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El Borges de Adolfo Bioy Casares

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El Borges de Adolfo Bioy Casares

El libro recoge más de 40 años de conversaciones y empieza cuando el joven Bioy, de 17 años, se enfrentó a un ya intimidante Borges, de 32.

Físicamente, el Borges de Adolfo Bioy Casares es un paralelepípedo muy feo porque su portada es muy pequeña para un libro tan grueso, para las 1.663 páginas que lo componen. No digo que todos los objetos de este abigarrado universo tengan que guardar proporciones áureas, no, pero el aspecto de este volumen ofende los anaqueles, es una criatura contrahecha y su aspecto es tan ridículo como el de esos señores que llevan la pretina un geme por encima del ombligo; o como esos pies de página tan altos que parecen zócalos insolentes.

El contenido es disparejo. Hay demasiados chismes de la parroquia de Buenos Aires, demasiados asuntillos domésticos, demasiadas alusiones a autores argentinos de segundo orden –escribas olvidables y olvidados– y demasiadas discusiones irrelevantes sobre política argentina. Pero si el lector es paciente y domina la técnica del salteo, hallará bajo la monumental hojarasca "un tratado de literatura superior", como lo llama Leonel Giraldo, editor de Planeta, un señor a quien respeto pese a la inmisericorde explotación a que me han sometido en esa casa.

El libro recoge más de 40 años de conversaciones y empieza cuando el joven Bioy, de 17 años, se enfrentó a un ya intimidante Borges, de 32. Allí se cuenta que su primera obra en colaboración fue un folleto sobre las bondades medicinales de la cuajada porque el padre de Bioy era dueño de la mayor empresa de productos lácteos de la Argentina; que hacían parte de su círculo una muchacha tan inteligente como Silvina Ocampo, quien luego se casaría con Bioy; su hermana Victoria Ocampo, una bruja millonaria que los intimidaba a ambos, a Borges y a Bioy, y cuya debilidad era codearse con los más encopetados intelectuales del mundo; Manuel Peyrou, el notable novelista, y Xul-Solar, un joven aficionado a inventar religiones, idiomas como el neo-criol y la panligua, y mecanismos tan singulares como un piano circular y un ajedrez que era también una máquina de pensar y de producir horóscopos.

Bioy confiesa que al principio le interesó más el pensamiento y la conversación de Borges que sus libros de entonces (Luna de enfrente, Cuaderno de San Martín y Fervor de Buenos Aires nunca le parecieron gran cosa); que en un principio, Borges había querido hacerle creer que era hombre de armas, gran tirador y gran jinete. No le conozco otro embuste; y que lo exasperaba su prurito de verificar las citas: "Borges entorpece el trabajo con esta manía… pero casi infaliblemente la enciclopedia le da la razón, y la consulta introduce alguna corrección importante en nuestros textos". En realidad el exceso de rigor era una manía compartida por ambos, como lo prueba la cantidad de notas que Bioy puso en el libro para corregir una fecha, precisar una fuente o añadir cualquier cosa.

Las conversaciones de Borges y Bioy se realizaban en inglés, francés y español y giraban obsesivamente en torno a la literatura, a todas las literaturas, las de todas las épocas y países, analizadas desde todos los ángulos imaginables: "Hablábamos de Stevenson, Johnson y De Quincey, de literatura fantástica, de argumentos policiales, de L’ilusion comique, de teorías literarias, de las contrerimes de Toulet, de problemas de traducción, de Cervantes, de Lugones, de Góngora y de Quevedo, del soneto, del verso libre, de literatura china, de Macedonio Fernández, de Dunne, del tiempo, de la relatividad, del idealismo, de la Fantasía metafísica de Schopenhauer, del neo-criol de Xul Solar, de la crítica del lenguaje de Mauthner". (A. B. Casares. Salvo indicación contraria, se sobreentiende que las citas corresponden a Borges).

El Humor

Pero el rigor no les impedía divertirse en grande siempre, incluso cuando escribían libros tan malos como Seis problemas para Isidro Parodi; o cuando recordaban viejos dolores.

Así, cuando María Esther Vásquez le rompió el corazón, Borges sintió un dolor tan grande que decidió que la única manera de superarlo era oponiéndole un dolor físico, ¡y se hizo sacar una muela! El remedio funcionó unos días pero luego volvió a sentir que "le dolía una mujer en todo el cuerpo" y le dijo a su madre que no había alternativa: tenía que sacarse otra muela. Doña Leonor se impacientó: "¡Estás cada vez más loco –le dijo–, primero el estudio del anglosajón y ahora esto!".

Él trató de disculparse: "He descubierto que para sacarse de encima cualquier obsesión basta un pequeño esfuerzo… es claro que yo no soy capaz de hacerlo".

De Heinrich Heine, cuentan que una vez saludó así a un visitante: "Disculpe si me encuentra usted muy estúpido hoy, es que esta mañana cambié ideas con Fulano", y su mujer lo reprendió: "No seas soberbio, Heinrich. Pide a Dios que te perdone". A lo que Heine respondió: "Ya lo hará. Es su oficio".

Recuerdan al insolente periodista que le preguntó a Jacinto Benavente: Maestro, ¿cómo fue que usted se volvió marica? "Preguntando, muchacho, preguntando", contestó el maestro.

"Hay que tener mucho cuidado –advierte Borges– cuando uno menciona a un animal: la mención de un animal atrae en el acto a otros animales, como en La vorágine o en Doña Bárbara".

Durante una conferencia, le pregunta a un grupo de jovencitas si habían leído el Persiles. "No –le contestaron–. El Persiles se estudia en Español B. Nosotras somos todas de Español A".

"Borges está preocupado porque encontró en su libreta un apunte: Miércoles 7, nueve y media de la noche, Ateneo, pero no recuerda de qué ateneo se trata ni sobre qué debería hablar. Esperó en mi casa hasta las nueve y media dispuesto a ir donde lo llamaran y hablar de lo que le pidieran. No lo llamaron. Me siento culpable –se lamenta– por fallarles a esos muchachos, seguro inteligentes, generosos, nobles, además de irreales".(ABC)

El sábado 7 de diciembre de 1963 (el libro está escrito en forma de diario) Bioy consigna el consejo de Ruskin: cuando no sepas cómo mantener la atención del lector, mata un chico.

"En la saga de Njal, un guerrero trata de entrar en la casa que están sitiando; de pronto cae, herido de un lanzazo. ¿Está Gunnar en casa?, le preguntan sus compañeros al herido. Gunnar no sé, pero su lanza sí, contestó con una última broma el moribundo".

Le pregunta un periodista cuál es el mensaje de su obra. "Yo no soy mensajero", responde Borges.

Le ofrecen una suscripción a una revista que criticará a los escritores contemporáneos con la más cruda objetividad. "No, gracias, a mí siempre me han insultado gratis".

Teoría y crítica literaria

El principal mérito del libro estriba en que está lleno de observaciones generales sobre el oficio de la escritura –es decir, de teoría literaria– y de juicios sobre obras y autores concretos –o crítica literaria, materia que alcanzó su madurez recién en la primera mitad del siglo pasado, en los ensayos de Borges y Valéry. Veamos algunos ejemplos.

"Acciones rápidas no deben describirse con frases lentas. Hay que hacer como en la pelea de Martín Fierro con el negro, donde el ritmo sigue los movimientos del cuchillo". (Abajo, el juicioso Bioy anota: versos 1199-1238).

"La poesía debe ser de vez en cuando exclamativa, debe tener algo de grito –sin llegar a las histerias de Lorca y de Alberti, claro".

Hay 14 menciones contra Neruda. Les parece ripioso, un santón, "un profesional de la poesía". Borges recita unos versos de la Oda a Lorca:

Así es la vida, Federico, aquí tienes

Las cosas que te puede ofrecer mi amistad

De melancólico varón viril.

"Mirá cómo subraya lo macho que es para que no lo vayan a confundir con el célebre manflora. Qué miseria".

Sin embargo, una página después Borges resume las bruscas oscilaciones de la calidad de la obra del chileno con una frase justa: "Neruda es genial o no es nada".

"No conozco a nadie que se esfuerce por escribir y le salga bien. Quizá Henry James, que se daba trabajo y componía muy bien". (ABC)

"Los cuentos de Hawthorne son pésimos. ¿Cómo haría ese buen hombre para escribir Wakefield?"

Bioy le pregunta si no le divierte más escribir cuentos que ensayos. "Sí –responde–, salvo cuando pongo algo de cuento en los ensayos".

"Lo que caracteriza un gran poema es que puede mejorarse fácilmente".

ABC: ¿Hay una fórmula para fracasar?

JLB: Sí, basta ser exhaustivo, abrumar al lector con todos los matices, con todas las aristas del asunto. No falla.

Harold Bloom cree que el Jehová del Génesis del Éxodo y del Levítico es uno de los más grandes literatos de todos los tiempos. Hacia 1967, Borges tenía Los Evangelios en el centro de su canon personal:

ABC: ¿Ponés la Divina comedia por encima de todo?

JLB: En cuanto a lo literario, sólo es inferior a los Evangelios. Tal vez Homero sea un gran escritor, pero resulta incomparable con Dante y los autores de los Evangelios. ¿Hay un momento verdaderamente épico en toda la Ilíada? Yo creo que no. En cuanto a Virgilio… eligió un género –la épica– que no le convenía; pero es muy delicado. Está Voltaire, pero ¿quién lee los setenta tomos?

"Quizá un día descubran las leyes métricas de la prosa y resulte claro que antes de tal punto y coma haya que poner una palabra aguda..."

Borges: "Hay que evitar los paréntesis". Bioy: "Son la apariencia de la complejidad. De lo abstruso. La gente los ve y no entiende la frase más clara". Borges: "También hay que suprimir los guiones. Parecen la prueba de que uno no sabe puntuar. Hay que usar, como paréntesis, las comas". (Estoy de acuerdo).

Discutieron muchas veces sobre Hemingway y Faulkner sin ponerse de acuerdo. Borges prefería a Faulkner porque consideraba a Hemingway, aficionado al alcohol y a la caza, un bárbaro. Bioy prefería a Hemingway por sus "relatos clásicos y tranquilos (en cuanto estilo, a construcción) sobre Faulkner, barroco, truculento, recargado. En cuanto al hombre, hay que aceptar que Hemingway es un un tipo vulgar, cómodo en la sociedad de celebridades de baja estofa, estrellas del deporte o del cinematógrafo, toreros, boxeadores, periodistas, cazadores, pescadores, pintores cubistas, gente del Café Society y borrachos en general. En su favor, puede dicirse que estos figurones no lograron engañarlo del todo".

"Se llama realismo la descripción de crímenes inverosímiles, de incestos impracticables, de hechos que quizá no hayan ocurrido más de una vez a lo largo de miles de años de Historia. En cambio, por un modesto hombre invisible que se nos deslice, ya estamos en plena literatura fantástica".

Truman Capote y García Márquez apenas son mencionados al paso. Ambos debían parecerles muy vulgares a estos gentlemen de las pampas.

Miércoles, 18 de diciembre de 1963. Llama Borges, recién llegado de su viaje. Elogia a Colombia: "Íbamos por la calle con un muchacho. Le pregunto de quién es esa estatua. De algún prócer –me dice–. Aquí tenemos muchos próceres, pocos héroes. Los profesores disputaban reclamando para sus regiones la mayor cobardía. Gente muy irónica y civilizada. Odian a los venezolanos; no admiran a los españoles y tampoco a los mexicanos. No tienen ese chauvinismo de los uruguayos, de los brasileros. No, los colombianos son muy civilizados. Conocen el Martín Fierro; conocen a Lugones; a Güiraldes, no: como ves, tienen tino".

"A ciertos autores se los censura por méritos que no tienen; por ejemplo: La perfección de Guillermo Valencia, tan fría… No hay tal perfección". (ABC)

"Yo prefiero el estilo deshilvanado de Cervantes al relamido de Quevedo". (ABC)

"No basta le experiencia, no basta descender al infierno para saber describirlo".

"Hay que cambiar el lema de la Academia: Limpia, fija y da esplendor. Ni limpia ni fija, porque es imposible. Y el esplendor es el error total, porque eso quizá corresponda a los escritores, a los poetas".

De Sábato rajan durante todo el libro. Casi tanto como de Neruda. Flemáticos y conservadores, no le perdonaron nunca al autor de El túnel su comunismo y su permanente exposición en los medios. "Al enérgico mal gusto, la frenética egolatría y su aplicada autopromoción, hay que agregar el entusiasmo con que acoge los modestos productos de su mente activa y mediocre".

Sábato, por su parte, consideraba a Borges un buen hombre que oscilaba entre la cobardía y el diletantismo: "El arte, como el sueño, es casi siempre un acto antagónico de la vida diurna. Este mundo cruel que nos rodea lo fascina a Borges, al mismo tiempo que lo atemoriza. Y se aleja hacia su torre de marfil en virtud de la misma potencia que lo fascina. El mundo platónico es su hermoso refugio; es invulnerable, y él se siente desamparado; es limpio, y él detesta la sucia realidad; es ajeno a los sentimientos, y él rehuye la efusión sentimental; es eterno, y a él lo aflige la fugacidad del tiempo. Por temor, por repugnancia, por pudicia y por melancolía, se hace platónico". (Sábato, El escritor y sus fantasmas).

Por esta vez, Sábato es más elegante. Round para el autor de El túnel.

Como al destino le gusta burlarse de todos, de los tímidos y de los vanidosos por más notables que sean, hizo que la mejor entrevista de las miles que concedieron la realizaran ellos mismos: el resultado puede leerse en el libro Borges – Sábato, diálogos (Emecé Editores), la compilación de una serie de charlas que sostuvieron los dos escritores en 1974, una clase magistral de literatura y, de paso, del arte de la conversación.

Borges de cuerpo entero

Roger Callois le señaló una vez algunos errores en la traducción que Néstor Ibarra hizo de sus poemas (de Borges) y le sugirió que recogiera la edición. Cuando Callois se retiró Borges le dijo a Bioy: "¡Qué bruto, cómo no comprende que para mí es más importante mi amigo Ibarra que la opinión de un hipotético lector francés! ¡Qué me importa mi fama! Tampoco me importan mis libros… tal vez el que estoy escribiendo, nada más".

Una noche, la policía detiene el carro donde viajan él, Bioy y Silvina Ocampo, los obligan a descender y les piden sus documentos de identidad. Es parte del operativo de seguridad desplegado por la celebración de una manifestación peronista. Borges rezonga: "Vivimos en una época horrible. El arte abstracto, los medios audiovisuales, el comunismo, el peronismo, la psicología del nonato y del nato: yo no sé cómo aguantamos". Luego la coge contra él mismo: "Estudio inglés antiguo, me gustan los films norteamericanos, escribo versos medidos y rimados, me inscribí en el partido conservador: estoy perdido, soy un viejo de mierda".

Doña Leonor fue una persona clave en su vida. Juntos leían, traducían, viajaban. Ella era su manager, la que se entendía con los editores, le manejaba la agenda y a veces, incluso, se entrometía en asuntos tan personales como la escogencia de sus novias.

Sentía desprecio por el periodismo y asco físico por el papel periódico.

"En el año 30 o 32 conocí a una muchacha María Cadelago. Le dije que entráramos en la librería El Ateneo, porque quería regalarle un libro. Eligió Don Segundo Sombra, encuadernado en cuero de vaca, con pelo y todo. Aunque no doy mucha importancia al gusto, sobre todo al buen gusto, elegir un libro con esa encuadernación me pareció demasiado y no volví a verla".

Le gustaba citar un pasaje del Talmud: En el cielo, Dios Reza para que su clemencia y su amor prevalezcan sobre su justicia.

Aunque fue un gran viajero, sentía aprehensión en las vísperas. "Cuando empiezo a angustiarme con algún viaje que voy a emprender, recuerdo que esté donde esté todas las noches me dormiré y conseguiré la inconsciencia; mejor aún, conseguiré no estar en ninguna parte".

"Jueves, 27 de mayo de 1965. Una señora inglesa le contó que en su casa eran agnósticos, y ella, un día que oyó: In the name of God, preguntó a su madre quién era Dios. La madre le contestó: Well, some people consider he made the world". (ABC).

"Los gnósticos decían: Hay que pecar. Llevamos dentro los pecados no cometidos".

En varios pasajes Bioy censura el puritanismo de Borges, "un escrúpulo que lo lleva a escandalizarse con cualquier texto erótico. En cambio, no hay escena macabra capaz de asquearlo".

"Hay una idea muy linda en el Piers plowman de Langland: Dios se hizo hombre no sólo para lavar los pecados del mundo sino para conocer el dolor. Hacerse hombre fue como una aventura de la divinidad".

El 5 de junio de 1963 Borges recuerda un verso de Matthew Arnold: Si la vida es tan breve, ¿por qué todo este esplendor de palabras?

El 30 de junio de 1966 hablan de Job, y Borges decide: "Para las ofensas, la mejor arma es el olvido. En el olvido coinciden la venganza y el perdón". Tres años después, en el versículo 27 de sus Fragmentos de un evangelio apócrifo, afina: "Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón".

El final

Lunes, 12 de mayo de 1986. Hoy hablé con Borges, que está en Ginebra. A eso de las nueve, cuando íbamos a tomar el desayuno, llamó el teléfono. Silvina atendió. Pronto comprendí que hablaba con María Kodama. Silvina le preguntó cuándo volvían; María no contestó a esa pregunta. Silvina habló también con Borges y volvió a preguntar: "¿Cuándo vuelven?". Me dio el teléfono y hablé con María. Le comuniqué noticias de poca importancia sobre derechos de autor (una cortesía para no hablar de temas patéticos). Me dijo que Borges no estaba muy bien, que oía mal y que le hablara en voz alta. Apareció la voz de Borges y le pregunté cómo estaba. "Regular, nomás", respondió. Estoy deseando verte, le dije. Con una voz extraña, me contestó: "No voy a volver nunca más". La comunicación se cortó. Silvina me dijo: "Estaba llorando". Creo que sí. Creo que llamó para despedirse.

"Sábado 14 de junio de 1986. un sujeto con cara de pájaro reconoció a Bioy en la calle y le comunicó la noticia de la muerte de Borges. Bioy siguió su camino pensando que esos eran sus "primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo tan poco últimamente yo no habia perdido la costumbre de pensar: Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez. Irse a morir a una ciudad lejana tal vez no sea tan inexplicable. Cuando me he sentido muy enfermo a veces desee estar solo: como si la enfermedad y la muerte fueran vergonzosas, algo que uno quiere ocultar".

"Febrero de 1987. Borges murió en la compañía de María Kodama y de Jean Pierre Bernès, agregado cultural de la embajada de Francia en Argentina. Me consolé pensando que María era su amor y pensé: Volvió a los ochenta años, con su amor, al país de los mejores recuerdos. En realidad María es una mujer de idiosincrasia extraña; acusaba a Borges por cualquier motivo; lo castigaba con silencios (recuérdese que Borges estaba ciego); lo celaba, se ponía furiosa ante la devoción de los admiradores; se impacientaba con sus lentitudes. Él vivía temiendo enojarla."

"1989. Hacia el final, Bernès le leyó Ulrika. Soy un escritor, comentó Borges. Murió diciendo el padre nuestro. Lo dijo en las lenguas que le eran familiares, inglés, español y francés". (Por si las dudas…)

"Murió en una casa alquilada cerca de la Grande Rue. La casa no tiene número; la calle no tiene nombre, pero tiene llave, que es también la de la casa."

"Bernès grabó a Borges cantando La morocha y otros tangos. Dice que en esa grabación Borges ríe con la risa de siempre".

La amistad de Borges y Bioy abarca más de cincuenta años. En el curso de este tiempo produjeron a dos manos reseñas, guiones, cuentos, fallos, traducciones, antologías, manifiestos. Por su cuenta, el millonario Adolfo Bioy escribía una obra personal demasiado discreta en un lenguaje demasiado relamido, con más estilo que almendra, al tiempo que registraba en una prosa económica y eficaz sus conversaciones con Borges. Paradójico destino el suyo: escribir con Borges cientos de páginas deleznables (los cuentos de don Isidro Parodi, los de H. Bustos Domec, los dramas, los guiones), escribir él solo una obra de intención pretenciosa y resultado discutible, y entre tanto llevar con un lenguaje escueto un diario accidental que era quizá el fin secreto de su existencia. Bioy nunca supo que su paso a la posteridad, si es que pasa, dependería de este trabajo de escribano… pero quizá me equivoco: nadie lleva un registro minucioso de las palabras de otro hombre durante cuarenta años sin tener una intuición exacta del valor de esas palabras. Bioy, ahora estoy seguro, supo inmediatamente que estaba frente a uno de los más singulares hombres de letras de la historia, quizá el mayor; supo que buena parte de su obra, la oral, se iba a perder en el viento y se dedicó con una humildad conmovedora a rescatarla. Gracias a sus desvelos hoy sabemos cómo operaba el cerebro de Borges, cómo leía un verso, cómo la prosa, de qué manera lo afectaban el amor y las mezquindades, cómo se fueron nublando sus ojos, cómo lo vio envejecer su amigo del alma, cómo fluctuaba su opinión sobre algunos de los principales nombres de su canon (Dante, Jehová, Shakespeare, Homero, Lugones, Darío, Reyes, Quevedo, Cervantes).

El Borges de Adolfo Bioy puede ser muchas cosas: teoría, poética, crítica, crónica, diario, biografía, pero es ante todo el recuento minucioso de una obsesión compartida, una historia de amor sublimada en discusiones sobre adverbios y metáforas, el poema de la amistad de dos hombres hechos, literalmente, de letras.

Por Julio César Londoño

24-02-2008
Fuente: El País

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