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Rafael Obligado

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Rafael Obligado

La voz del cantor del Paraná

“Ese río es mi río, y de las islas
que caudaloso aprisionando estrecha,
yo sé muchos secretos que él me dice,
porque soy su poeta.”

Rafael Obligado.
(1851-1920)
“Poeta de la patria” y “poeta nacional por excelencia” fue llamado en su día Rafael Obligado, cuyo nombre no es fácil que se esfume en la historia de las letras argentinas; como que a él se debe una de las más bellas leyendas con que cuenta aquel país, la de Santos Vega. Poeta de la patria, no por los cantos de tono heroico, sino por aquellos otros en que supo recoger lo más sustancial e íntimo de sus tradiciones. Es Rafael Obligado el poeta, bardo más bien, que canta “la sombra del hogar”, lo nativo, lo telúrico, la naturaleza argentina, en una palabra. Obligado prefiere los temas del inmenso campo argentino: el pampero, ese viento que le hace sentirse “más argentino cuando le azota la frente” ; el camalote arrastrado por las aguas, el ceibo, el ombú, el rancho; todo, en fin, lo que constituye la solera de un pueblo. Porque celebró en versos memorables al Paraná, el río de las grandes tradiciones argentinas, se le ha llamado también “el cantor de Paraná”.

El prologuista de una de las ediciones de Obligado, Augusto Cortina, dice: “Bartolomé Mitre fue el primero en evocar al payador Santos Vega; después lo recordaban Hilario Ascasubi y Eduardo Gutiérrez. Luego Rafael Obligado lo inmortalizó en cuatro cantos que, llegados al pueblo se convirtieron en obra clásica de la literatura nacional... Era tan célebre, aun en vida del autor, que pocos serán los argentinos que no sepan de memoria o no hayan oído cantar aunque sea una estrofa del Santos Vegas”. Y les sobra razón por haber hecho popular esta preciosa leyenda de Rafael Obligado, escrita en sonoras y correctas décimas que fluyen sin esfuerzo como las cristalinas aguas de una fuente. Aunque nada más hubiera escrito el autor, tendría con eso solo, perfecto derecho a que no se olvidara nunca su nombre, no ya en la historia de la literatura argentina, sino en la total de la escrita en lengua castellana.

Rafael Obligado nace en Buenos Aires el 2 de enero de 1851. Muere septuagenario en Mendoza el 8 de marzo de 1920. Hijo de Luis Obligado y Saavedra y de María Ortiz Urién, ambos de franca ascendencia española. Repartió su larga vida entre la capital, donde solía pasar los inviernos, y su señorial residencia de la Vuelta del Obligado, en Ramallo, orillas del Paraná. Su casa de Buenos Aires estuvo abierta todos los sábados durante treinta años a las figuras de mayor prestigio en las letras. Fue por algún tiempo el alma de la Academia Argentina y uno de los fundadores de la Facultad de Filosofía y Letras, a la que perteneció como vicedecano. La Universidad de Buenos Aires le honró on el título de doctor honoris causa, y la Academia Española de la Lengua con el de miembro correspondiente. De él puede decirse, lo que , con noble orgullo, deseaba que su patria le dijera: “Poeta fue y caballero: / cumplida flor de mi raza”.

Obligado se limitó la zona de las inspiraciones: “La frontera de la patria / son los muros de mi musa”. Dentro, sin embargo, de esta temática estrecha, supo encuadrar poemas de muy distinta índole. Tres series de composiciones se vienen señalando en su producción: legendarias (La Salamanca, La luz mala, La mula Anima, El Cacuí ); históricas, o mejor, inspiradas en acciones gloriosas (La retirada de Moquegua, El negro Falucho, Ayohuma ) y poesías de carácter íntimo (A la sombra de sauzal, El hogar paterno, El niño de Boyeros, La flor de Saíbo, El camalote, El camalote errante). Es en estas últimas donde Obligado se muestra más poeta. La nostalgia de un mundo que se va, anegado por las olas de un progreso en que no todo es felicidad y risas, le inspira acentos conmovedores: “La pampa de mis cantos ya no existe; / con el salvaje se extinguió el desierto; / la majestad de la llanura triste / bajo el cuchillo del arado ha muerto”.

Francisco Arias Solis

04-10-2006
Fuente: Página Digital

 

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