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Sexo, literatura y política en una novela prohibida por Lanusse

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Sexo, literatura y política en una novela prohibida por Lanusse

Intelectuales de izquierda protagonizan este libro, que salió de circulación en 1971. Según su autor, se ve "cómo nació una generación que terminó a los tiros".

Fue prohibida por la dictadura militar lanussista en enero de 1971 y ahora se reedita por primera vez. Estamos ante un Nicolás Casullo de 24 años, marxista, sartreano, que cuenta, por momentos con ácido humor, las peripecias de un grupo de jóvenes intelectuales porteños de izquierda que se debaten entre la literatura y la revolución. Se reúnen en La Comedia, La Paz, el Tortoni, con la intención de editar una revista literaria. Gobierna Juan Carlos Onganía y todo el país es una noche larga, sin que se vislumbre una luz al finalizar el túnel. El "refugio", la esperanza, es la revolución cubana y la heroica lucha del pueblo vietnamita contra el poder del imperio estadounidense. Pero todo eso está muy lejos.
"Son un grupo de intelectuales relacionados con la literatura, que empiezan a vivir la tensión entre política y literatura, entre compromiso y arte, entre hacer la revolución o escribir novelas", dice ahora —en su confortable casa de Almagro— Nicolás Casullo, autor de Para hacer el amor en los parques. "La novela marca un desquicio espiritual, una situación de desánimo, pero al mismo tiempo aparece una utopía, que encarna uno de los personajes. Y la encarna en términos de lo que luego sería lo hegemónico en la etapa cultural: la encarna en términos político-militares, se adscribe a lo que sería el principio de la guerrilla", dice Casullo, hoy un intelectual consagrado que ya ha cumplido 62 años.
En el prólogo de su novela, Casullo resume: "Las páginas tienen el sello testimonial-intelectual de una primera novela, el deseo de parodiar la asfixia política, la decadencia nacional, la circularidad amorosa de las típicas parejas sesenteras en un tiempo todavía cerrado, el país de las botas y nuestros 60 a la distancia. A la vez, está la intención de exponer las reverenciadas ideologías de la revolución o de la tradicional fuga artística a París. El texto también trabaja una pretenciosa tesitura literaria, hija de arrestos neovanguardistas: la de deshacer la propia novela, sus dispositivos ilusorios, la institución obra, con algo de hojarasca y varias páginas prescindibles". Eso dice el autor y seguramente tenga razón y haya aquí más sexo del necesario y ciertas reiteraciones que suelen ser propias de un autor novato.
¿Por qué la reeditó, 35 años después, cuando ese mundo ya ha quedado muy atrás? "La llevaba casi como un archivo mío. Después de la requisa, yo me quedé con dos ejemplares. La novela no había tenido la posibilidad de un mínimo tránsito. En los últimos diez o doce años, me decía: 'Bueno, aquello ya fue, ya forma parte de mis 24 años, de una Argentina que quedó ahí, en el pasado. Al final decidí reeditarla con un pequeño prólogo donde explico que es mi primera novela, con muchas facetas testimoniales. Y a esta altura es como una recuperación documental de aquella época. La novela toca puntos muy centrales de lo que fue la pre-situación que luego terminó en tanta sangre y muerte." Y agrega: "Forma parte de un momento cultural porteño muy típico: la calle Corrientes, las revistas literarias, los poemas al Che, las discusiones sobre para qué sirve la literatura. Yo creo que para nuestra generación, la historia que cuento es pura melancolía y nostalgia; pero también creo que el joven de hoy puede encontrar en ella algunas respuestas que le den a entender por qué y cómo nació esa generación que terminó a los tiros. De qué impotencia, de qué desánimo, de qué falta de creeencia en la democracia, en los partidos políticos."
Como una cruel ironía, y por exigencias estéticas, Para hacer el amor en los parques termina con los personajes "desaparecidos", una argucia literaria que pocos años después se convirtió en una trágica realidad.

Por Alberto González Toro
agonzaleztoro@clarin.com

18-12-2006
Fuente: Clarin.com

 

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