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Saramago revela su último milagro

El escritor José Saramago habló de “El viaje del elefante”.

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Saramago revela su último milagro

Por el final, por allí comienza José Saramago (86 años, escritor portugués, ganador del Nobel en Literatura) a comentar su última novela, “El viaje del elefante”.

“A mí no me importa nada”, acota al margen de la explicación de su editora, que precisa que a ningún otro autor de Alfaguara se le permite develar el desenlace en la rueda de presentación de la obra. “Después de hacer un largo viaje desde Lisboa hasta Viena, al elefante Salomón le cortan las patas para confeccionar un paragüero”, narra Saramago en un español difícil de decodificar, cerrado, arrastrado. Y agrega: “sin ese final yo no hubiese escrito este libro, que es un auténtico milagro. Lo que importa no es el viaje; lo que da sentido último a la vida es lo que pasa después de la muerte”. Saramago habla como escribe, enlazando una historia con la otra. Sin preocuparse por el tiempo. “¿Por qué ese final?”, se pregunta. Y se responde: “por el capricho de unos reyes. Al elefante lo llevan, él no sabe a dónde va. Se parece mucho a los seres humanos. Si yo no hubiese hablado del elefante, este estaría muerto. ¡Tanta gente se muere sin dejar nada!”.
Diez años después de recibir el máximo galardón mundial de las letras, Saramago asevera que ahora se conforma con escribir algo que no sea inferior a lo que ya ha escrito. Y en tono de confesión, se abre y relata cómo en la redacción de “El viaje del elefante” fue visitado por palabras nuevas que, sin embargo, eran antiguas; las palabras con las que hablaba y pensaba 40 o 50 años atrás. “Cada libro se escribe de una forma determinada. Uno habla de una manera que, al fin, no es sino la expresión personal de un lenguaje colectivo. Esto crea sedimentos lingüísticos y estamos hechos de eso: de lo que hablamos y escuchamos desde la infancia", teoriza.
Saramago se puso a trabajar en su última obra después de salir de la clínica en la que estuvo internado –y a un paso de morir- durante 2007. Había perdido 17 kilos. Pero estas circunstancias difíciles, insiste, no están presentes en el libro. Ese es, según su opinión, el primer misterio. El segundo está caracterizado por la presencia del humor. “Este rasgo es una señal de que la cabeza funciona. Yo no he querido lograr nada, simplemente me puse a escribir y salió así”, repite el portugués con gesto de asombro.
Y una reflexión conduce a la otra. “¿Por qué uno escribe lo que escribe? ¿Por qué uno piensa lo que piensa?”, vuelve a interrogarse. Saramago anticipa que estos cuestionamientos llevan al territorio resbaladizo de la ideología: “no es natural que pensemos como pensamos, del mismo modo que lo que escribí por la mañana no me sale igual por la tarde. Cada palabra nos compromete”. El escritor parece apartarse de la presentación del libro cuando invita a reflexionar sobre estos asuntos aun cuando no sea posible encontrar una respuesta. Pero la propuesta no es una ocurrencia ni una improvisación. La propuesta entra en el itinerario del elefante de Saramago.
Pese a que en “El viaje del elefante” a su creador le interesa lo que ocurre después de la muerte, Saramago está convencido de que los peores atentados contra la dignidad suceden cuando los destinatarios de esos ataques están vivos. "Pero los atentados son tales y tantos que no sabría por dónde comenzar. Esta crisis, por ejemplo, es un crimen financiero contra la humanidad", expone el autor de “Ensayo sobre la ceguera”. Saramago no entiende por qué los responsables no pagan las consecuencias. “¿Dónde están? Son personas conocidas”, arguye el escritor, que se declara a sí mismo “comunista hormonal”. Con una sonrisa, matiza: “me sale ser comunista del mismo modo que algo dentro mío hace que me crezca el pelo”.

Por Irene Benito

13-01-2009
Fuente: La Gaceta

 

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