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| Lunes 9 de diciembre de 2019
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Los amigos

Julio Cortázar

En ese juego todo tenía que andar rápido. Cuando el Número Uno decidió que había que liquidar a Romero y que el Número Tres se encargaría del trabajo, Beltrán recibió la información pocos minutos más tarde. Tranquilo pero sin perder un instante, salió del café de Corrientes y Libertad y se metió en un taxi. Mientras se bañaba en su departamento, escuchando el noticioso, se acordó de que había visto por última vez a Romero en San Isidro, un día de mala suerte en las carreras. En ese entonces Romero era un tal Romero, y él un tal Beltrán; buenos amigos antes de que la vida los metiera por caminos tan distintos. Sonrió casi sin ganas, pensando en la cara que pondría Romero al encontrárselo de nuevo, pero la cara de Romero no tenía ninguna importancia y en cambio había que pensar despacio en la cuestión del café, y del auto. Era curioso que al Número Uno se le hubiera ocurrido hacer matar a Romero en el café de Cochabamba y Piedras, y a esa hora; quizá, si había que creer en ciertas informaciones, el Número Uno ya estaba un poco viejo. De todos modos, la torpeza de la orden le daba una ventaja: podía sacar el auto del garaje, estacionarlo con el motor en marcha por el lado de Cochabamba, y quedarse esperando a que Romero llegara como siempre a encontrarse con los amigos a eso de las siete de la tarde. Si todo salía bien evitaría que Romero entrase en el café, y al mismo tiempo que los del café vieran o sospecharan su intervención. Era cosa de suerte y de cálculo, un simple gesto (que Romero no dejaría de ver, porque era un lince), y saber meterse en el tráfico y pegar la vuelta a toda máquina. Si los dos hacían las cosas como era debido -y Beltrán estaba tan seguro de Romero como de él mismo- todo quedaría despachado en un momento. Volvió a sonreír pensando en la cara del Número Uno cuando más tarde, bastante más tarde, lo llamara desde algún teléfono público para informarle de lo sucedido.
Vistiéndose despacio, acabó el atado de cigarrillos y se miró un momento al espejo. Después sacó otro atado del cajón, y antes de apagar las luces comprobó que todo estaba en orden. Los gallegos del garaje le tenían el Ford como una seda. Bajó por Chacabuco, despacio, y a las siete menos diez se estacionó a unos metros de la puerta del café, después de dar dos vueltas a la manzana esperando que un camión de reparto le dejara el sitio. Desde donde estaba era imposible que los del café lo vieran. De cuando en cuando apretaba un poco el acelerador para mantener el motor caliente; no quería fumar, pero sentía la boca seca y le daba rabia.
A las siete menos cinco vio venir a Romero por la vereda de enfrente; lo reconoció enseguida por el chambergo gris y el saco cruzado. Con una ojeada a la vitrina del café, calculó lo que tardaría en cruzar la calle y llegar hasta ahí. Pero a Romero no podía pasarle nada a tanta distancia del café, era preferible dejarlo que cruzara la calle y subiera a la vereda. Exactamente en ese momento, Beltrán puso el coche en marcha y sacó el brazo por la ventanilla. Tal como había previsto, Romero lo vio y se detuvo sorprendido.
La primera bala le dio entre los ojos, después Beltrán tiró al montón que se derrumbaba. El Ford salió en diagonal, delantándose limpio a un tranvía, y dio la vuelta por Tacuarí. Manejando sin apuro, el Número Tres pensó que la última visión de Romero había sido la de un tal Beltrán, un amigo del hipódromo en otros tiempos.

Julio Cortázar
Los relatos 2: Juegos (1976)

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.: Sobre Julio Cortázar
Julio Cortázar Julio Cortázar
Argentino Argentina
1914 - 1984

Nacido accidentalmente en Bruselas en 1914, Julio Cortázar es uno de los escritores argentinos más importantes de todos los tiempos. Realizó estudios de Letras y de Magisterio y trabajó como docente en varias ciudades del interior de Argentina. En 1951 fijó su residencia definitiva en París, desarrollando desde allí una obra literaria única dentro de la lengua castellana. Algunos de sus cuentos figuran entre los más perfectos del género. Su novela Rayuela conmocionó el panorama cultural de su tiempo y marcó un hito insoslayable dentro de la narrativa contemporánea. Cortázar murió en París en 1984.
.:Ver más sobre Julio Cortázar
 
.: Obras de Julio Cortázar
1949 Los Reyes
1951 Bestiario
1956 Final del Juego
1959 Las armas secretas
1960 Los premios
1962 Historias de Cronopios y de Famas
1963 Rayuela
1966 Todos los fuegos el fuego
1967 La vuelta al día en ochenta mundos
1968 Buenos Aires, Buenos Aires
1968 62. Modelo para armar
1969 Último round
1970 Viaje alrededor de una mesa
1971  Pameos y Meopas
1973 Libro de Manuel
1974 Octaedro
1976 Los relatos 1: Ritos
1976 Los relatos 2: Juegos
1977 Alguien que anda por ahí
.:Ver más obras de Julio Cortázar
 
.: Textos para leer de Julio Cortázar
Amor 77 (Prosa poética)
Axolotl (Cuento)
Bestiario (Cuento)
Capítulo 1 (Novela)
Capítulo 68 (Prosa poética)
Carta a una señorita en París (Cuento)
Casa tomada (Cuento)
Cefalea (Cuento)
Ciao, Verona (Relato)
Clone (Cuento)
Continuidad de los parques (Cuento)
Después del almuerzo (Cuento)
El breve amor (Poesía)
El otro cielo (Cuento)
El perseguidor (fragmento) ()
Final del juego (Cuento)
Historia con migalas (Cuento)
Instrucciones para dar cuerda al reloj (Prosa poética)
Instrucciones para llorar (Relato)
.:Ver más textos de Julio Cortázar
 
.: La voz de Julio Cortázar
Capítulo 68
Capítulo 7
El perseguidor (fragmento)
Instrucciones para subir una escalera al revés
Me caigo y me levanto
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

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