestra la auténtica riqueza de este tipo de pensamiento que ha conducido a todos los logros y avances de las ciencias hasta hoy. Sin embargo, este tipo de pensamiento ha hecho crisis en la Física y hoy los físicos han abandonado por completo el mecanismo. Por contraste, como lo señala Sharon, los biólogos sigue siendo mecanicistas ...una de las más notables paradojas del momento científico presente.

No se trata, sin embargo, en estas investigaciones sobre la introducción del Segundo Principio en Biología de adaptar una posición proclive a una filosofía vitalista. Con todo, y aún reconociendo que hasta ahora la filosofía vitalista. En Biología ha resultado estéril en cuanto a la obtención de resultados prácticos, no se puede negar que los vitalistas basaban sus análisis en hechos concretos y conocidos del proceso vital.

De un modo general, los biólogos vitalistas han pretendido colocar los mecanismos del proceso vital al margen del ser viviente.

El ser viviente —en una cruda presentación de esta filosofía— sería algo así como el autómata que se maneja por telecomando. Habría una inteligencia fuera del ser viviente que comandaría su actuación. De ahí el dualismo alma-cuerpo en que siempre se ha complacido la filosofía vitalista. Digamos que en relación al cuerpo han estado todos de acuerdo –todos los vitalistas y también los mecanicistas. La discrepancia con los vitalistas surge al considerar la naturaleza del alma. El dualismo cartesiano —que era en realidad un monismo materialista disfrazado— asociaba al alma con Dios y, desde luego, colocaba el comando de las funciones fisiológicas fuera del cuerpo. Los vitalistas de la escuela de Driesch (Jacob von Veskull,etc...) al observar que la subdivisión de los embriones producía dos animales idénticos colocaron el centro motriz de la vida fuera del espacio topológico ocupado por los cuerpos. Mucho más lejos que todos ellos llegó la discutida citóloga rusa Lepechinskaya que llegó a licuar embriones, pasarlos por filtros de porcelana y reconstruir en estufa elementos organizados (!). otro vitalista – Lysenko – distribuía los mecanismos hereditarios por todo el cuerpo y aún el medio en que vivía el animal.

No pudo probarse la exactitud de Lysenko, pero muchos hechos biológicos en cuanto a la influencia del citoplasma en la herencia —sobre todo en la descendencia por la rama femenina—le dan parcialmente la razón.

Citaré finalmente a otro biólogo vitalista HELAN JAWORSKY cuyas observaciones de correlaciones biológicas le permite concebir el conjunto de la vida como una entidad orgánica a nivel planetario.

Como quiera que sea, la estabilidad hereditaria no presenta ningún problema para los vitalistas. No tienen necesidad de ningún mecanismo para explicarla porque un alma colocada fuera del cuerpo no tiene por que ser afectada por las vicisitudes de la materia.

Hemos desarrollado estas disgregaciones —que podrían aplicarse— para el solo fin de establecer que la introducción del Segundo Principio en biología no lleva necesariamente a una filosofía vitalista. Aquí estamos empeñados en una tarea científica cuya filosofía consiste simplemente en considerar la insuficiencia del Primer Principio de la Termodinámica para explicar la totalidad de los procesos biológicos. Esta insuficiencia, por otra parte, es un hecho generan que se destaca al comparar el quehacer científico en biología con las modalidades ya clásicas de la metodología de las ciencias físicas, físicos-químicas y químicas. Sería insólito colocar al margen de todas las ciencias físiconaturales a la biología, como un quehacer SUI GENERIS apartado del resto del trabajo científico.

Contrariamente a lo que piensan los mecanicistas, de hoy la introducción del Segundo Principio en biología es una necesidad que se impone para no tener que hacer de la biología una ciencia que emplea elementos diferente a los empleados en otras ciencias.

Pero el análisis del Segundo Principio en relación a la biología, como ya hemos visto, nos coloca ante la disyuntiva de tener que explicar hechos aparentemente contradictorios con el actuar de la materia en el resto de los procesos físicos.

Debemos, con vistas a aplicaciones biológicas, formular el principio de un modo diferente de su planteo tradicional, y ya vimos vida equivalía a la proposición de Lord Keldin dad vuelta:

ES POSIBLE CONSTRUIR UNA MAQUINA, DE FUNCIONAMIENTO NO-CICLICO, QUE NO HAGA OTRA COSA QUE ELEVAR UN CUERPO Y ENFRIAR UN RECIPIENTE.

La construcción de tal máquina, sostiene algunos informatólogos, implicaría una violación del Segundo Principio, pero estos mismos autores señalan la influencia del Segundo Principio y sus Limitaciones.


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VILLA CARLOS PAZ
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Por Alejandra Correas Vázquez

Basado en el relato recibido de mi padre,
Dr. Oscar Correas
por boca de Don Carlos Paz

1 … LA CASA DEL MARQUÉS

El alma sevillana del Marqués de Sobremonte con su toque francés del período borbónico, está viva en su casa. Nadie la ha quitado de allí y todos vamos con alegría a buscarla. Forma parte de nuestro entorno cordobés y de nuestras nostalgias. No se parece a la sobria, imponente y pétrea estructura Jesuítica enriquecida con aporte nativo, que invade nuestra Córdoba Colonial, pero termina de definirla y le da la coquetería necesaria para completar un cuadro de época. Es distinta. Opuesta. Como opuestos fueron Austrias y Borbones, con dos propósitos disímiles de políticas y administraciones. Con la diferencia abismal en sus logros y el concepto de vida, que hay entre un Felipe II y un Luis XV.

Y ambos conceptos así yuxtapuestos, se hallan igualmente vivos y convivientes en el pasado nostálgico de Córdoba, con una garra persistente que ha sobrepasado el tiempo. Con la sobrevivencia centenaria de los antiguos profesores Jesuitas, los que un día fuesen arrancados de sus aulas a punta de espada, entre la gritería impotente de sus alumnos, encadenados y arrojados a la obscuridad de misteriosos carruajes, con un destino incierto. Y está igualmente presente y viva el alma del Marqués de Sobremonte en ese ambiente peculiar que él recreó. Por ello todos vamos con alegría a buscarla allí en su casa. Con su vigor y su pujanza. Con esa disposición para el protocolo, las fiestas y los convites, tanto como para el trabajo y las tareas. Para ser “sobremontistas” o sea, gente de empresa y proyectos nuevos.

El encontró una provincia destruida y dejó una provincia floreciente. Encontró una ciudadanía en decadencia y dejó una ciudadanía en crecimiento. Encontró cordobeses desesperanzados y dejó atrás suyo, cordobeses llenos de fe. Rescató la confianza cordobesa haciéndola resurgir desde adentro de sí misma. Devolvió la esperanza perdida después del gran desastre generado por la “expulsión” y la ciudad de Córdoba, para la que trabajó a denuedo, supo reconocérselo.

Junto al pórtico de entrada de su casa, enmarcado en ribete obscuro, se halla un cuadro de honor desde el cual nos saludan en bienvenida, los retratos —en daguerrotipo— de antiguos cordobeses del Siglo XIX. Entre ellos se destaca un caballero, que ocupa con derecho su lugar en este significativo ambiente :

"DON RUDECINDO PAZ"

2 … DOS PERSONAJES

Don Rudesindo Paz. Personaje especial que señala a toda una época y a un tiempo. El siglo XIX. La Belle Epoque.

En la entrada de una casa alegre, mundana y conciliatoria (hoy museo), la Casa de Sobremonte adonde los cordobeses de finales del siglo XVIII acudían para reencontrarse de nuevo consigo mismos, y que recuerda a un Marqués de gran vida social, comunicación y salones. Con espíritu de empresa y labor. Con fe en el progreso y en sus conciudadanos. Un gobernador alegre y creador, pero a la vez testarudo y enérgico ... cae como anillo al dedo la presencia de otro hombre alegre, social, progresista, maestro de vida como aquél, buen amigo, pero también testarudo y por momentos... violento.

Don Rudesindo fue un hombre del destino y por ende, o por nacimiento, habría de tocarle representar un papel de responsabilidad entre sus conciudadanos, para el cual tenía condiciones naturales de genio conductor. Y aunque no tuvo, ni alentó, ni se propuso representar oficialmente a Córdoba con cargos políticos, a pesar de ello la ciudadanía lo eligió como su referente. Situación muy distinta a la que debió encarnar y llevar con éxito en Córdoba, el gobernador Sobremonte, nuestro Marqués, quien necesitaba revertir la situación inicial. Crear simpatías entre una población cordobesa arisca y resentida que lo rechazó al comienzo y lo amó finalmente con gran admiración, siguiendo sus huellas.

Buscar adhesiones y ganarse apoyos, colaboradores, fue una tarea delicada lograda por el genio político de Don Rafael María Núñez, Marqués de Sobremonte. Quien llegó como un extraño, venció las resistencias creadas (por la expulsión jesuítica, una década atrás) y se ganó el respeto de los cordobeses con innumeras obras claras. Con palabras directas y sin ningún doble discurso, tal como él era. Y sobre las ruinas de esta provincia colonial, condenada al abandono, edificó un futuro de progreso que ya no se detendría ...Por ello “sus” cordobeses, lo han retenido en su alma para siempre y siguen cuidando su casa.

Fueron dos hombres distintos. Pero ambos comparten algo en común, dentro del alma de Córdoba, y ello hace que sea válido preambular el análisis con ambas figuras. Pues en los dos se destaca al unísono : el rescate humano. Tanto el uno como el otro, se presentaron en esta ciudad y provincia, cuando la sociedad cordobesa atravesaba por sendos conos trágicos de sombra. Y lograron hacerla renacer.

3 … EL PANAL

Gran figurón de su tiempo, bastón en mano y sombrero alto. Erguido. Elegantísimo. Fue el niño mimado de su ciudad. Don Rudesindo tuvo una destacada, tanto como elogiada, presencia en la Córdoba de su época. Poco debió esforzarse en la vida para vivir o sobrevivir, con todas las situaciones vitales resueltas desde el nacimiento, este hijo nacido en el suelo natal del General José María Paz y futuro padre de Carlos Paz. No tuvo que sacrificarse para vivir. La vida se le ofrendó con magnificencia. Pero él la lució con talento, esplendor, amenidad, buen gusto, gran capacidad comercial y “savoir faire”. Rudesindo tuvo un rico anecdotario personal, alegrando a Córdoba (una Córdoba doliente, sumergida en tragedias históricas del siglo XIX) y proponiéndole una salida del dolor, a través de la vida social y societaria. Tal vez, porque él era también a pesar de sus riquezas, hijo del dolor.

Esta era una Córdoba que emergía lentamente y casi cabizbaja, de una cruel guerra fraticida. Eran familias cordobesas con troncos comunes, que habíanse asesinado, perseguido y depredado, desaprensivamente, exhibiendo gran felonía. Ensangrentada en 1829 por su padre, por los enemigos de su padre, por dos partidos políticos enfrentados e irreconciliables a ultranza, y que no habían tenido compasión uno por el otro. Todos proscriptos de Córdoba. Todos expulsados de Córdoba. Todos exilados de la ciudad de Córdoba ... Incluido el General Paz, el propio vencedor de esa batalla de La Tablada, a quien se le negó el retorno a su suelo natal cuando quiso volver como delegado. No fue perdonado por los cordobeses.

Proscripto también de la ciudad el mismo general triunfador, de esa despiadada batalla sucedida en 1829, al pie de las barrancas cordobesas, que diera como corolario un éxodo masivo de habitantes. Inmensas humaredas cubrían aquella Docta incendiada, luego que José María Paz pusiera sitio a su propia ciudad natal con tropas regulares y bien municionadas. Cuando Facundo Quiroga hiciera dentro de ella una defensa descabellada también sanguinaria, imposible de concretar, con tropas irregulares armadas sólo de facón. Córdoba fue, pues, arrasada por ambos contendientes.

Don Rudesindo no llegó a conocer a su padre del que heredaría una gran fortuna, porque vivió siempre en Córdoba, la ciudad prohibida para el General Paz. Ya que los cordobeses le negaron el derecho de retornar en vida a la ciudad sufrida. El vencedor de La Tablada retornaría a Córdoba, sólo recubierto por su féretro. Había heridas abiertas que tardaron dos generaciones en cerrar…. Córdoba era entonces, una ciudad dolorida y lacerada. Una comunidad desunida … Pero a la cual Rudesindo iba a llenar de alegría, ofreciéndole como esperanza, la reunificación por medio de la vida social y societaria. Reuniendo a toda esa ciudadanía donde poco antes, unos desconfiaban de los otros.

Su acto primordial para ello, para acabar con todas estas guerras, sangrías, atropellos, odios, enemistades, tormentos ...Su acto principal medido con clara inteligencia, en el momento justo —como gran hacedor y diplomático que él siempre fuera— el más importante y que marcó una época de reencuentro para Córdoba, fue : la fundación del “Club El Panal”. El Panal donde se reúnen las abejas de una misma colmena. Creó una nueva conciencia para Córdoba... Córdoba reunificada.

El Club “El Panal”, el centro societario, origen del posterior Club Social de Córdoba, origen de toda la actividad social de la vieja Córdoba. Su vida comunitaria. Su lugar de convivencia. Lo que ya había iniciado el Marqués de Sobremonte en el siglo anterior, con su salón cultural. Había iniciado precisamente eso : la vida societaria.

4 … UN BASTONAZO CON PREMIO

Don Rudesindo Paz, hombre de gracia y talento. De comercio y sociedad. De modales elegantes y conversación atildada. Instruido e ilustrado, pero no erudito. Amante de los vestuarios, de los salones, de los lujos. Muy rico. Hombre esencialmente frívolo, que saboreaba con placer los grandes convites y ofrecía grandes banquetes. Nacido y criado en esa época dolorosa cuando Córdoba no alcanzaba a salir aún de sus duelos y venganzas. Hijo de un siglo doloroso que debía encaminarse al futuro, con paciencia, Rudesindo supo revertirlo todo y ofertó a sus conciudadanos … la posibilidad de la sonrisa.

Muchas veces se habla de lo que una ciudadanía le debe a sus fundadores y a sus hombres de gesta. A sus vencedores en las guerras. Pero pocas veces se habla de aquellos salvadores de la paz. Del gusto a vivir. De los que enseñan a retomar el camino de la alegría. De los que educan para convivir. Eso fue Don Rudesindo Paz. Su anecdotario es numeroso, pues siempre había algo que comentar de él. O de su entorno. Cualquier conversación en una familia tipo, lo tenía de personaje central. Alguien lo había visto, lo había oído o lo había saludado. Una de ellas tuvo gran resonancia :

En la penumbra nocturna de una noche de mala suerte, cuando Don Rudesindo emergió a la calle envuelta aún en los vapores del sereno nocturnal, apareciendo en las puertas de su club “El Panal”, luego de ser derrotado en la mesa de juego —malhumorado y quejoso— vio a un negrillo típico de nuestros amaneceres y calles cordobesas, quien le extendía un billete con la Lotería de Navidad. Pero esa noche Don Rudesindo Paz no estaba de humor, estaba sencillamente de muy mal humor. Con su célebre bastón de mango en nácar y plata, se sacó de encima al inoportuno negrito. La noche era densa como su ira y los bastonazos daban rienda suelta a sus disgustos sucesivos, en la salida del Club El Panal.

—¡Está bien que no quiera comprarlo, pero no tiene por qué pegarme!— le gritó el chicuelo

Sobrevino un silencio repentino y los bastonazos dejaron de caer sobre su indefensa víctima. Como despertando de una pesadilla y volviendo en sí, observándose a sí mismo de pronto —su elegancia, su poder, su lugar selecto en la sociedad cordobesa— y comprendiendo quién era él y quién era su ocasional víctima, sobre la cual había descargado su fracaso de jugador, le dijo :

—Tienes razón muchacho ... A ver... ¡Dame ese billete!— y se lo compró

Llegó la Navidad. Todas las casas cordobesas lucieron sus “pesebres” de porcelana. Las iglesias decoráronse como siempre, para la gran Misa del Gallo... Y la Lotería Nacional publicó el número premiado de aquel año. Don Rudesindo Paz ya se había olvidado del incidente, de su compra, del negrillo, de su violencia inusitada aquella medianoche y de su disculpa. Pero el número le resultó familiar. Buen comerciante, buen hacendado, buen financista, buen timbero, los números eran su predilección, especialmente cuando se trataba de patacones. El era muy ordenado y organizado. Fue hasta su escritorio, buscó entre sus papeles ...y lo halló. Era cierto. No se engañaba. Estaba confirmado...

¡Había ganado el Primer Premio de Navidad!

Su fortuna que ya era importante se acrecentó muchísimo. Sus propiedades darían algún día origen a una importantísima ciudad turística y comercial de la sierra cordobesa, que llevaría el nombre de su hijo : “Villa Carlos Paz.”

5 … HIJO DEL AMOR

Hombre de suerte, su vida fue romántica desde el nacimiento. El Siglo XIX rindió culto al romanticismo y en medio de su adustez moral, peculiar y decantada, se permitió “travesuras” amorosas que hicieron célebres a Chopin, Mallarmé, Liszt, Gauguin, Wagner, Baudelaire ...Rudesindo era producto de una de ellas... Pasajera y fugaz, incluso como todas ellas, y sin duda apasionada en medio del fragor de la batalla. Cuando los cañones del General Paz arreciaban frente a una ciudad universitaria poblada de civiles y los gauchos riojanos de Facundo defendíanse a lanzazos y boleadoras, a las puertas de una ciudad erudita sitiada por tropas de artillería. Cuando en los barrancones agrestes de La Tablada la greda roja enrojecíase de dolor, el niño que traería bajo sus brazos un pan de paz, abría sus ojos en una Córdoba ensangrentada.

Hijo único nacido en Córdoba de Don José María Paz —que tuvo un matrimonio con otros hijos que nunca conocieron esta ciudad— fue criado por las hermanas del general en su suelo natal. Todos los bienes cordobeses de su padre (que fueron cuantiosos después de ganar la batalla de La Tablada) pasaron a sus manos. Rico desde el primer vagido al salir del vientre de su madre. Sobreprotegido. Amado. Cuidado por una familia de lustre. Hijo del amor.

La ciudadanía cordobesa no sabía decir con certeza, quién era su madre. La vox populi reveladora de secretos, sostenía que era una niña muy joven, de menor alcurnia que el padre y que había sido enviada a un convento. No fue presentada en sociedad que se supiera, pero a Rudesindo todo ello lo tenía sin cuidado, como a los demás bastardos importantes de la historia : Don Juan de Austria, el más célebre.

La orgullosa Córdoba, la Docta, la erudita ciudad del Calicanto, le pertenecía. Giraba en torno suyo como las abejas giran alrededor de la reina en una colmena, cargando los panales de miel. Llevaba el apellido de una familia ilustre. Era el hijo único conocido en esta ciudad del General Paz, el hombre fuerte de Córdoba después de esa dolorosa batalla de La Tablada —enlutante— y que él, Rudesindo, era el primero en tratar de olvidar. Pero que le otorgaba poder ciudadano. Rudesindo tuvo gracia y talento para ejercer esta herencia. Tenía su palabra gran peso político. Era una carta de recomendación, un aval, una garantía, una suerte de presentación, un cheque en blanco para cualquiera. Su apoyo social, comercial o político en esta ciudadanía que habíalo elegido como su referente hallándose presta a confirmarlo en tal lugar, poseía siempre un significado de ley.

Un día le solicitaron que se hiciera cargo de la gobernación de Córdoba, la cual era ya evidente, presentaba variados problemas desde hacía tiempo. El grupo nutrido de representantes de las fuerzas vivas había llegado hasta su casa con especial ceremonia y los caballeros que lo componían, iban perfectamente atildados, con sombreros elegantes para ganar su simpatía. Don Rudesindo los miró con su sonrisa silenciosa, algo habitual en él y luego de algunos espacios vacíos de tiempo, contestóles :

—Señores ... Yo manejo a los cordobeses ... Que otro maneje a Córdoba.

6 … VALS SIN FIN

Las fiestas galantes lo tenían de figura central siendo necesaria su presencia en la apertura de un baile. El ornato y los acordes del vals que invadieron pasado el medio siglo las salas cordobesas, necesitaban contar con su asistencia. Strauss posesionado del mundo social en el Siglo XIX convirtió la rivalidad natural de los caballeros, en disputas de ballet, donde algunos descollaron con éxito, especialmente aquéllos que necesitaban concentrar la atención pública.
—Nadie bailaba el vals, mejor que el “Rude” Paz. El era el mejor bailarín y todas las niñas querían acompañarlo en la danza durante los grandes bailes.

Ese era el comentario que se escuchaba a las ancianas de comienzos siglo XX, quienes antaño fueran las niñas de sociedad, cuando el ya maduro galán aún deslumbraba a doncellas núbiles, cautivándolas con su porte de hombre de mundo. Con cada giro del vals el “Rude” Paz hacía olvidar las guerras de su padre, las de los enemigos de su padre. La Docta Córdoba antaño ensangrentada, destruida, desunida ... Y que ahora con él, valseaba.

Producía el enamoramiento romántico y cándido de las niñas preadolescentes, que hallábanse a un paso de abrirse como flores, las cuales tras los cortinados que rodeaban la sala de baile de sus casas paternas, vigiladas por sus negras niñeras, lo atisbaban emocionadas y curiosas. Y era casi un ritual que al llegar a la edad de ser presentadas en sociedad, en un baile de gala, él las invitase a danzar el primer vals. La suya fue una vida alegre y romántica como su nacimiento. El fue el solaz de un guerrero y más tarde el solaz de sus conciudadanos. Su vida estuvo marcada por una alegría permanente, haciendo suya la frase oriental que nos dice:
“ Ríe hoy que mañana serás ceniza “

7 ... VILLA CARLOS PAZ

La ciudad de Villa Carlos Paz (que lleva el nombre de su hijo), la cual fuera en su origen su residencia de campo, pareciera retratarlo de cuerpo entero, como si Don Rudesindo en persona la hubiese ideado para sí. Pues esta posesión campestre fue el centro verdadero de sus grandes “saraos”. Sus convidados eran enviados a buscar por él (de improviso, pues la soledad del campo lo aterraba) en varios coches con cocheros a sus domicilios de la ciudad, mientras otros invitados llegaban desde distintas provincias. Y así, lentamente, este lejano y pintoresco rincón serrano junto al Río San Antonio, a medida que los años pasaron, fue convirtiéndose en un polo de atracción y alegría, provocando el interés de muchas familias por edificar en él.

Gran anfitrión, Don Rudesindo Paz originó allí un pedazo de la historia cordobesa abriendo su devenir, sin el significado heroico de las gestas de su padre, pero sin embargo, con marcada importancia para el desarrollo de esta provincia. Con un eficiente programa de restauración, en el escenario demolido dejado por una guerra civil fraticida. Creando esperanza. Apostando al futuro.

Quizás Rudesindo perviva entre las bellas marquesinas que refulgen en esos teatros decorados y modernos de Carlos Paz, durante los veraneos serranos. Con las calles iluminadas a multicolor, entre la multitud alegre y turística que recorre los predios donde él organizaba grandes convites. Ya no tiene que enviar sus coches y sus cocheros para llenar sus lares de invitados, pues llegan solos desde todos los rincones. El tiempo ha cumplido sus deseos y todo Carlos Paz es una fiesta veraniega al sol, a la noche, en los teatros. En el Casino con sus mesas de juego. En los restaurantes con sus mesas de manjares. Del mismo modo que él supo en su tiempo, organizar sus saraos elegantes, alegres, diversos y múltiples.

Quizás Don Rudesindo Paz esté hoy gozando con todos estos visitantes y aún camina entre ellos, sin que lo reconozcan. Satisfecho. Eufórico. Entre las marquesinas que refulgen. Feliz de ese climax especial, brillante, gozoso, tal como él deseó que fuese y que siga siendo la vida de su ciudad, de su casa, de sus conciudadanos.


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FAHRENHEIT 451 - por José Alvarez López | Votar

FAHRENHEIT  451

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Por  José  Alvarez López

 

RAY BRADBURY

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Cuando en la segunda mitad del siglo XX, se planteaba en la película “Fahrenheit 451” la convivencia en un mismo tiempo y espacio de los personajes de la televisión con los seres de carne y hueso, podía la novela de Ray Bradbury (que dio origen a la misma) ser considerada una más de su serie de ciencia ficción. Pero el advenimiento de las pantallas de cristales líquidos hacen hoy perfectamente posible lo que presentó el director francés Truffaut en su versión cinematográfica de la obra de Bradbury, de personajes de televisión que se ven proyectados de estatura humana (dentro de la casa, tema recurrente en Bradbury) que continuamente se confunden con los auténticos humanos.

 

Al final la mezcla resulta indistinguible —tal como lo describe este autor— y no sabemos quienes son los que tienen auténtica conciencia, si los seres de la pantalla o los que conviven con ellos de este otro lado de la pared luminosa. Cualquiera puede prever que esta dramática confusión de las personalidades traiga aparejada la nueva psicología de los jóvenes televisivos que imponen y condicionan las características de una cultura que poco a poco —como en la novela aludida— va dejando de serlo.

 

Muchos pretenden que esta bancarrota de la cultura que trae consigo el auge de la televisión pueda remediarse con medidas estatales. Pero Bradbury lo presenta como una visión de futuro, y Mc Luhan hace un planteo científico que demuestra que lo que determina la televisión es irrevocable. En efecto, la tesis que Mc Luhan condensa en la expresión “El Medio es el Mensaje” significa que es la propia estructura del medio televisivo la que determina lo que él mismo propaga. El modo cultural que impone la televisión es irreversible y no admite modificaciones. Solamente empeoramientos, como lo ha previsto Bradbury.

 

Ray Bradbury fue un autor de los años 40 —pero conocido y traducido mucho tiempo después— quien en su visión “futurológica” va más allá que Mc Luhan y prevé un funesto choque social producido por la colisión del libro con la televisión. Porque el libro exhibe un grado de libertad incontrolable por el Estado. La televisión, en cambio, queda bajo el completo mso-bidi-font-size: 10.0pt;"> 

Creo que con lo aquí mostrado es suficiente para que no quede a nadie duda de que no aprovechando los datos científicos incluidos en la Gran Pirámide estamos, realmente, perdiendo el tiempo.

 

Esto es válido para una multitud de datos y procedimientos técnicos, amén de teorías científicas, que hasta el presente hemos extraído de la Gran Pirámide. Es mucho lo que tenemos aún para extraer de esta “Biblioteca Extraterrestre” como es la Gran Pirámide. Y en la medida que aceleremos el estudio de ella, también aceleraremos el progreso de nuestra civilización y de la evolución del hombre hasta el nivel suprasímico al que los humanos estamos destinados.

 

JOSÉ  ALVAREZ  LÓPEZ



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