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Malvinas desde la mirada de los ex combatientes

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Malvinas desde la mirada de los ex combatientes

Las fotos rescatadas del frente de guerra junto a textos y testimonios de los ex combatientes, hoy arman un rompecabezas que forma parte de un libro y de una muestra fotográfica que llega a La Plata

Fueron pocos los soldados que pudieron llevar su cámara a la guerra. A muchos se lo impidieron sus superiores. Parte de ese escueto registro cayó en manos enemigas luego de la rendición.

Un suboficial de la compañía A del Regimiento de Infantería 7 con asiento en La Plata, como algunos otros combatientes, llevó una cámara a Malvinas. El militar registró la vida cotidiana de sus hombres y oficiales. Cuando se produjo el ataque inglés sobre el Monte Longdon y empezó el final de la guerra, la cámara quedó abandonada en las trincheras. Esas fotos, convertidas en botín de guerra, están en el Imperial War Museum de Londres.
Parte de ese registro fue rescatado por una comunicadora, María Laura Guembe, y por un historiador, Federico Guillermo Lorenz, y llevado junto a otras imágenes capturadas por ex combatientes a un libro y una muestra fotográfica que el próximo jueves llega a nuestra ciudad.
"CRUCES - Idas y vueltas de Malvinas" es el nombre del trabajo con el que los autores buscan acercarse a la cotiadianeidad de la guerra. "De esa guerra, la guerra cotidiana, sabemos muy poco. Muchas fotos se perdieron para siempre: quemadas, o simplemente ausentes hasta que alguien las encuentre entre los despojos de la batalla. Sin embargo, los que las tomaron recuerdan cada detalle".
Los registros son múltiples y arman un rompecabezas con el ángulo de visión de distintas miradas. El resultado llega para cubrir la necesidad de saber más de una guerra que dejó una herida que aún supura. "¿Por qué necesitamos más fotos sobre Malvinas?", se preguntan Guembe y Lorenz. La respuesta está en la imposibilidad de sentir lo que los soldados sintieron. "No vimos lo que los soldados vieron, acaso la última imagen atesorada por las retinas antes de la muerte. Vimos, sobre todo, fotografías de propaganda en un contexto de severa censura".
"No conocimos las fotos que ellos quisieron traer. No muchos tenían cámaras fotográficas, en algunas ocasiones ni siquiera se las permitían, pero quienes pudieron, registraron de algún modo su paso por la guerra. Les pidieron a los fotógrafos regimentales que les sacaran fotos para enviarlas a casa. Un compañero afortunado los retrató en los pozos de zorro, en las posiciones, en los cerros desolados donde muchos dejaron la vida y todos sus ilusiones".
Algunas fotos volvieron pero hasta hoy no circularon. "¿Por qué? Responder a esta ausencia es comenzar a respondernos acerca de las formas en las que los argentinos lidiamos con el pasado reciente, el lugar que le damos al recuerdo entendido como un gesto de doloroso respeto, pero también como una forma de asunción de responsabilidades".

Cruces y caminos

Los autores pensaron en los cruces o caminos que se encuentran como el leit motiv de unas de las secciones de la muestra fotográfica, en la que "exploraremos también el modo en que cruces y cruces se entretejen en esta historia". "Las cruces representan lo que aquí preferimos mostrar sin símbolos: son muertos. Esos muertos cargaron unas cruces y hoy soportan el peso de otras", sostienen en el texto que acompaña la muestra. "Los cruces producen sentido, proponen, hacen estallar las coordenadas de espacio y tiempo permitiéndonos ver otra dimensión del habitar el mundo". "El duelo que el padre de un soldado muerto transita llevando a la tumba de su hijo objetos de su vida trunca. La cruz de ese padre y la de ese hijo que se encuentran en uno y otro viaje. Ambas, cambiando de forma en cada encuentro, prestas siempre a un nuevo cruce".
En otra sección se plantean las esperas. "Miles de soldados, luego de la rendición, habrán imaginado qué país los recibiría al volver. ¿Qué esperaban? ¿Un desfile de recibimiento? ¿Simplemente poder bañarse? ¿Un abrazo? ¿Poder dormir? A la inversa, sus compatriotas, en el Continente, también los esperaban, y esperaban saber: en qué habían participado, qué habían apoyado, qué pasaría ahora que los militares se iban". Y en las islas hay cruces y muertos que también esperan: "Una visita, una reivindicación, o simplemente un nombre. Esa espera se parece a la de los sobrevivientes, que aguardan saber qué lugar tendrán en la historia".

Doble derrota

Pablo Báez es el soldado que aparece en primer plano de una de las fotos de la muestra. Es uno de los registros tomados por el suboficial del Regimiento 7. La imagen, que lo muestra en la trinchera, fue capturada, secuestrada, por el ejército enemigo que se apropió de la máquina abandonada en el campo de batalla. Varias fotos sufrieron el mismo camino de "doble derrota: la pérdida de las islas, y la posibilidad de anclarlas en un recuerdo material".
El negativo fue positivo en laboratorios ingleses, y expuesto en un museo vencedor. La historia la cuentan y la muestran los que ganan. En este caso la resignifican los derrotados. Los historiadores adquirieron la imagen y consiguieron el testimonio del joven combatiente que allí aparece y el de otros soldados, algunos caídos, que hicieron llegar su voz a través de cartas, entrevistas o palabras dichas a sus amigos y familiares.
Báez habla de estrategias improvisadas para sobrevivir. "Cuando se produce el primer ataque aéreo viene la orden para que empecemos a hacer los primeros pozos de zorro, para generar una mayor protección -dice-. Entonces esta posición se arma porque en uno de los bombardeos previos había caído un proyectil. Entonces el razonamiento nuestro en ese momento fue tenemos que tener mucha mala suerte para que caigan dos bombas en ese mismo lugar. Entonces aprovechamos ese pozo y empezamos a cavar para abajo".

02-04-2007
Fuente: Diario Hoy

 

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