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| Jueves 18 de enero de 2018
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El caso de los viejitos voladores

Adolfo Bioy Casares

Un diputado, que en estos años viajó con frecuencia al extranjero, pidió a la cámara que nombrara una comisión investigadora.

El legislador había advertido, primero sin alegría, por último con alarma, que en aviones de diversas líneas cruzaba el espacio en todas direcciones, de modo casi continuo, un puñado de hombres muy viejos, poco menos que moribundos. A uno de ellos, que vio en un vuelo de mayo, de nuevo lo encontró en uno de junio. Según el diputado, lo reconoció "porque el destino lo quiso".

En efecto, al anciano se lo veía tan desmejorado que parecía otro, más pálido, más débil, más decrépito. Esta circunstancia llevó al diputado a entrever una hipótesis que daba respuesta a sus preguntas.

Detrás de tan misterioso tráfico aéreo, ¿no habría una organización para el robo y la venta de órganos de viejos? Parece increíble, pero también es increíble que exista para el robo y la venta de órganos de jóvenes. ¿Los órganos de los jóvenes resultan más actrativos, más convenientes? De acuerdo: pero las dificultades para conseguirlos han de ser mayores. En el caso de los viejos podrá contarse, en alguna medida, con la complicidad de la familia.

En efecto, hoy todo viejo plantea dos alternativas: la molestia o el geriátrico. Una invitación al viaje procura, por regla general, la aceptación inmediata, sin averiguaciones previas. A caballo regalado no se le mira la boca.

La comisión bicameral, para peor, resultó demasiado numerosa para actuar con la agilidad y eficacia sugeridas. El diputado, que no daba el brazo a torcer, consiguió que la comisión delegara su cometido a un investigador profesional. Fue así como El caso de los viejos voladores llegó a esta oficina.

Lo primero que hice fue preguntar al diputado en aviones de qué líneas viajó en mayo y en junio.

"En Aerolíneas y en Líneas Aéreas Portuguesas" me contestó. Me presenté en ambas compañías, requerí las listas de pasajeros y no tardé en identificar al viejo en cuestión. Tenía que ser una de las dos personas que figuraban en ambas listas; la otra era el diputado.

Proseguí las investigaciones, con resultados poco estimulantes al principio (la contestación variaba entre "Ni idea" y "El hombre me suena"), pero finalmente un adolescente me dijo "Es una de las glorias de nuestra literatura". No sé cómo uno se mete de investigador: es tan raro todo. Bastó que yo recibiera la respuesta del menor, para que todos los interrogados, como si se hubieran parado en San Benito, me contestaran: "¿Todavía no lo sabe? Es una de las glorias de nuestra literatura".

Fui a la Sociedad de Escritores donde un socio joven, confirmó en lo esencial la información. En realidad me preguntó: –¿Usted es arqueólogo?

–No, ¿Por qué?

–¿No me diga que es escritor?

–Tampoco.

–Entonces no lo entiendo. Para el común de los mortales, el señor del que me habla tiene un interés puramente arqueológico. Para los escritores, él y algunos otros como él, son algo muy real y, sobre todo, muy molesto.

–Me parece que usted no le tiene simpatía.

–¿Cómo tener simpatía por un obstáculo? El señor en cuestión no es más que un obstáculo. Un obstáculo insalvable para todo escritor joven. Si llevamos un cuento, un poema, un ensayo a cualquier periódico, nos postergan indefinidamente, porque todos los espacios están ocupados por colaboraciones de ese individuo o de individuos como él. A ningún joven le dan premios o le hacen reportajes, porque todos los premios y todos los reportajes son para el señor o similares.

Resolví visitar al viejo. No fue fácil.En su casa, invariablemente, me decían que no estaba. Un día me preguntaron para qué deseaba hablar con él. "Quisiera preguntarle algo", contesté. "Acabáramos", dijeron y me comunicaron con el viejo. Este repitió la pregunta de si yo era periodista. Le dije que no. "¿Está seguro? preguntó.

"Segurísimo" dije. Me citó ese mismo día en su casa.

–Quisiera preguntarle, si usted me lo permite, ¿por qué viaja tanto?

–¿Usted es médico? –me preguntó–. Sí, viajo demasiado y sé que me hace mal, doctor.

–¿ Por qué viaja? ¿Por qué le han prometido operaciones que le devolverán la salud?

–¿De qué operaciones me está hablando?

–Operaciones quirúrgicas.

–¿Cómo se le ocurre? Viajaría para salvarme de que me las hicieran.

–Entonces, ¿por qué viaja?

–Porque me dan premios.

–Ya un escritor joven me dijo que usted acapara todos los premios.

–Si. Una prueba de la falta de originalidad de la gente. Uno le da un premio y todos sienten que ellos también tienen que darle un premio.

–¿No piensa que es una injusticia con los jóvenes?

–Si los premios se los dieran a los que escriben bien, sería una injusticia premiar a los jóvenes, porque no saben escribir. Pero no me premian porque escriba bien, sino porque otros me premiaron.

–La situación debe de ser muy dolorosa para los jóvenes.

–Dolorosa ¿Por qué? Cuando nos premian, pasamos unos días sonseando vanidosamente. Nos cansamos. Por un tiempo considerable no escribimos. Si los jóvenes tuvieran un poco de sentido de la oportunidad, llevarían en nuestra ausencia sus colaboraciones a los periódicos y por malas que sean tendrían siquiera una remota posibilidad de que se las aceptaran.

Eso no es todo. Con estos premios el trabajo se nos atrasa y no llevamos en fecha el libro al editor. Otro claro que el joven despabilado puede aprovechar para colocar su mamotreto. Y todavía guardo en la manga otro regalo para los jóvenes, pero mejor no hablar, para que la impaciencia no los carcoma.

–A mí puede decirme cualquier cosa.

–Bueno, se lo digo: ya me dieron cinco o seis premios. Si continúan con este ritmo ¿usted cree que voy a sobrevivir? Desde ya le participo que no. ¿Usted sabe cómo le sacan la frisa al premiado? Creo que no me quedan fuerzas para aguantar otro premio.



Adolfo Bioy Casares
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.: Sobre Adolfo Bioy Casares
Adolfo Bioy Casares Adolfo Bioy Casares
Argentino Argentina
1914 - 1999

Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires el 15 de Septiembre de 1914,en el seno de una familia acomodada.
En 1928 escribe su primer cuento fantástico, género policial: Vanidad o una aventura terrorífica. Lee a Gastón Leroux y a Arthur Conan Doyle.
En 1934 conoce a Silvina Ocampo, quien junto a Borges lo convencerá de abandonar los estudios y dedicarse exclusivamente a escribir, y con quien se casará en 1940. Ese mismo año publica La Invención de Morel, que marca el verdadero inicio de su carrera literaria, y que será su obra más famosa y se convertirá en un clásico de la literatura contemporánea.
Fundó en 1935 la revista Destiempo junto con Jorge Luis Borges, con él escribió varios volúmenes de novelas policíacas bajo diversos seudónimos: H. Bustos Domecq, B. Suárez Lynch, B. Lynch Davis y Gervasio Montenegro.
Considerado por Borges como uno de los mayores escritores argentinos de ficción, Bioy Casares es dueño de una vasta obra en donde la fantasía y la realidad se superponen con una armonía magistral. La impecable construcción de sus relatos es, quizá, la característica que con mayor frecuencia ha destacado la crítica con respecto a su obra.
Bioy ha estudiado mitos clásicos revividos en la modernidad, aspectos paranormales de la vida y la psicología del amor.
Entre sus obras figuran las novelas: Plan de evasión (1945), El Sueño de los héroes(1954), Diario de la guerra del cerdo (1969), Dormir al sol (1973) y los libros de cuentos: El perjurio de la nieve (1944), La trama celeste (1948), Historia prodigiosa (1956), entre muchas otras.
Falleció el 8 de marzo de 1999 en Buenos Aires, a los 84 años, por problemas de salud derivados de su avanzada edad. La muerte le sobrevino en el sanatorio bonaerense Cemic, donde había estado ingresado durante la última semana.
.:Ver más sobre Adolfo Bioy Casares
 
.: Obras de Adolfo Bioy Casares
1929 Prólogo
1933 17 disparos contra lo porvenir
1936 La estatua casera
1937 Luis Greve, muerto
1940  La invención de Morel
1945 Plan de evasión
1948 La trama celeste
1954 El sueño de los héroes
1956 Historia prodigiosa
1959 Guirnalda con amores
1962 El lado de la sombra
1967 El gran serafín
1969 Diario de la guerra del cerdo
1973 Dormir al Sol
1978 El héroe de las mujeres
1985 La aventura de un fotógrafo en La Plata
1986 Historia desaforadas
1993 Un campeón desparejo
1996 En viaje (cartas a Silvina)
.:Ver más obras de Adolfo Bioy Casares
 
.: Premios otorgados a Adolfo Bioy Casares
1990   Cervantes
1994   Konex de Brillante
 
.: Textos para leer de Adolfo Bioy Casares
Capítulo I ()
El caso de los viejitos voladores (Cuento)
En memoria de Paulina (Cuento)
La trama celeste (Cuento)
Margarita o el poder de la farmacopea (Cuento)
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