Ir a la página de inicio de Escribirte
Portada | Biblioteca | Blogs | Foros | Tienda | Suscripción | Contacto | Especiales | Difusión cultural | Canales RSS RSS
Noticias Efemérides Autores para conocer Recomendados Agenda Concursos Lugares Servicios Ventas Trivia
 Buscar en el sitio   
| Domingo 18 de noviembre de 2018
Escribí un comentario Enviá este artículo Votá este artículo
Texto al 100% Aumentar texto
Arnaldo Calveyra y el misterio

Noticias RSS Noticias

Arnaldo Calveyra y el misterio

El poeta, radicado en París desde 1960, recuerda en esta entrevista sus años argentinos, cuando era desratizador en los muelles de Ensenada y Carlos Mastronardi le corregía sus poemas. Además, habla de su nuevo libro de poesía Diario de Eleusis (Ad

"Puedo hacer un té verde", propone, tímido y cortés Arnaldo Calveyra (Mansilla, Entre Ríos, 1929) en el bello, aunque casi desierto, monoambiente de la calle Maipú. Es un lugar prestado por un amigo en el que, cuando viene a Buenos Aires, suele instalarse con Monique Tur, su mujer desde hace más de cuarenta años. La beca para escribir una tesis sobre los trovadores provenzales que lo instaló definitivamente en París en 1960 por esa época sólo había publicado Cartas para que la alegría (1959) marcó en realidad la última escala de un itinerario que lo llevó del campo natal al pueblo de Mansilla ("ése fue el primer desgarramiento", explica) y, poco después, a La Plata, donde estudió literatura. En Francia, donde vive todavía, Calveyra fue escribiendo, casi como cartas a la espera de su destinatario, una poesía de una originalidad inusitada en la literatura argentina.
Construida a partir de una invención verbal tan delicada como radical, gran parte de esa obra apareció inicialmente en la editorial francesa Actes Sud y, desde hace alrededor de veinte años, empezó a circular en español. A los libros de poemas Iguana, iguana (1988), El hombre del Luxemburgo (1997), Libro de las mariposas (2001), Diario del fumigador de guardia (2002), Maizal del gregoriano (2005), la novela La cama de Aurelia (1999), las varias piezas teatrales (entre ellas, Cartas de Mozart, que se strenó en el Centro Cultural San Martín en 1986) y el felizmente inclasificable Si la Argentina fuera una novela (2000) se agrega ahora el reciente Diario de Eleusis, concluido en 2002 momento en que, según el autor, "terminaron las ganas de corregir" y que constituye una indagación poética en torno a los misterios de la antigua ciudad griega situada al Noroeste de Atenas.
Calveyra despliega un discurso elíptico en el que las reticencias son una forma secreta del derroche y del sobreentendido. Punteada por interrupciones para tomar notas en una libreta diminuta que lo acompaña a todas partes, su conversación tiene la amabilidad de atribuirle al interlocutor ideas que le pertenecen enteramente. En todo caso, esa refracción a las explicaciones parece hecha a la medida de los misterios de Eleusis. "Es una deuda que yo tenía con esa palabra, con ese mundo, el mundo que concitaba esa palabra cuenta. De chico, la palabra misterio me impactó mucho. Tuve la suerte de encontrar todo eso en un libro. Era un libro infantil, un libro con figuras, y ahí estaba Eleusis. Siempre me quedé con las ganas de saber un poco más. En ese momento yo no sabía que me podía pasar la vida en eso, pero fue así en los hechos. Estaba la apetencia del misterio, de todo lo que es invisible al entendimiento. La capacidad del hombre de crear misterio es una cosa extrañísima. El realismo socialista queda descolocado de entrada, ¿no? Hasta que me di cuenta de que todos los libros sabihondos que leí más tarde no servían para nada. Había que suplir todo con la imaginación. O sea que fue un secreto tan bien guardado que, a mi altura, sigo siendo un ignorante de ese mundo del que no había que hablar. Dicen que Esquilo traicionó y habló, pero no quedó escrito lo que dijo. Se habrá perdido. Entonces creo que por eso Eleusis: para llenar un bache con la imaginación. Hace años que tengo esa duda metódica: