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Feliz Navidad

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Feliz Navidad

Todos los que hacemos de Escribirte.com.ar un intento de literatura distinta, queremos estar en esta Navidad junto a ustedes, nuestros lectores.

Admito que las fiestas no gustan. No por el hecho de sorprenderse en una Navidad o algún silencio en una víspera. Adivino que no gustan aquellas imágenes que llevan a algún recuerdo inmediato, a la reciente soledad de una tarde que culmina con el agobiante silencio de la noche que no se presenta como otras tantas. Se detiene en la ausencia, en el silencio de cartas, de correos, de frases recurrentes, de un vacío inmóvil. No es fácil detenerse en esa noche, en un día como tantos otros, solamente porque se llame Navidad en un tiempo en que la ausencia sólida se ve a cierta hora, aunque haga de ese tiempo una constante, un signo infinito. Los recuerdos, esas hojas de otoño que se resisten a quedar inmóviles, se descuelgan sin temor al vacío. Sabrán de algún modo u otro que ya han comenzado a sostenerse por sí solos, a nombrarse y reconocerse en alguna mueca invisible o en una sonrisa olvidada. Sabrán quizás que aquellos son los elegidos que no han sido condenados a la cruz del olvido. Hablarán de una crucifixión pretérita, algún calvario que se hace necesario, una pesada piedra que oculte un cuerpo, unas manos aún móviles, unos ojos cerrados y que sueñan. Hablarán de una espera, de un obrar de los días y los meses. Imaginarán como un silencio apócrifo una resurrección sublevada, un camino a recorrer detrás de aquella piedra que lo oculta. Imaginarán la mentira de la muerte, la necesidad del aire. Habrán desistido varias veces de su esencia. En alguna noche de vigilia aspirarán a renunciar al sueño eterno, la frase bíblica, el olvido. Pero ignoran lo irrefutable, la vasta realidad, su destino escrito en las cifras del universo. Ignoran lo cíclico, la curva de un horizonte recto, la línea que todo lo une con sólo seguir el rumbo del poniente. Ignoran su sentencia hasta que en algunos días como estos se encuentran a sí mismos. Se reconocen nuevos, vírgenes, inmaculados y despiertan sobresaltados por el terror a sufrir el tiempo. Se levantan invencibles, movidos por el viento como aquellas hojas de otoño que se resisten a la quietud de la tierra. Se levantan con la luz de la memoria, con el gesto de una forma de mirarse, una piernas sublevadas, un silencio pronunciado, una voz que evita el aire. Se descubren resistentes, desafiando la piedra que ya nada obstruye. La descorren como si necesitara evitarse y se abren al cielo y al aire de un bosque futuro para ellos. Se retuercen y se postulan necesarios. Ya lo saben. Alguien los nombró elegidos, alguien obró en ellos como si fueran parte de una vida. Alguien hizo que fueran únicos e inequívocos. Ahora buscarán el horizonte. Encontrarán el camino correcto, la situación impar. Repetirán acciones repetidas. Traerán voces conocidas en bocas olvidadas. Nos hablarán como si recién se presentaran. Nos mostrarán risas que no supimos ver, ojos que se cerraron casi sin darnos cuenta, manos que nos llevaron de la mano, hombros que se sumaron a otros hombros, débiles corazones que resultaron fuertes. Las infinitas horas se han esmerado en ocultarlos, pero han dejado rastros de un pasado insurgente. Todos los pasados confluyen en algún recuerdo, una hoja escrita a trazos, un libro que los trae, un silencio que lo nombra. El tiempo ha creado el resto. Las hojas amarillas, esos recuerdos que se despegan de la tierra, han desafiado al otoño. Ahora es diciembre, ahora es Navidad, quizás sean hojas de un pesebre o una alfombra de tres reyes del oriente. Quizás sean únicamente recuerdos que el tiempo se negó a desvestir. Lo cierto es que se presentan sin llamarlos, se recuerdan necesarios y completos. No creo que la voluntad del tiempo haya obrado en ocultarlos hasta estos días. Después de todo es Navidad y la soledad hace que sean necesarios. También el tiempo obrará sobre esta Navidad y cosechará este recuerdo que recuerda en una Navidad futura. Los seres humanos estamos sentenciados a la memoria. No creo que otra Navidad haga de mí un recuerdo excluyente. En todo caso estaremos construyendo un recuerdo de una Navidad futura y nos habremos desprendido de ese árbol de otoño. El viento, en definitiva, hará el resto.

Ricardo Cardone

25-12-2007
Fuente: Escribirte.com.ar

 

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