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El arte del no decir

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El arte del no decir

Dos puntos interesan para esta exposición, primero: "el arte del no decir", segundo "el arte de la extrema brevedad".

Porque estoy convencida de que, entre otras benevolencias, la Literatura nunca termina de decir, es que sigo apostando a ella. Es sabido que todo cuento, que toda historia termina de escribirse en la mente de cada lector; también que un cuento es polisémico (múltiples sentidos); yo diría que es más que eso: 20 millones de lectores pueden tener 20 millones de interpretaciones de sentido diferentes y todas serán correctas, pues porque no son más que eso: interpretaciones. Pero dos puntos me interesan para esta exposición, primero: "el arte del no decir", segundo "el arte de la extrema brevedad".

¿Por qué es un arte no decir en Literatura?, pues las respuestas son variadas: si Gabriel García Márquez nos hubiese dicho (aunque fuera entre líneas), en "Crónica de una muerte anunciada ", que en realidad fue Santiago Nasar quien robó la virginidad de la bella Ángela Vicario, entonces el lector no tendría trabajo alguno, la historia hubiese cerrado perfectamente , con el culpable correctamente vengado por los gemelos y final feliz, pero afortunadamente no nos lo dice y eso es lo que hace que el lector vuelva a leer una segunda vez, porque cree que se perdió de algo en un momento de distracción.

Retrocediendo, Franz Kafka nunca nos dirá, a ciencia cierta, si el pobre Gregor Samza en "La metamorfosis" es una cucaracha, o un escarabajo, o un cascarudo, de todos modos lo que interesa es tener representación mental de la forma. Tampoco nos dirá nunca si aquello es un sueño de Gregor, o es la "realidad ", y por último un final tan abierto nos sumerge en un túnel de dudas del que surgen especulaciones y hasta muchos análisis del perfil psicológico de unos padres que cuesta muy poco odiar.

Finalmente el maestro del "no decir" es Jorge L. Borges, quien nunca nos dirá si su obra completa fue escrita por él , o por "el otro". Si fue escrita por él, entonces la obra es arrogante, pero si fue escrita por "el otro", eso sí que es una ironía. Lo cierto es que "no decir" , en Literatura es hacer arte, es dejar pensando al lector y abrirle una enorme puerta al mundo de lo mágico de la palabra. En relación al segundo tema "el arte de la extrema brevedad", se puede hablar de los microrrelatos, de minificciones, de minicuentos, etc. Dice Augusto Monterroso: "una de las ventajas de leer o escribir minificciones es que nos dan un cambio de percepción, y que desarrollan un juicio crítico. Nos recuerdan la sabiduría popular, o la libresca pascaliana. Algunos escritores se empeñan en hacernos pensar y a veces presentan una nueva manera de ver las cosas, eso requiere un salto mayor".

En relación al juicio crítico dice Yunque , en "Tenemos, La ciencia": "Hay algo de rebeldía y de afán de salirse del campo trillado en la mayoría de los microrrelatos. Los microrrelatistas se basan en perplejidades, paradojas y cambios de perspectiva que nos obligan a una nueva manera de mirar el mundo. Ese asunto es a veces obvio, pero oscurecido por la rutina o la falta de juicio crítico".

Dice Ana María Shua, en "La que no está", "la médula del microrrelato queda a veces afuera y es el lector quien tiene que llenar algunos espacios vacíos".

Ciertamente el microrrelato, necesariamente, debe provocar atmósfera en el lector con su final, éste debe ser ambivalente, sugerente, el doble significado se logra por la implicación. El final debe ser fértil y permitir que el lector se introduzca adentro de la historia. Será el final, entonces, el que hará que el lector quede adentro o afuera de la historia y le permita el crecimiento literario esperado. Finalmente el microrrelato y el cuento breve son los subgéneros del futuro, por ello es que dedico tantas horas a la producción del cuento breve y el minicuento. El cuento de hoy "Nunca Nadie ", lo he escrito a partir de una noticia aparecida en "La Auténtica Defensa " en el mes de diciembre de 2006; el recurso utilizado para escribir el cuento se llama "intertextualidad" y consiste en hacer cómplice al lector de las posibles relaciones y asociaciones entre dos textos que comparten algo: información, nombres, fechas, lugares, sucesos, citas, personajes, etc. Ahora los invito, entonces a la aventura de leer y descubrir qué comparten estos dos textos:

Nunca Nadie

Durante varios meses visité a Aída . Fue extraño hacerlo, sobre todo por el silencio que insumían esas visitas. No me costó elegirle un nombre, a decir verdad, sólo tuve que elegir entre Aída , Ada, o Alicia. No importaba cual fuera el nombre, sólo importaba que comenzara con "A". Porque su cuerpo, ahora era una "A" gigante, una enorme "A", que también podía ser "A" de "auxilio", o de "ayuda", tal vez de ahogo, de aire, pero nunca una "A" de amor. Aída despertaba un especial interés en mí. Sus pequeñas manos cuidadas, de concertista me decían que no había sido una prostituta y sus delgaditas piernas explicaban que Aída quizá fue, en vida, una joven deportista. Esa prognosis duró poco porque ella no quería que yo adivinara quién había sido, no quería nada, sinceramente, nada. Quise que Aída fuera hija, también hermana de alguien, que fuera argentina, que fuera de algún lugar, que fuera de alguien y no sólo mía, pero ella no era de nadie, no tenía parientes que reclamasen los restos de su cuerpo para darle una cristiana sepultura. Aída no me tenía más que a mí, un viejo lobo que fumaba pipa mientras se familiarizaba más y más con la muerte; que solía verla en tantos rostros a diario que ya no le asombraba nada y que sabía que ella, la mala muerte, no le perdonaría el hecho de haber escudriñado tan adentro suyo y no haberla dejado en paz nunca.

Lo cierto es que Aída estaba allí, dormida y sin sueños, seis meses sin sueños. Las visitas comenzaron a fastidiarme. Ya no era sólo una cuestión de trabajo, no cabía en mis pensamientos la idea de tanto desamparo, de semejante abandono, de tanta orfandad a gritos y manifiesta. Vi entonces el rostro de Aída en donde nadie podía verlo; (en mi trabajo suelen verse las miserias humanas como algo cotidiano y entonces el ojo irónico transforma lo patético en algo simple). Yo vi su rostro expresivo la última mañana que la visité, no, no me pregunten cómo era su boca, ni qué tipo de nariz tenía, ni el color de sus mejillas, porque el rostro que pude ver fue el más indefenso que ser humano jamás haya visto en una adolescente. Lamentablemente, mí Aída se llamaba "NN", y, coincidencia o casualidad, o ,ambas, NN, ahora significaba para mí: >>Nunca, Nadie <<, el Nadie era ella y el Nunca era tan extenso que no logré definir si era el nunca del reclamo, el nunca del amor, el nunca de la vida misma, o el nunca del suicidio como salida posible. Lo cierto amigos es que ahora Aída era Nunca Nadie, mi Aída se terminaba, volvía a ganar la muerte y destrozado de pena y sobre todo sin mirarla ............ ordené que la sepultaran en una tumba modesta y que colocaran sobre ella un puñado de flores para que ningún curioso piense que ella, Aída, no tenía a nadie que le lleve una flor, al menos cada tanto.

María Lorena Barrera.

Nota: A la noticia aparecida en La Auténtica Defensa, con fecha 17 de diciembre de 2006, le siguió otra con fecha 20 de enero de 2007 en la que se informa que la D.D.I local logró identificar el cuerpo de la adolescente sepultada como NN. La jovencita se llamaba Rocio Lencina, tenía 16 años y vivía en Benavidez. La causa fue caratulada como suicidio y su cuerpo fue identificado dada la comparación de las fotos de la causa con una publicada por la O.N.G Missing Children.

Por Prof .Lic. María Lorena Barrera.

26-04-2007
Fuente: La auténtica defensa

 

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