Ir a la página de inicio de Escribirte
Portada | Biblioteca | Blogs | Foros | Suscripción | Contacto | Especiales | Canales RSS RSS
Autores Obras Textos Entrevistas Informes Audioteca
 Buscar en el sitio   
| Viernes 13 de diciembre de 2019
Escribí un comentario Enviá este artículo Votá este artículo
Texto al 100% Aumentar texto
Narrativa RSS Narrativa

Cartas a un joven poeta

Rainer María Rilke

París, a 17 de febrero de 1903

Muy distinguido señor:

Hace sólo pocos días que me alcanzó su carta, por cuya grande y afectuosa confianza quiero darle las gracias. Sabré apenas hacer algo más. No puedo entrar en minuciosas consideraciones sobre la índole de sus versos, porque me es del todo ajena cualquier intención de crítica. Y es que, para tomar contacto con una obra de arte, nada, en efecto, resulta menos acertado que el lenguaje crítico, en el cual todo se reduce siempre a unos equívocos más o menos felices.

Las cosas no son todas tan comprensibles ni tan fáciles de expresar como generalmente se nos quisiera hacer creer. La mayor parte de los acontecimientos son inexpresables; suceden dentro de un recinto que nunca holló palabra alguna. Y más inexpresables que cualquier otra cosa son las obras de arte: seres llenos de misterio, cuya vida, junto a la nuestra que pasa y muere, perdura.

Dicho esto, sólo queda por añadir que sus versos no tienen aún carácter propio, pero sí unos brotes quedos y recatados que despuntan ya, iniciando algo personal. Donde más claramente lo percibo es en el último poema: "Mi alma". Ahí hay algo propio que ansía manifestarse; anhelando cobrar voz y forma y melodía. Y en los bellos versos "A Leopardi" parece brotar cierta afinidad con ese hombre tan grande, tan solitario. Aun así, sus poemas no son todavía nada original, nada independiente. No lo es tampoco el último, ni el que dedica a Leopardi. La bondadosa carta que los acompaña no deja de explicarme algunas deficiencias que percibí al leer sus versos, sin que, con todo, pudiera señalarlas, dando a cada una el nombre que le corresponda.

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.

Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese camarín que guarda los tesoros del recuerdo? Vuelva su atención hacia ella. Intente hacer resurgir las inmersas sensaciones de ese vasto pasado. Así verá cómo su personalidad se afirma, cómo se ensancha su soledad convirtiéndose en penumbrosa morada, mientras discurre muy lejos el estrépito de los demás. Y si de este volverse hacia dentro, si de este sumergirse en su propio mundo, brotan luego unos versos, entonces ya no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos. Tampoco procurará que las revistas se interesen por sus trabajos. Pues verá en ellos su más preciada y natural riqueza: trozo y voz de su propia vida.

Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en este su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida. En su venero hallará la respuesta cuando se pregunte si debe crear. Acéptela tal como suene. Sin tratar de buscarle varias y sutiles interpretaciones. Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que pueda venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido.

Pero tal vez, aun después de haberse sumergido en sí mismo y en su soledad, tenga usted que renunciar a ser poeta. (Basta, como ya queda dicho, sentir que se podría seguir viviendo sin escribir, para no permitirse el intentarlo siquiera.) Mas, aun así, este recogimiento que yo le pido no habrá sido inútil : en todo caso, su vida encontrará de ahí en adelante caminos propios. Que éstos sean buenos, ricos, amplios, es lo que yo le deseo más de cuanto puedan expresar mis palabras.

¿Qué más he de decirle? Me parece que ya todo queda debidamente recalcado. Al fin y al cabo, yo sólo he querido aconsejarle que se desenvuelva y se forme al impulso de su propio desarrollo. Al cual, por cierto, no podría causarle perturbación más violenta que la que sufriría si usted se empeñase en mirar hacia fuera, esperando que del exterior llegue la respuesta a unas preguntas que sólo su más íntimo sentir, en la más callada de sus horas, acierte quizás a contestar.

Fue para mí una gran alegría el hallar en su carta el nombre del profesor Horacek. Sigo guardando a este amable sabio una profunda veneración y una gratitud que perdurará por muchos años. Hágame el favor de expresarle estos sentimientos míos. Es prueba de gran bondad el que aun se acuerde de mí, y yo lo sé apreciar.

Le devuelvo los adjuntos versos, que usted me confió tan amablemente. Una vez más le doy las gracias por la magnitud y la cordialidad de su confianza. Mediante esta respuesta sincera y concienzuda, he intentado hacerme digno de ella: al menos un poco más digno de cuanto, como extraño, lo soy en realidad.

Con todo afecto y simpatía,

Rainer Maria Rilke


Rainer María Rilke
()

Calificación:  Votar Aún no han votado este texto  -  Ingresá tu voto

Comentarios de nuestros lectores -  Escribí tu comentario
Aún no han escrito ningún comentario. Escribí el tuyo



Escuchá Radio De Tango
 
.: Sobre Rainer María Rilke
Rainer María Rilke Rainer María Rilke
Checo República Checa
1875 - 1926

Rilke nació en Praga, una de las ciudades más grandes y espléndidas de la Repúbila Checa. Al igual que Kafka, optó más tarde por la lengua alemana para su expresión literaria.
Su infancia fue difícil y traumática ya que su madre, obsesionada por la muerte prematura de su primera hija, lo obligó a vestirse de niña hasta los cinco años. Los estudios iniciales los cursó en uno de los mejores colegios del lugar y más tarde ingresó en una academia militar, obligado por su padre. Pero no pudo torcer el que debía ser su destino, así que la abandonó al poco tiempo para estudiar letras, filosofía y artes en las universidades de Praga, Munich y Berlín. En esa época escribe sus primeros libros de poesía. En 1899 viaja a Rusia, viaje que le inspira uno de sus más trabajosos -tardó más de diez años en terminarlo- y conocidos trabajos poéticos: Elegías de Duino. En este libro puede advertirse cierta inclinación de Rilke hacia el espiritismo, practicado por la princesa a quién está dedicado y por su círculo más próximo. Se dice que tenía ciertas experiencias visionarias que no dejaban de asombrarle. Consideraba -al modo platónico- que el poeta era un recipiente de voces más altas, de las que no excluía a la de Dios. Por otra parte, y curiosamente, a partir de una larga relación con una discípula de Freud, tuvo también un temprano conocimiento del psicoanálisis.
La leyenda de amor y muerte del alférez Christoph Rilke y Cuadernos de Malte Laurids Brigge atrajeron por fin la atención de la crítica, especialmente en Francia, donde Rilke había vivido y trabado amistad con Auguste Rodin y André Gide. Participó brevemente en la Primera Guerra Mundial y luego viajó por varios países mediterráneos -España entre ellos- para establecerse finalmente en Suiza. Allí publica Sonetos a Orfeo, para muchos ensayistas, la culminación de las elegías. Allí también murió Rilke, a los 51 años, tras padecer leucemia por largo tiempo.
El gran poeta checo -y universal- de habla germana escogió él mismo su epitafio, su último gran gesto poético:
Rosa, oh contradicción pura, placer,
ser el sueño de nadie bajo tantos
párpados.
.:Ver más sobre Rainer María Rilke
 
.: Obras de Rainer María Rilke
1894 Vida y canciones
1900 Historias del buen Dios
1902 Libro de las imágenes
1905 El libro de las horas
1907 Nuevos poemas (dos volúmenes)
1910 Los cadernos de Malte Laurids Brigge
1913 La vida de María
1922 Elegías de Duino
1923 Sonetos a Orfeo
 
.: Textos para leer de Rainer María Rilke
(sin título) (Poesía)
Cartas a un joven poeta (Carta)
La cuarta elegía (frag.) (Poesía)
Poema III (Poesía)

Canal RSS Blogs

A la buena de dios
BOLIVIA poema de Javier Peñoñori
Ciertamente
Desilusión
El juicio individual
JAVIER PEÑOÑORI 2a.presentaciòn Artista invitada: MIRIAM GARCÌA
Encandilado
para pensar
Un rio de sangre
ESTÁS AQUÍ, AQUÍ ESTOY YO
Entrá a los Blogs
Entrá a los Blogs

Canal RSS Guía de Servicios

Taller de Escritura Creativa

Canal RSS Foros

Sintiéndote y buscándote
Del agua y el ama
Pálpiti e pálpiti
Cannto íntimo de amparo
Hilo sangre-luz
Oda al aire
De la lid del corazón
Hacia el mar de cristal
Juramento
Mímesis del vuelo
Entrá a los foros
Entrá a los Foros

RSSCanales RSS
Ahora podés tener a Escribirte
en tu sitio web

Más información

Canal RSS Trivias

¿Cuál es la máxima obra poética de Juan Zorrilla de San Martín?
Tabaré
La leyenda patria
Notas de un himno
A

 Artes visuales

Suscribite

¡Suscribite a nuestro boletín!
Radio La Quebrada Radio de Tango Indexarte Escribirte OccidentesEscuchanos
Noticias | Efemérides | Novedades | Biografias | Textos | Audio | Recomendados | Entrevistas | Informes | Agenda | Concursos | Editoriales | Lugares | Actividades | Blogs | Letras de Tango I | Letras de Tango II | Contacto | Boletín
© 2006-2019- www.escribirte.com | Todos los derechos reservados   | Diseño Web | Canales RSSRSS